jueves, 31 de diciembre de 2009

Clichés de temporada

Ya es oficialmente el último día de este año, ya muchos están listos para darle la bienvenida al año nuevo con mil rituales para atraer salud, amor, dinero y todas esas cosas que creemos que el cosmos y la fortuna nos darán sólo por haber sobrevivido después de la ingesta criminal de uvas que nos dimos mientras corríamos con maletas en mano, tirábamos lentejas, prendíamos velas y barríamos nuestras casas envueltos en calzones rojos y amarillos en el último suspiro del año. Yo no.

Yo quiero que termine el día pero para poder descansar, la iniciativa privada no tiene tanto espíritu navideño como la burocracia, nosotros sólo tuvimos un puentecito para descansar y ahorita andamos literalmente corriendo para poder cerrar bien el mes. Noten que dije el mes, no el año; nosotros no sabemos ni en qué día vivimos, ni qué se festeja, sólo querermos dormir.

En mi casa tampoco hay mucho movimiento, las cosas se ven tal cual y bueno, con decirles que el estúpido árbol sólo nos sirvió para darnos más trabajo con el montón de ramitas secas que teníamos que barrer a cada rato, porque ni las luces hemos prendido. Eso sí, huele harto bonito a pino, pero eso no está en discusión.

¿Que si qué hay para cenar? Desconozco el menú en su totalidad, aunque yo sería feliz de llegar de trabajar, comer pizza y dormir. Para mi desgracia debo seguir todo el protocolo y cenar "bien" con la familia, brindar, dar abrazos, felicitaciones, buenos deseos y párale de contar. Puras formalidades, pues.

No soy de las que se pone propósitos para el nuevo año porque simple y sencillamente los olvido a los dos días, con suerte y los recuerdo todo Enero, pero en Febrero pierdo la memoria, la vergüenza y la voluntad de bajar esos kilos que tengo de más.

Clarísimo ejemplo de años pasados:

"Este año bajaré de peso"... me inscribo en el gym, compro pants, tennis, cereales de fibra, yogurths con acti-reguularis y a los pocos días me acuerdo que estaba a dieta justo cuando me estoy comiendo una mega rebanada de ese pastel tan lleno de chantilly y todas esas azúcares engordadoramente dulces. "Pero... es mi cumpleaños, sólo esta rebanada y dejo de comer lo que resta del mes"; pero como todos mis amigos no comen pastel por estar "brindando a mi salú", queda todo y, ¿qué pasa? pues que sí como lo que resta del mes y aparte de todo, me la paso manoseando el pastel que quedó y para cuando este se acaba, yo ya me olvidé de la dieta, el cereal, el yogurth y los dos litros de agua que, se supone, debo tomar diario.

Ahora que ya saben porqué no hago propósitos de año nuevo, sé que me comprenderán.

¿Rituales? Dah. Tampoco soy fan de hacer nada de lo que ya mencioné, para empezar porque no creo y considero que es algo innecesario que, al realizarlo, me quita tiempo: comer uvas, barrer la casa, salir a pasear maletas vacías y prender velas e inciensos equivale -en tiempo- a, mínimo, un par de shots de delicioso tequila.

Este año pretendo dejarme encontrar por el amor y definitivamente para eso no necesito calzones rojos, si acaso amarillos para tener harto dinero y, entonces, poder comprar todo el amor que quiera. Sólo por eso, esta noche me pondré calzones morados.

Dicen los crédulos que el 2010 será un buen año y, como yo soy una crédula de lo peor, confío en que este año no me equivocaré de universo y todo me saldrá bien, aparte pretendo hacer las pases con el karma para que deje de joderme la existencia.

Lo de los calzones amarillos es una buena idea, btw.
¿Ven?, empiezo el año con grandes visiones empresariales: hacer dinero y comprar amor. Yay.


¡Feliz cambio de almanaque! (:
Nos leemos el próximo año.

martes, 29 de diciembre de 2009

Doce meses en cinco minutos

El 2009 me ha dejado muchas cosas buenas y malas, personas y experiencias. A lo largo de este año aprendí mucho más de lo que llegué a aprender durante los últimos cinco. Fue un año difícil, me ahogué en vasos de agua, perdí hasta lo que no sabía que tenía y gané mucho más de lo que jamás imaginé. Lloré como nunca, pero no fue para siempre. Aprendí a valorar a las personas, a decirles adiós; aprendí que los cambios son básicos, que no podemos vivir siempre en el mismo lugar ni bajo las mismas reglas. Hubo momentos en los que me sentí muerta, pero para fortuna de muchos y desgracia de otros tantos, sigo viva. Aprendí que el dolor es opcional y, sobre todo, por fin le pude asignar un significado: mientras duela, es señal de que estamos vivos y mientras estemos vivos, podemos mejorar.

Mes con mes, semana tras semana, día a día conocí, experimenté y aprendí. Y es así, mes con mes, que comparto con ustedes todo lo que resumí en el primer párrafo.

Enero. Comprendí que un cumpleaños no necesita mas que un canta bar, buenos amigos, una cámara fotográfica y harto tequila.

También aprendí que los vuelos matutinos tienen más turbulencia que los nocturnos, pero no me importó porque ya estaba de regreso en casa. Jamás vi tan hermoso mi rancho como aquel siete de Enero. Fui tan feliz.

Febrero. Un catorce de febrero no se compone de chocolates, tarjetas, globos, animalejos de peluche ni moteles. Un catorce de febrero es sólo un día, más comercial que los demás pero un día más a final de cuentas.

Aparte, febrero es un buen mes para iniciar bitácoras en línea. ¡Qué rápido pasó el tiempo!

Marzo. Fue en realidad un mes como cualquiera, con sus momentos buenos y malos, yo estaba más enamorada que nunca y me sentía plena en todos los sentidos. Sentía que la fortuna me sonreía a diente pelado y que nada podía ser más perfecto.

Abril. Mes de cumpleaños, mes de fiestas, mes de compromisos informales. Ya me veía en el altar –o al menos en un juzgado- firmando el papel que faltaba para poder compartir mi vida junto a ese hombre que creía el adecuado.

Mayo. Este mes en realidad fue el parte aguas del 2009. Empecé el mes estrenando soltería, di un salto enorme y difícil: salir de mi burbuja rosa al mundo real en verdad me destrozó.

Aprendí que nada es para siempre, que nadie tiene garantizada la felicidad a corto o largo plazo y que, hoy en día, los “te amo” están sobrevaluados y por demás gastados.

Este mes también me dio la oportunidad de conocer a alguien que de alguna manera marcaría mi vida.

¿La mejor manera de terminar un mes que inició pésimo? Con el cumpleaños de la que hasta ahora sigue ocupando el puesto de mi mejor amiga.

Junio. Comprendí que un corazón roto dura tanto y como uno lo desea, y que corta tan profundamente como se le deje continuar. Me di cuenta que para sanarlo es necesario aprender. Aprender a levantarse, sacudirse y seguir caminando tan lejos como queramos.

Julio. Aprendí a conocer realmente a las personas, a no juzgar un libro por su portada y a valorar lo que cada uno lleva dentro. Aprendí que se conoce mejor a quienes nos rodean con un par de tazas de café que con un par de vasos con líquidos de colores y alcohol.

Agosto. Este mes el destino me dio la oportunidad de conocer a otra persona con la que compartí cosas. Creía que la distancia era cuestión de perspectiva, pero él me enseñó que también duele y que se puede llegar a odiar tanto como odio las aceitunas.

Septiembre. Lo único traumático y relevante de este patriótico mes fue el show de camisetas mojadas involuntario que el clima traicionero y mi pésimo gusto por la “moda” me obligaron a hacer en plena vía pública.

Octubre. Es el mes que más odio por diversas razones, nunca lo externé con ustedes pero así es. Me ha dejado mucos sin sabores, pero este año el universo hizo una excepción y fui muy feliz, o al menos más que otros meses.

Aprendí que cuando se compra por Internet, se debe uno cerciorar que en efecto sea el producto deseado, aunque al final aprendí que en realidad es la intención lo que cuenta.

Muchos cumpleaños, muchos regalos, mucho alcohol. Ah sí, también hubo radicales y favorecedores cambios laborales.

Noviembre. Valoré pequeños momentos y amé las kilométricas llamadas telefónicas noctámbulas aunque, sin duda alguna, Telcel y don Slim nos amaron aún más.

Diciembre. Precisamente este mes me dio todo en cantidades industriales: experiencia y trabajo, sobre todo trabajo, pero como nadie quiere leer lo aburrido de mi rutina, les diré una sola cosa: Aprendí que nunca se debe tocar una vida si se pretende romper un corazón. De verdad no fue mi intención, sólo fui cobarde.

Y así, queridos lectores, aprendí chorromil cosas, unas más, unas menos, otras ya las sabía pero este año en especial terminé de comprenderlas, el caso es que aprendí y eso es algo que se queda conmigo y me ayuda a continuar y sobre todo a ser una mejor persona. O al menos eso pretendo.

Definitivamente me siento orgullosa de mí por todo lo que no he hecho y por todo lo que no haré ni en esta ni en mi próxima vida, pero también por lo que tengo pensado hacer y por lo que simplemente ya hice.

Nota al margen. ¿Han notado que quiero terminar bien el año? Me estoy reivindicando por todo lo que no escribí en Noviembre y Diciembre. Awww.

lunes, 28 de diciembre de 2009

Positivo

Desde hace días tenía la curiosidad de hacerles saber un par de cosas que me suceden últimamente, incluso podría decir que es la razón más real por la cual no he escrito mucho en este espacio, supongo que me deprime saber qué podrían pensar y/o decir de mí.

Como ya saben soy medio soltera desde hace ya algunos meses atrás, lo que no saben es que el término “medio” se debe a que estoy saliendo con alguien que, como dice la canción, es el hombre casi perfecto, ¿por qué? Pues porque tiene un pequeño, dorado y brillante defecto en el dedo anular de su mano izquierda. Sí, es un hombrecito casado, con todo el compromiso que esto conlleva, como él mismo me lo dijo: me casé enamoradísimo y por todas las leyes.

Tiene una chiquilla de siete años y supongo que por ella es que al principio me negué a entrometerme en su vida, pero la carne es débil y la soledad a veces nos traiciona, así que después de algunos meses me convenció. La relación que llevamos es totalmente libre, después de todo él no tiene ningún derecho a cuestionar mi vida ni yo la de él, porque así aceptamos estar desde un principio.

Todo estaba bien, de hecho podría decir que éramos muy felices, no nos preocupábamos en lo más mínimo por el qué dirán, se mezcló con mis amistades, yo con las de él y ahora es como si su familia no existiera, no niego que a veces siento un poco de culpa porque soy lo que siempre critiqué: la amante, aunque cuando estoy con él, me olvido de los prejuicios y sólo disfruto.

Una vez, una amiga me preguntó qué pasaría si de este affair saliera un bichito, de esos que comen, hacen pipí, popó, lloran, visten, calzan, se enferman, etcétera, recuerdo perfectamente que le dije: no seas extremista, obvio eso no pasará porque nos cuidamos.

Y sí, siempre creí que nunca nos pasaría pero el mes pasado mi periodo no llegó. Es un retraso, pensé; sin embargo el retraso sigue y seguirá al menos durante los próximos ocho meses. O al menos eso es lo que me indicó la prueba de embarazo que me hice o ¿ustedes qué opinan?


Se ven lindísimas las dos líneas rositas, eso que ni qué.

Hoy por la mañana se lo hice saber al susodicho y lo más sorprendente de todo fue su reacción, fue una especie de remolino de emociones: nervios, enojo, miedo, más nervios, dudas, cuestionamientos… muchos ¿por qué? y muchos ¿qué vamos a hacer? Yo sólo lo veía en silencio y en verdad tenía la angustia de que cuestionara la paternidad que acababa de adquirir y no precisamente con la dueña oficial de sus quincenas.

Después de haber hablado alrededor de un par de horas, llegamos a la conclusión de que si juntos lo hicimos, juntos lo debíamos resolver, y fue así como asistimos a un laboratorio para cerciorarnos de que estuviera bien embarazada y que no se tratara de una noticia falsa más del día de los santos inocentes, como la que ustedes acaban de leer.

No pude controlarme, juro que lo intenté pero no pude, mis queridas e inocentes palomitas.

domingo, 27 de diciembre de 2009

Época de engordar

Y quien no haya subido al menos un kilo, es de otro planeta.

Estas fechas nunca me habían causado el menor problema, ya que por lo general no pruebo mucho del menú decembrino. Los buñuelos de provocan nauseas, el ponche me inspira todo menos antojo o gusto, el menudo me provoca aún más nauseas que los buñuelos, y el pavo me da más nauseas que los buñuelos y el menudo juntos; del bacalao ni hablar, los romeritos y yo no nos llevamos bien, y así podría seguir con mi fastidiosa y larga lista de cosas que no como porque no me gusta ni cómo saben, ni cómo huelen, ni cómo se ven.

A diferencia de años pasados, este año estuve muy condescendiente con ciertos antojitos: a la oficina llevaron buñuelos y comí, en la posada de mi trabajo hubo de todo y comí todo lo que cruzó por mi camino. La noche del veinticuatro cené en mi casa, volví a cenar en casa de una amiga y nos quedamos ahí botaneando todo lo que nos ofreció: cremas, panecillos y toda clase de botanas enharinadas que ahora descansan tranquilamente en mis caderas. De los recalentados ni hablar.

Lo preocupante de esta situación es que como han sido días de descanso laboral -¡Yay!-, si no estoy comiendo o de fiesta, estoy acostada viendo televisión o escribiendo en el bló, y por lo tanto esas grasas y harinas de las que he llenado mi cuerpo están ahí estancadas convirtiéndome en una voluptuosa mujer.

Y bueno, queridos lectores, esa es la truculenta y entrecortada historia de los tres kilos que he subido este último mes.

Y pensar que aún faltan las fiestas de fin de año. Snif.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Hoy, en intercambio de ideas: Ely

Este es el último festival Swinger del año. Participé en seis y conocí mucha gente, me divertí como enana y me estresé como nunca, fue un buen año y en definitiva este festival fue una muy buena experiencia.

En este último festival me tocó recibir -con muchísimo gusto- a Elizabeth B., mejor conocida en los bajos suburbios de la blogósfera como Ely, la chica que comparte sus delirios con todos nosotros entre sueños, estrellas y café.

Sin más preámbulo les dejo la historia que ella escribió en esta ocasión para todos nosotros, definitivamente es el primer post adhoc con estas fechas tan decembrinas.

...
Por Ely

Coscomatepec es un pueblo a las faldas del pico de Orizaba, cerca de Córdoba, Ver., las calles son empedradas, y muy empinadas, son subidas y bajadas, no cuenta con autobuses porque la mayoría de la gente camina para ir a algún lugar, no es un pueblo muy pequeño pero tampoco demasiado grande. En una ocasión me contó una amiga que pusieron un carro de pasaje que recorría el pueblo pero lo quitaron porque nadie se subía.

Mi abuelito vive en una de las últimas calles de la ciudad al final de una curva, ya casi llegando a un cerro, ahí esta su casa en lo alto, desde su balcón se puede ver el imponente volcán, que en época de invierno se viste de blanco su punta debido al hielo que tiene. Y que contrasta con todo el paisaje de color verde de los cerros a su alrededor.

La casa de mi abuelito (Don Adolfo) es una casa humilde y sencilla, de dos piezas, la pieza mas grande, hasta hace unos años, tenía paredes de madera, ahora es de material y con piso de cemento; antes era de tierra y con los muebles necesarios: comedor, camas y roperos, la cocina es un cuartito mas pequeño y todavía de madera y piso de tierra, con una pared llena de jarritos de todos tamaños, una estufa, un comedor pequeño con unas sillitas que me gustaban cuando era niña porque eran de mi tamaño, y siempre con una olla de café caliente en la lumbre. El baño todavía esta en el patio como se usaba antes. Y al final un corral, como le dicen por allá, con palos de aguacate, durazno y una que otra gallina.

Desde que yo recuerdo, para mí la Navidad siempre fue familia, amigos, festejos, comida, música, bullicio de la gente, cohetes, luces de bengala, cerillitos, buscapiés, palomas, ramas, viejo, pero una Navidad en especial, a mi papá se le ocurrió que pasáramos Navidad con mi abuelito (papá de mi mamá), porque nunca habíamos pasado una Navidad con él y quería que hiciéramos algo diferente ese año. De entrada mi mamá se sorprendió y le dijo que en esas fechas en Coscomatepec, donde vive mi abuelito, hace mucho frío. Mis hermanos no estuvieron muy de acuerdo pero dijeron que irían a pasar noche buena, navidad y se regresarían y bueno, yo estaba contenta y emocionada. Bueno pues nos fuimos a pasar Navidad a Cosco, mis hermanos se fueron primero y mi mamá y yo después con mi papá.

Y me di cuenta de algo, ¡¡¡efectivamente hacia mucho frio!!!! :S más del que estaba acostumbrada a sentir en Diciembre en el puerto, y otra que ahí la Navidad no se celebraba para nada igual, porque por lo mismo del frio la gente se la pasa encerrada en sus casas, no se oía música o alboroto por bailes ni nada de eso, si acaso a lo lejos uno que otro cuete.

Entonces ese veinticuatro mi mamá junto con sus hermanas, osease mis tías, organizaron todo y prepararon todo lo de la cena y hasta hojuelas comimos, esas que prepara mi mamá bien ricas con miel de caña o azúcar espolvoreada, pues cenamos, mi papá se tomo unas cervezas con mi abuelito pero a temperatura ambiente que era casi lo mismo que si estuvieran frías, pero por lo mismo del frío no se les antojaba mucho. Yo me la pase muy divertida con toda la bola de primos que tengo allá y que la mayoría eran de mi edad, algunos tías no fueron porque cenaban en casa de la familia de sus esposos otras tenían que ir a misa, ah porque es un pueblo muy católico, pero al siguiente día todos nos reunimos y la pasamos muy a gusto.

Para mí fue una Navidad muy bonita, una forma de festejarla diferente, en otro lugar, con la familia de mi mamá (porque regularmente la festejábamos desde que recuerdo con la familia de mi papá en Veracruz), con mi abuelito, sintiendo ese clima frío y rico. Porque siempre cada año íbamos en verano cuando salía de la escuela y mi papá pedía vacaciones, y el clima era muy agradable no se sentía ni frío ni calor. Pero nunca una Navidad hasta ese entonces…

...
Ely, muy bonita historia. No cabe duda que no hay nada mejor que pasar una verdadera noche buena con esas personas que no vemos con tanta frecuencia.

Esperamos que les haya gustado la historia de nuestra compañera, ahora pueden pasar -en orden y sin hacer bullicio- al borolesco blog de la Señorita Matadamas a leer mi aportación ;)

jueves, 17 de diciembre de 2009

El fantasma de mi ex

... que es algo así como el fantasma de las navidades pasadas región cuatro.

Pues bien, el detestable chaparrito volvió y no precisamente en forma de fichas. Les platico: días atrás aparecían misteriosas llamadas "perdidas" en la pantallita de mi celular, llamadas que provenían de un número que no tengo registrado pero que, por obvias razones y forzadas circunstancias, me aprendí de memoria.

Cuando le llamo a alguien y no me contesta no pienso que es porque noseledasuchingadagana. No, mi lado optimista me susurra al oído: Seguramente no escuchó, mándale un sms, esos no fallan ;) Y apuesto una de mis uñas acrílicas a que eso mismo creyó él, así que los mensajitos no se hicieron esperar, en cambio de mi parte no le respondí uno solo y apuesto a que él tampoco esperaba eso. Qué de lo peor soy.

Un buen día -léase ayer- que no tenía nada mejor qué hacer -por aquello de que mi tiempo libre va en ascenso, sarcásticamente hablando- le contesté una de sus llamadas y me dijo que quería hablar conmigo, que sentía que algo me debía y que quería saber qué era, entónces como suelo ser una persona sumamente condescendiente con los demás, sobre todo con aquellos a los que su sucia conciencia no deja en paz, le dije: Awww, ternurita... pero tú invitas la cena. Y aceptó.

Llegó a mi casa, decentemente me abrió la puerta de su auto y empezó a manejar sin rumbo, todo comenzó como debió ser, con un silencio sumamente incómodo hasta que rompió el hielo una llamada. Su celular empezó a emitir el odioso timbre predeterminado de Telcel y en la pantallita apareció el nombre de ella, su novia. Sin miedo a que yo no guardara silencio, contestó y entónces la malicia invadió mi cuerpo y fue inevitable que de mí saliera un suspiro nada silencioso, el cual dejé a medias cuando casi me saca los ojos con su mirada. Después de una corta mentira explicación de por qué no había ido a visitarla y de un par de frases ridículamente melosas como "yo también te amo", colgó.

- Perdóname pero si no lo digo, exploto: ¡Cuánto amor!, le dije en tono de burla.

- A veces las cosas no son lo que parecen, respondió.

- Lo sé, ¿tú qué me vas a venir a contar a mí? siempre supe que eras bueno en el arte de mentir-, contesté -... pero jamás pensé que tanto, susurré mientras dejaba mis dientes al descubierto con una gran y sarcástica sonrisa.

- Touché, finalizó resignado presumiendo el buen oído que tiene.

Ese fue un buen parte aguas, digo, la velada fue antes y después de esa llamada. Me gustó el después, no fue en realidad tan malo, pero hubo momentos en los que extrañé el antes.

Se estacionó en un conocido mirador de la ciudad y hablamos de muchas cosas, después de meses sin vernos ni siquiera por error creo que teníamos mucho de qué hablar, me dio muchísimo gusto saber que está bien y supongo que a él también le dio gusto saber que yo me encontraba en un momento por demás estable en mi vida. No tocamos temas "incómodos" al principio, pero después fue inevitable hacerlo. Y fue entónces cuando aprendí a valorar el silencio.

Nos dijimos muchas cosas que de cierta manera aún no estaban del todo superadas, fue como si le hubiera echado un puño de sal a la herida y dolió. A él también le dolió, pude verlo en sus ojos y sentirlo en sus palabras. Ahora estoy segura de que las cosas pasan por algo y definitivamente el hablar con él era la etapa que me faltaba para mandar al archivo muerto ese capítulo en mi vida.

Revivimos experiencias, nos reímos de las cosas que hacíamos juntos, de las cosas tan estúpidas que nos hacían reir, de aquellos viajes express que tanto había extrañado, de las cosas tan insignificantes que nos llegaron a hacer muy felices, de las veces que peleamos sin razón aparente y al final me dijo:

- No puedo evitar sentir nostalgia, ayer precisamente hub...

Entonces lo interrumpí:

- Sí, sé qué día hubiera sido ayer, pero no arruines más las cosas con cursilerías, aparte el hubiera no existe...

Nos miramos en silencio un par de minutos y por inercia -o necesidad- nos dimos un abrazo fuerte para proseguir a subirnos al auto y entonces me trajo de regreso a casa.

Pudiera leerse tonto, pero hablar con él me causó paz y tranquilidad, esa paz y esa tranquilidad de la cual había carecido meses atrás. Pude perdonar completa y sinceramente muchas cosas que aún guardaba con rencor en mi corazoncito y, por primera vez desde hacía bastante tiempo, pude dormir como bebé.

Quizá me cueste regaños este post pero no me importa, sentía la kilométrica necesidad de terminar bien el año, aparte... si seguía portándome grosera con él, seguro que Santa se olvidaba de mí.

Por cierto, y para no perder la costumbre, me engañó vilmente: sólo me compró un café y el trato era una rica y engordadora cena. Snif.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Un post reciclado

Hoy, hace un año, en uno de esos momentos difíciles por los que solemos pasar algunos que decimos llamarnos "humanos", escribí un post que fue publicado en un blog que tenía pero que por motivos de seguridad nacional cerré.

En uno de los festivales swinger en los que participé decidí compartirlo con muchos de ustedes, que quizás ya lo leyeron, quizás no.

Hoy me siento exactamente como hace un año, y hoy precisamente buscando unos documentos me topé con el texto, pues bien, creo que ahora me toca publicarlo aquí. Es un post que reciclaré por segunda -y última- ocasión. En lo personal, considero que es por mucho, el texto al que más aprecio le tengo y con el que de cierta manera, mejor me identifico. ¿La razón? la desconozco.


Con leche y dos de azúcar

Uno de mis vicios es el café, por lo tanto amo la época invernal en la que el café nunca esta de más, y con tanto frío y nostalgia es mas primordial que nunca.

Mi favorito es el que hago yo misma en casa, y como ya dije, me gusta con leche y dos de azúcar. Azúcar para cuando necesito endulzar un poco mi vida y leche para recordar que por muy oscuro y turbio que todo se vea, siempre hay algo que hace todo mas claro, y por supuesto delicioso.

Tenía aproximadamente dos semanas que no probaba un solo trago de café, y lo había necesitado como una loca, especialmente porque esta última semana no ha resultado se la mas grata del mes. Momento, que digo del mes, del año. Sí, yo sé que todo el tiempo que he escrito he mencionado días muy malos, pero se quedan en eso, días malos, no semanas, seis días hacen la diferencia y, es que deshacerme del nudo que tengo atravesado en el pecho no es tan fácil, si así fuera, creo que ahorita estaría escribiendo algo sobre el amor eterno, o mínimo la lista del super…

Como sea, estábamos hablando de café y nudos en el pecho, que en realidad no tienen relación alguna, pero me gusta filosofar sobre el amor y lo mucho que puede llegar a apestar, todo acompañado de una deliciosa taza de café...

Hace ya tiempo, platicando con mi madre, quien se da cuenta de todo lo que me sucede con solo mirarme a los ojos, me dijo que me notaba muy rara: -¿yo rara? ¡Qué tontería! Eso hubiera dicho si como ya lo he mencionado, mi mamá no fuera mitad bruja. Salieron a conversación muchas cosas: mis planes a futuro como la carrera soñada, el trabajo ideal, el amor de mi vida, la boda espectacular, los hijos bien portados, la boda de mis hijos, mi divorcio y mi muerte. Sí, así de exageradas son nuestras platicas de madre a hija.

Hablé de todo aquello que me agobia, que me preocupa y no me deja dormir, porque ella es la persona más objetiva que conozco, la única que es capaz de decirme las cosas tal cual, sin miedo a lastimarme, porque sabe de antemano que si lo hiciera, también tendría las palabras indicadas para hacerme sentir mejor, y afortunadamente tiene dos brazos acogedores que siempre están dispuestos a apapacharme.

Me preguntó cómo me visualizo en diez años, le contesté que me veo siendo una persona exitosa, satisfecha, muy enamorada y muy feliz, porque aunque lo niegue mil veces, aún creo en el amor y en la felicidad: ¡Quiero tener 3 hijos, y quiero que se sientan orgullosos de tenerme como madre!

Es tonto, pero a mis 22 años creo en los cuentos de hadas, sobre todo en el "...y vivieron felices para siempre!", desde que tengo uso de razón esa es una de las frases que mas resuenan en mi cabeza y cada que lo digo en voz baja sonrío, porque me satisface imaginar que yo tendré mi propio final feliz, que estaré a mis 80 años con un viejito cascarrabias a mi lado haciéndome renegar, haciéndome reír, haciéndome llorar, haciéndome simplemente feliz con un recuerdo vano, y uno que otro inventado; juntos malcriar a los nietos y darles cereal en lugar de brócoli, jugos en lugar de yogurt con avena, juguetes en lugar de ropa y pasteles en lugar de regaños...

Si me preguntan ahorita, aún no quiero morir. No sin hacer parte de lo que mencione, y otras cosas que me guardaré, porque ésta que escribe está compuesta de dosis obscenas de egoísmo mal sano, y nunca esta de más guardar un poquito de misterio para con los demás.

Todo eso platico con ella, mi mejor amiga, mi alma gemela, mi otro yo: mi mamá. Todo eso es lo que desata una taza de café entre ella y yo.

Y si, pienso que mientras exista el café, lo compararé con mi vida: me quemaré la lengua algunas veces y dolerá, entonces siempre tendré presente que hay momentos en los cuales es mejor esperar; daré tragos amargos otros días, y después de eso no olvidare jamás que siempre hay manera de endulzarnos la vida y, el día que este sentada en el pórtico de mi casa, junto a ese viejito cascarrabias que mencione tomando una reconfortante taza de café, recordaré este post y entonces sonreiré otra vez llena de satisfacción, porque entonces sabre que fui una persona lo suficientemente buena y obtuve como recompensa el tan soñado "... y vivieron felices para siempre".