viernes, 24 de diciembre de 2010

Este es un post corto lleno de buenos deseos y un poquitín de ocio

Mientras espero que lleguen Ed y Santa a mi casita, vengo a desearles una muy feliz navidad a todos, hoy no hay tarjetita porque el tiempo nomás no me alcanzó, pero mi presencia aquí está. Difrútenla.

Mañana (pasado o cuando Ed me suelte) vengo a presumirles lo que me amaneció debajo del arbolito, espero que este año no me toque desenvolver sólo tamales :/

Y como hoy ando de buenas, les mando mis mejores deseos, besitos y abrazos navideños a todos (:

Oh, oh... alguien toca a mi puerta :O


Cambio y fuera.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Post digno de un status de Facebook

Ya recordé que es lo que odio del frío de Diciembre: Labios resecos. ¡Argh!
...y aunque no lo crean, ya empiezo a extrañar los besos ensalivados de Ed ):

lunes, 13 de diciembre de 2010

Post pre-navideño

A casi un mes de mi última visita por aquí, hoy vengo a confesarles una cosa. Una cosa simple, sencilla y que seguramente muchos ya sabían, y esa cosa simple, sencilla y que seguramente ya muchos sabían es que amo Diciembre con todo mi rojo corazoncito, y aclaro, nada tiene que ver con sus posadas, ni con la navidad, ni esas cosas capitalistas. Bueno, con la navidad sí tiene algo que ver, pero en cantidad de "poquito". Diciembre es mi mes favorito porque me ofrece algo que los otros meses no: un clima tan frío, pero tan sabrosón, que sólo provoca ganas de estar todo el día tirada en la cama, con una tacita humeante de café (o chocolate, por aquello de la gastritis. ¡Argh!) y una agradable compañía. Desgraciadamente este año gozo de múltiples y desgastantes ocupaciones que no me lo permiten del todo, pero cuando se puede, no hay cosa que disfrute más que estar en mi camita abrazada de Ed.

Este año, particularmente, el frío nos llegó de repente (al menos en la graaaaan metrópoli en la que vivo), de un día para otro se soltó un viento que, de no ser por mis kilitos de más, ya me hubiera llevado a la tierra de Oz junto a Dorothy. Juro que no exagero. Desde muy temprano ya se ve a todo mundo con sus ropas abrigadoras, puertas y ventanas cerradas y, en lo personal, es muy difícil que me hagan salir de mi casa después de las nueve de la noche, al menos entre semana. El finde es el finde y eso no está a discusión ni a disposición del clima.

Sinceramente, este año se me fue rapidísimo, y es algo que me da mucho gusto porque a pesar de eso, lo supe aprovechar muy bien y no me fue tan mal como creía, digamos que se portó bastante decente el 2010 conmigo, y cómo no, si con el 2009 me bastó (y hasta sobró) para aprender a no hacer enojar al señor karma ni a sus amigos los chacras. Me emociona la llegada de Diciembre porque es señal de que el nuevo año se acerca a toda prisa, sin pausas y con nuevas cosas, y eso por alguna extraña razón me pone mucho muy feliz. Y yo sé que ustedes saben que Ed es gran parte de esa "extraña razón". Hablando de él, creo que justo en este punto de nuestra relación, puedo decirles que me encuentro muy feliz y, aunque no lo grite a los cuatro vientos, me siento muy enamorada, así como alguna vez yo escribí y ustedes leyeron que no lo estaría nunca jamás. Ah, pues mentí.

Por otro lado, ya quiero ver qué me traerá este año don Claus, porque aunque usted no lo crea, me he portado muy bien y no he hecho tantos berrinches como antes, aparte ya soy buena onda con mi amigo el chaparro y ya no le digo cosas feas de su novia rara y sangrona (aunque sean ciertas). Ya no soy grosera con el novio de mi hermana y tampoco con ella. Soy más tolerante con las personas que sufren de diversos trastornos emocionales y mentales, por fin comprendí que la gran mayoría de las personas que me provocaban dolores de cabeza gracias a sus recurrentes estupideces, son personas que sólo poseen una neurona y que esta, a su vez, es motora. Eso explica muchas cosas, al menos por el momento. Eso y muchas cosas más, ameritan un buen regalo navideño.

Hablando de navidades, este año Ed y yo pusimos el árbol, quedó muy padre porque entre los dos preparamos todo, nos olvidamos de las esferas típicas, apáticas y frías de cada año, e hicimos unas estrellas muy padres a base de reciclaje, diamantina dorada y morada y, a pesar de que este año la crisis y el tiempo no nos permitieron ir y comprar uno natural, el que teníamos guardado se prestó bastante bien para la idea que teníamos y quedó navideñamente adorable. Sólo falta el aroma a pino en mi casa, pero de eso se encargan el líquido para pisos y mi mamá. Yay.

En fin, espero que estas fechas que vienen sean muy bonitas para todos, que se diviertan en todas las posadas que se crucen por sus caminos y espero andar por acá antes de que termine el año, mínimo para dejarles mi lista de cosas que espero no hacer el año que viene. Por hoy sólo me queda decirles que mis mejores días venían todos juntos en la segunda mitad del año, y que eso me dio mucho gusto, porque supe cómo disfrutarlos al máximo, y sobre todo valorarlos.
¡Nos leemos pronto! Lo prometo.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Post anti-records

Y así como llegó, se fue. Caray, nunca pensé que Octubre fuera a tomar algún día su curso normal: llegar, transcurrir e irse a guardar a un oscuro, escondido y mohoso rincón del universo hasta ser llamado para su próxima aparición, así sin sorpresas desagradables ni nada por el estilo. Afortunadamente, este año así fue. Las Golondrinas para Octubre, por favor. Gracias.

Y bien, así como decimos “hasta el próximo año, señor de las lunas hermosas”, le decimos “hola” a Noviembre, mes que, a decir verdad, siempre pasa desapercibido. O pasaba.

(Ya merito entramos en materia, queridos lectores, no se desesperen, que hoy sí tengo algo que contarles)

Deben conocer el famoso libro de los Records Mundiales Guiness, ¿cierto? Ah, pues (vergonzosamente) les comentó que mi rancho, la metrópoli del mundo entero, se ha unido a él. Oh sí, y ha sido por armar, cocinar, hacer, etc, el burrito de machaca de pescado (¡iuk!) más grande, manoseado y mosqueado del mundo. Aplausos, por favor.

Sinceramente, es algo que a mí no me llama la atención del todo, no me emociona, no me atrae, pues. En Facebook fui catalogada de amarga y sangrona por decir que yo ni regalado me comería un trozo de ese burro, soy muy pinche fastidiosa con la comida, sobre todo con la comida que pasó por las manos de más de dos mil personas, y en lo personal sigo pensando que la higiene utilizada en su creación fue de dudosa procedencia.

Con estos calores y todo mundo metiéndole mano sudada a la tortillota de harina que, por cierto, sólo vi en fotografías, no resulta muy apetecible que digamos. Según me comentó una fuente (hasta ese entonces) confiable, la higiene fue sumamente controlada, pero después de ver un vídeo en el que muchas personas involucradas en el magno evento edición "Bicentenario" (porque este año todo evento debe ser etiquetado con ese nombre o no somos patriotas) no usaron guantes ni cubre bocas, confirmé que, como ya lo había expresado horas antes, la higiene dejaba mucho que desear.

Acá entre nos, ya entrados en confianza, les platico que yo sí quería ir a ver al mundo de gente come y come gérmenes con sabor a pescado, chile, cebolla y harina (al chisme, pues), pero mis múltiples deberes de novia consiente no me lo permitieron. Ed, ha tenido mucho trabajo (lo cual equivale a muchísimo más cansancio) y, a decir verdad, nunca me han gustado las aglomeraciones.

Ahora espero con ansías locas que amanezca para ver en las noticias cuántas personas sufren de diversas enfermedades estomacales, y no, no es porque sea yo una mala persona y lo desee con todo mi corazoncito, es sólo que quiero ver en qué terminó la inversión de 4 mil libras esterlinas (si el conversor de monedas no me falla, es un equivalente a $79,188.80 pesos) por traer a vacacionar a un juez desde Gran Bretaña para al final sólo poner una fotografía, fecha y nombre en una hoja más del famoso libro.

Definitivamente hoy fui la persona menos paceña que habita en este pequeño rancho bicicletero, pero eso sí, ahora "mundialmente reconocido", por no haberme entusiasmado con semejante evento, pero el día que yo tenga una idea mundialmente bizarra y muchas ganas de darla a conocer, dejaré de ser tan amargada. Lo prometo.

Pensándolo bien, personalmente Noviembre sigue siendo un mes más. Whatever.

martes, 12 de octubre de 2010

De fotografías y desastres capilares

¡Pero qué tristeza, caray! Resulta que me encontré unas fotografías que tienen aproximadamente tres años, lo cual, si las matemáticas no nos fallan, son de cuando yo tenía veinte añitos. A veces no lo notamos, pero cómo cambiamos, así sin darnos cuenta ya subimos o bajamos algunos kilos (en mi caso, subí un par –cof, cof!-), cambiamos nuestro cabello (extraño mi cabello largo, negro y sin peinar), cambian nuestras expresiones (juro que hace tres años todavía se me veía inocencia en mis ojitos) y bueno, así podría estar todo el día diciendo lo mucho que he cambiado físicamente.

Me he encontrado con gente que no veía hace meses, o incluso años, y juran que me veo igualita, algunos más venenosos y osados se han atrevido a decirme “pero qué gordita estás”, gesto que agradezco amablemente con una sonrisa y una pintada de dedo mental. Es de muy mal gusto que le recuerden a uno la existencia de las dietas, lo digo enserio.

Hace tres años no tenía ojeras, o al menos sabía cómo disimularlas mejor que ahora. No tenía tanto cachete como hoy, mis pómulos eran como dos manzanas pequeñas, ahora son un par de grandes, sabrosas y jugosas manzanas. Ya entiendo el afán de Ed por morder mis mejillas. Momento, la acosadora que muerde las mejillas de Ed soy yo, ¡Oh-pol-Dios!

Hace tres años tenía el cabello tan largo como quería, justo como para no peinarlo y nadie me decía nada, a excepción de mi madre, que siempre anda detrás de mí con un peine.

Hablando de peinar, les digo que es algo que ya superé. Ahora sé que, aunque lo deteste y me duela la cabeza, lo tengo que hacer, ya saben, la sociedad se ha vuelto muy exigente y poco tolerante con las personas que no solíamos peinar nuestro cabello, pff. Tanto superé mi fobia hacia el peine, que el Sábado estaba alaciando mi cabello con la secadora, fue horrible, porque de repente me llegó un olor bastante penetrante y particular, después escuché un grito entre risas ahogadas de la lil~sis avisándome que se me estaba quemando el cabello, al instante sentí la cabeza caliente y, bueno, lo demás es una triste historia. Aunque, bueno, a pesar de que fue bastante lo que se quemó, no se nota mucho que digamos, y con eso me basta para ser feliz. Porque, oh sí, mi cabello es algo sumamente importante en mi vida, y no se diga más.

En fin, por hoy dejo la nostalgia de mis antiguas fotografías y el triste recuerdo de mi cabello quemado. Prometo que mi próxima visita por estos rumbos será un poco menos sosa. O al menos lo intentaré.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Untitled

Hace un momento estaba tirada en mi cama disfrutando de la gripe, cortesía del señor Otoño y sus cambios climáticos, hasta que recordé que tengo un blog y me dije: Bien, es hora de que lo retomes. Y, ¡taran! Heme aquí.

Octubre es un mes muy bizarro para mí, de un tiempo para acá lo único que me emociona de este mes es el último día de los treinta y uno que lo componen, esto por dos cosas: uno, porque es, como ya lo mencioné, el último día y dos, porque es Halloween, y a mí me emociona mucho el Halloween y sus respectivas fiestas de disfraces. Ok, esto no es importante, supongo que lo que mueren por saber es por qué me he desaparecido tanto de estos suburbios, y la razón es mucho muy simple, digamos que pasé por un bloqueo bastante extenso, durante el cual venían muchas ideas a mí pero por más que me sentaba a tratar de escribir algo, no podía, tengo mil ocho mil borradores y de todos no se hace uno, eso es muy frustrante para mí, créanme, es desesperante querer hacer algo y simplemente no poder, intenté escribir una bella tarde lluviosa y no pude, luego quise quejarme de lo difícil que es a veces la vida y justo a la mitad recibí una llamada que me hizo ver que todo lo que había escrito era basura.

En fin, esas son sólo dos de las muchas veces que he intentado venir a dar señales de vida. Digo, si yo fuera ustedes, ya me habría dado por muerta, me hubiera imaginado secuestrada por algún cártel, o tirada en una brecha sin signos vitales, o bueno, para no ser tan drásticos, mínimo me hubiera imaginado casada y con dos hijos. ¡Fail! No, no creo haberme ausentado por tanto tiempo. Ahora, que por fin tuve tiempo y que, gracias a los virus que circulan lentamente por mi organismo, mi bloqueo disminuyo, no les prometo venir diario a escribir algo, pero sí prometo mínimo visitar sus blogs, para que al menos se acuerden que aún existo y que no anden imaginando cosas tan feas, aparte de que eso de los secuestros ya no son la onda, ahora la moda son los suicidios.

Hablando de suicidios, hoy en la mañana que iba saliendo de mi casa, vi que el novio/esposo de mi vecina se subía a un taxi, como yo no soy nada metiche y, eso sí, bien fina para saludar, le dije: Weeeep, ¿a dónde? Y como ni caso me hizo, me indigné y seguí mi camino. De regreso me topé con mi vecina, me saludó y le apliqué la misma que su novio/esposo, pero como ella es igual de chismosa que yo, me dice: bueno, quería platicarte algo pero si no tienes tiempo… ni modo. Así que me detuve y me regresé, esto fue porque la escuché muy afligida y en verdad me preocupa mucho la salud emocional de mis vecinos, imagínense, si una no está al tanto de los muchos desgastes emocionales que sufren, ¿luego quién me abrirá la puerta cuando vaya a pedirles una tacita de azúcar?. Total que me regresé y me platica que su novio/esposo no me contestó el saludo porque iba sumamente triste porque le llegó la mala noticia de que un muy buen amigo de él se suicidó. Así, sin más, tomó unas vendas, ató un extremo a vayan ustedes a saber dónde, otro al cuello y zas, adiós mundo cruel.

En las últimas dos semanas me he enterado al menos de tres personas que terminan así con su vida, con cartita de despedida y todo ese rollo, y aunque suene a burla (que juro que no lo es) yo siempre he admirado mucho a las personas que tienen el valor de quitarse la vida, de la manera que sea, se necesita de mucho para hacerlo, por otro lado me provoca mucha nostalgia porque las tres personas que les digo que lo han hecho, han sido muy jóvenes, incluso más que yo (porque aunque ustedes no lo crean, soy una persona excesivamente joven, y ni hablar de lo bella), que tienen toda una vida por delante, que se supone que están compuestos más por sueños que por desgracias, pero bueno, como diría mi abuelita: nadie sabe lo que contiene el saco, sólo quien lo carga. O algo así.

Justo en este momento me pregunto, ¿qué puede ser tan complicado o desgastante como para que ese “algo” te orille a tomar una decisión de esa magnitud? Porque por más vueltas que le doy al asunto, es algo que yo jamás podría siquiera concebir en la cabeza, y miren que se los dice una persona que no está del todo completa.

*suspiros*
Esto me recordó una anécdota que mi mamá siempre platica para avergonzarme enfrente de mis amigos y que, por cierto, ya le platicó a Ed, mi novio. Dice que cuando estaba más pequeña (al menos de estatura, cof, cof) me mandó a lavar los trastes, cosa que hasta la fecha odio, y que me puse a llorar y hacer mil y un berrinches y que le digo: no, no quiero lavar los trastes, me voy a suicidar. Y ella, como la madre comprensiva que siempre ha sido, me responde: Pues primero lavas los trastes y después te matas. Obvio ese no era el plan, así que rechacé la "contra oferta" cortésmente entre lágrimas amargas la oferta con un: No, ¿ya para qué? Siempre que la platica me pongo roja, y a mi favor puedo decir que no me acuerdo de eso, así que si no me acuerdo no pasó. Fin.

Era obvio que no me iba a suicidar por eso, además a mi edad, lo más que me ponía a lavar eran los cuchillos de mesa y con esos creo que lo único que podía hacer, además de cortar bistec, era raspar un poco mis muñecas y después andar de llorona porque seguramente me iba a doler mucho. Fuera de eso, creo que nunca más ha pasado por mi mente quitarme la vida, además sería egoísta de mi parte por no pensar en los demás, en las consecuencias que podría traerles a corto o largo plazo a mi familia, a mis amigos, incluso a mí misma. Nada más de imaginar todo lo que dejaría, caray, me inunda un pánico industrial.

En fin, dejemos las cosas tristes y vamos a las no tan tristes. Al principio del post mencioné que odio Octubre, o no que lo odio, pero no me gusta, es muy incómodo para mí y esto se debe a que los últimos años, justo en este mes, me han ocurrido una serie de eventos bastante desafortunados que no voy a mencionar porque, primero que nada, ya se alargó demasiado el post, y aparte dicen las malas lenguas que recordar es vivir y, créanme, es algo que no me gustaría volver a vivir, ni en flashback. Apenas es cinco de Octubre, así que esperemos que este año se porte decente conmigo este señor, porque es definitivo, si vuelve a ocurrirme algo malo en los próximos veintiséis días, lo borro para siempre de mi calendario. He dicho.

Y como ya se alargó demasiado esto y se suponía que sería un post bien cortito para informarles que estoy bien, me voy. Espero andar más seguido por acá, ya no lo prometo porque las promesas que no se cumplen apestan, así que sólo espero poder, lo demás se lo dejaremos al tiempo.

martes, 3 de agosto de 2010

Entre mujeres te veas

El finde conocí a la hermana de mi novio, es un par de años mayor que él y alguien ya me había comentado que era una persona difícil de tratar, cosa que me provocó un pánico del tamaño del universo porque, analizando las cosas, no tengo experiencia en relaciones con una “cuñada”. En lo personal siempre he creído que, para una como mujer, una cuñada es el equivalente a una suegra pero en moderno, cualquiera diría que la convivencia entre personas del mismo sexo debe ser la cosa más sencilla del mundo, y sí lo es, siempre y cuando no esté un hermano de por medio.

Estuve analizando mis antigüas relaciones y en toda mi vida "amorosa", sólo he lidiado con un par de cuñadas, la primera con mi novio de la prepa y la segunda con... mi otro novio de la prepa, pero en diferente tiempo. En el caso de la primera, era casi nula la convivencia que teníamos, ya que a esa edad, la que tuve hace algunos años, no era un noviazgo etiquetado como formal, o al menos el significado de “formal” fue evolucionando con el paso de los años, así que como mis visitas en su casa eran esporádicas y bastante rápidas, casi de entrada por salida, nos llevábamos bastante bien. Saludos casuales y sonrisas discretas eran nuestro medio de comunicación perfecto.

En el caso de mi otra cuñada, hermana de mi otro novio, fue bastante diferente y difícil. Al principio resultó un verdadero dolor de cabeza, no me saludaba cuando me veía (ni siquiera por cortesía), era totalmente invisible para ella y, hasta cierto punto, ella para mí, la diferencia era que yo siempre traté de llevar una buena relación con ella, no por mí, pero sí por su hermano. Después de muchos meses de relación con su hermano, no le quedó de otra más que aceptar que me tenía que ver ocasionalmente en alguna de sus múltiples reuniones familiares y ante eso no hay tuvo otra opción más que ser cordial. Al final, después de muchos malos entendidos, terminamos siendo muy buenas amigas.

Volviendo al tema de mi recién adquirida cuñada, la conocí en una reunión de su familia a la que fui con mi novio este fin de semana, cuando íbamos en el camino, yo sólo me cuestionaba cómo sería el momento, iba preparada para recibir todo de ella, desde una mueca de desaprobación (ash, es que las hermanas son bien celosas con los hermanos, por eso qué bueno que no tengo hermanos, para que nadie pueda escribir sobre mí, je) hasta un afectuoso “mucho gusto, siéntate a mi lado a platicar mientras tomamos algo”. Pues no, ni mueca, ni invitación. Fue todo tan rápido que cuando menos me di cuenta, ya estábamos nosotros sentados en otro lugar con amigos de él.

Así que en la reunión fue poco, o mejor dicho nada, lo que “conviví” con ella. Fue una presentación del tipo “hermana, ella es mi novia... novia, ella es mi hermana, conozcanse. Amén” y, acá entre nos, así lo tomé yo y supongo que también ella; después pensé en que no debí esperar algo más ya que el tiempo que su hermano y yo tenemos juntos aún no es el suficiente como para colgarle a la relación la etiqueta de “formal”, o no tan formal, pues. El caso es que el trago, pasó bastante rápido y no dejó corazoncitos heridos a su paso.

A lo que voy es a que es difícil, al menos para mí, el llevarme bien con las hermanas de mis novios, y tengo la teoría de que si fuera hombre, me resultaría difícil convivir con los hermanos de mis novias. La opinión de las hermanas es básica en todas las relaciones, como buenas mujeres, identifican rápidamente las intenciones que la susodicha pudiera tener con su hermanito querido, por eso mencionaba al principio que son como una especie de suegras pero en moderno y con más armas para romper cualquier relación con la duración que sea. Sad but true.


En cambio con los hermanos de mis novios siempre he llevado de maravilla, por ejemplo, el hermano del extinto chaparro era mi adoración, y siempre me demostró que el sentimiento era reciproco, desde que nos presentaron hasta la fecha, nos llevamos muy bien, y no sé si tenga algo qué ver la diferencia de género, pero si es eso, le agradezco a la naturaleza que por mi condición de mujer sea adorable ante los hombres, awww... Con las mujeres, bah, de eso me encargo después.


En fin, esto de las primeras impresiones no se hizo para mí, soy "mala" juzgando y un blanco perfecto para ser juzgada, y esto es verdad, parece que tengo un imán para las malas primeras impresiones, nunca falta algo (o alguien) que me haga quedar mal, snif. Por eso siempre digo que, mejor que la primera impresión, la segunda. Ya vendrán más reuniones en las que coincida con la hermana de mi novio, así que ya no me preocupo, sólo tengo que ir pensando en una buena manera de ganármela como aliada. Uno nunca sabe cuándo se podría necesitar.

domingo, 11 de julio de 2010

En una relación abierta

En estos tiempos de comidas rápidas, avances tenológicos y redes sociales se usan con mucha frecuencia este tipo de relaciones (Facebook al servicio de la comunidad) que, a mi parecer, no traen muchas cosas buenas que digamos; hasta cierto punto lo digo por experiencia propia (así es, la miss tenía una relación abierta con un tipo que, hasta el momento, no se sabe qué pasó con él), pero también lo digo porque tengo una muy buena amiga que sostenía una relación similar. Algo que siempre he admirado de ella es que es una chava que, aparentemente, piensa única y realmente con la cabeza, las corazonadas y sentimentalismos no le van, cosa que yo jamás he podido llevar a cabo al menos al 100%. Aquí encaja a la perfección el típico “las cosas no siempre son lo que parecen”.

Pues bien, en mi caso fue algo súper light (aunque a veces pienso que si trascendió más de lo debido), el fulanito y yo salíamos de vez en cuando, nos divertíamos, hablábamos de todo y de nada, compartíamos amistades y, una que otra vez, gustos medio bizarros por algún género musical en especial, aparte de otras cosas. Estuvimos saliendo algunos meses y a pesar de no visualizarnos juntos en un futuro (tema prohibido), los lazos empezaron a estrecharse cada día un poco más, y es que la convivencia juega un papel muy importante en toda relación de la índole que sea, hasta que me enfadó. Aquí admito que soy de la idea de que todas las personas somos desechables, quizás no irremplazables pero tampoco indispensables; al principio me resultó un poco difícil ya que estar con él era como un círculo vicioso, no había sentimientos involucrados pero sí mucha costumbre, y ese, créanme, es un lazo bastante difícil de romper, pero lo superé. Él seguramente me encontró sucesora en un par de días, siempre tuve presente su notable gusto por las mujeres y su exquisita manera de conquistarlas. Ahora que lo pienso, esto último pudo haber sido un factor importante en el aburrimiento y desinterés que me provocó esa “relación”, pff.

Hasta aquí, todo está bien pero, ¿y mi amiga? Bueno, como ya mencioné ella siempre se ha caracterizado por ser fuerte (en casi todos y cada uno de los aspectos de su vida), por no permitir que cosas tan insignificantes la hagan caer, era bastante gracioso ver cómo intercambiabámos consejos para nuestras respectivas relaciones, yo siempre fui la indecisa, la que no sabía si hacía bien o mal, la que no sabía si quería algo bien o simplemente pasar un rato agradable; ella era la fría, la calculadora. Sabía (o al menos creía saber) que no quería una relación estable con el tipo en cuestión; ella es más del tipo “egoísta” y esto no lo digo con el afán de ofender, más bien me refiero a que su tiempo libre era para ella y, redundantemente, era libre de elegir con quién compartirlo y con quién no, lo cual resulta ser un arma de doble filo.

Cuando yo di por terminada la relación que tenía, ella se encontraba en standby con la suya, se habían alejado por culpa de la pésima aplicación un mal consejo (que vayan ustedes a saber quién lo habrá dado, ¡je!). A los días yo comencé a salir de manera un poco formal, se podría decir, con mi actual novio y ella me cuestionaba sorprendida: ¡¿Cómo puedes dejar a alguien y salir con otra persona en menos de una semana sin sentir el menor remordimiento?! Tú no eras así. Lo sé, ahora soy de lo peor, pero justificando un poco mis actitudes debo decirles que ya me había cansado de no tener nada, porque en una relación abierta no se tiene realmente nada, emocionalmente hablando. Con argumentos tan convincentes (cof, cof), a mi amiga no le quedó de otra mas que aceptar mi nueva decisión y aprobar mi, ni tan nueva, adquisición.

Días después esta chica y su galán reafirmaron mi teoría de lo caóticas que pueden resultar este tipo de relaciones: al no haber un “contrato” de por medio, ambas partes pueden hacer de su vida un papalote, pueden ir con sus amigos de fiesta/antro sin dar la mas mínima explicación, son totalmente libres de administrar su tiempo y actividades como mejor les parezca, y si esa mala administración no nos incluye, bueno, ya ni para qué llorar; no hay nada más patético que pedir una explicación ante tantas obviedades. Así es, mi amiga descubrió que el infeliz salía con otra, y fue en ese preciso momento cuando ella se dio cuenta que, para su mala suerte, ya había involucrado sentimientos… ah, y que después de todo no era tan fría como creía.

Eso no le quita validez a sus palabras, así como tampoco le resta culpabilidad al fulanito, es sólo que ese tipo de relaciones no se hicieron para cualquiera, uno no es dueño de sus sentimientos, sólo de sus pensamientos, y estos a su vez son tan independientes que a veces hasta dan miedo. Mi amiga se encuentra actualmente en un proceso de desintoxicación bastante curioso y exprés, pasó por cada etapa de dolo tan rápido que sólo tuve tiempo de decirle “mándalo al carajo, no vale la pena”, y al parecer tomó con mucha seriedad mis palabras.
Y bueno, así fue como recuperé mi don como consejera.

Por cierto, no quise decir que las relaciones abiertas o free sean malos, no, de hecho son una manera poco ortodoxa de tener un poco de compañía condicional, de sentirnos bien momentáneamente y de conocer un poco a las personas. He sabido de quienes empiezan así y terminan en un registro civil firmando un acta de matrimonio, y no precisamente como testigos. En lo personal, no volvería a vivir la experiencia, así como tiene sus muy, muy, muy buenos momentos, también tiene unos no tan buenos y tan estresantes que no provocan otra cosa mas que desgastes emocionales y terribles dolores de cabeza.

En fin, este post no tiene coherencia alguna, incluso no encuentro una razón lógica por la cual deba existir, es sólo el resultado de tener tantas ideas inconexas y muchísimas ganas de escribir, para que luego no digan que una los tiene en las abandonancias totales.

miércoles, 7 de julio de 2010

Un post que no necesita título

,Siempre he tenido la vaga idea de que una tiende a engordar cada que tiene novio, ya que siempre hay un pretexto para estar comiendo. Si vamos al cine, es seguro que salgamos con una caja de palomitas en la panza, con su respectivo refresco y, en lo personal, me he vuelto adicta a las crepas que venden ahí (ya sé, su origen es bastante desconfiable y mi sentido del gusto no es del todo selectivo últimamente)

Que si vamos a desayunar, a comer o a cenar. Viernes de sushi con los compañeros de trabajo, Sábado cena con los amigos y el Domingo una comida en casa de la abuela. A eso súmenle que una se toma sus drinks: si es cerveza, la levadura engorda; si es vodka, a menos que sean unos briagos de lo peor y se lo tomen como agua no hay problema, pero en mi caso que soy bien niña y me lo tomo con su respectivo jugo de piña o arándano, sí hay, ya que son al menos 250 calorías las que se involucran por cada bebida, snif.

Siempre hay algo qué hacer y algo que comer, “actividades” que, por supuesto, nos roban todo nuestro valioso tiempo, lo cual nos impide ejercitarnos adecuadamente (me he vuelto buenísima en el tema de los pretextos baratos, je) y entonces sucede lo que tiene que suceder: la ropa empieza a ajustarse un poco y la báscula se convierte en un trauma bastante difícil de superar.

Esto, queridos lectores, es lo que últimamente me pasa. Oh sí, la miss ya tiene quién le jale las orejas, quién la mime y quién la engorde (aunque en realidad bajé algunos kilos, pero aún así siento que estoy a punto de reventar :S); Es por eso que ya no me ven tanto por estos rumbos (novio, vagancias, familia, amigos, perro vaca), aunque bueno, la realidad es que también tiene mucho que ver el hecho de que esté sin lap (la que gracias al karma descompuse y que, por decidía, no he llevado a que arreglen), así es que por el momento dependo de la generosidad de la lil~sis que es quien me presta la suya para medio revisar mi correo, medio estar de mitotera en el Facebook (estúpida adicción) y, ahorita, medio escribir un post.

Habiéndoles contado de mi “nuevo” romance y de los kilos que próximamente me hará subir, me retiro a mis aposentos (créanme, escribir a las cuatro de la madrugada, cuando una debería estar dormida, no es nada saludable). Ya no prometo andar seguido por aquí porque no sé hasta cuando la flojera desaloje mi cuerpecito y me permita ir a exigir que hagan válida la garantía de mi lap. Amén.
(Últimamente también me he vuelto buenísima con las despedidas, btw).

jueves, 17 de junio de 2010

Es Alf, volvió... ¡en forma de fichas!

Pues bien, por si no lo notaron, me ausenté bastantes días y sé que quizás no les importe, pero yo quiero contarles, me tomé unas ricas y cortas pero bien merecidas vacaciones. Yay. Vacaciones suena tan nice que no debería usar ese término, pero bueno, qué importa.

He vivido muchísimas cosas en estos días que a ratos me pellizco para cerciorarme de no estar soñando, y ¿adivinen qué? me duele de a madres cada pellizcada que me doy, pero ignoro el dolor porque es señal de que todo es real y eso me hace groseramente feliz. Mucho muy feliz.

Empiezo por contarles que reduje considerablemente mi círculo de amistades, en un momento de histeria total decidí elegir con quiénes quedarme y con quiénes no, fue como ir de compras: tú sí, tú no, tú tampoco, tú ¿quién eres? y así, fue bastante complicado pero al final he quedado encantada con los resultados; me di cuenta quiénes valían realmente la pena y quiénes, bueno, sólo ocupaban un lugar en mi agenda telefónica. Ah, pero de la misma manera en que me deshice de tantas “amistades”, hice otras nuevas y hasta el momento me siento tranquila con las decisiones tomadas que, hasta el momento, todo indica que son las más acertadas que he tomado este año, quizás más adelante los chacras me cobren mi mala acción, quizás no, pero créanme, no siento culpa de nada.

También adquirí un par de hábitos poco comunes, teñí mi cabello, le agarré un pánico impresionante a los puente peatonales (decidí que prefiero morir solamente atropellada que caer de vayan ustedes a saber cuántos metros y al final morir atropellada), aprendí que la gente pendeja e intolerante siempre va a ser pendeja e intolerante, descompuse mi lap (snif), recordé lo bien que se siente brincar en un charco de agua, un niño me adoptó como su "nina", dejé de odiar los paréntesis, dejé de tomar café (y esto, créanme, me costó bastante trabajo), aprendí a contar chistes y, lo más importante de todo, aprendí a decir NO.

Esto último me resultó bastante difícil porque, a pesar de que poseo un egoísmo innato, siempre me preocupo por los demás y eso es algo que terminé odiando. Decidí que, a partir de este momento, mi misión en este mundo sería únicamente preocuparme por mí, empezar a decir lo que pienso y no precisamente lo que quieren escuchar (aplicable también con el verbo “hacer”), así que ahora pasaré más tiempo disfrutando mi vida y menos tiempo buscando cómo solucionarle la de los demás.

En pocas palabras, han sido unos días intensos, llenos de emociones, de muchos abrazos, de muchos besos, de muchos mensajes sin respuesta y otras tantas llamadas perdidas pero, sinceramente, sigo sin arrepentirme de nada.

Por cierto, hay mejores noticias, pero esas van en otro post.

viernes, 4 de junio de 2010

Recuerdos que me provocan alergia

Hoy me dijo mi mamá: ¡Quiero que limpies ese librero, que apenas puede con la mugre que le ponen tu hermana y tú!, con el típico tono de reproche que todas las mamás adquirieron durante nuestra adolescencia. Y como yo soy bien obediente, le respondí: ahorita

Después de un rato de hacerme tonta, empecé a ver de reojo el librero y como que verlo y las palabras de mi mamá retumbando en mi cabeza, me remordieron la conciencia y me levanté dispuesta a quitar el cochinero de encima, limpiarlo y volver a acomodar todo en su lugar, pero en orden.

Me sorprendí de encontrar tantísimas cosas. Imagínense que había unos osos de peluche que, bueno, sí sabía que estaban ahí, pero argh, no recordaba porqué los odiaba. Estaban llenísimos de polvo, tenían polvo en el polvo y yo soy más que alérgica al polvo. Entre estornudo y estornudo, los golpeé contra la ventana imaginando que era el chaparro, es que él me los regaló y hace días me hizo una visita bastante desagradable, así que me desquité con los osos horribles que me regaló y que no sé por qué razón aún los tengo a la vista de mis visitas hasta que ya no les saliera nada más y los volví a acomodar. Hasta eso que era sólo el polvo, quedaron harto bonitos -ya sé por qué no están en la basura-. En este punto queda clarísima la razón de ser del título de este post.

Encontré también un mini ajedrez que no voy a decir quién me lo “regaló”, pero que no recordaba que seguía aquí, en mi librero, entre mi polvo. Estaba bien divertida sacudiéndolo mientras pensaba en devolverlo, hasta que se me ocurrió acomodar los trebejos en su respectivo lugar y descubrí que faltaba un alfil. Como por arte de magia se esfumó la idea de regresarlo a su dueño original, así que, ya limpiecito, lo volví a acomodar.

Después siguió el turno de la cajita musical, que es una cosa de lo más terrible que puedo tener, ya que mi naturaleza siempre me ha indicado que esas son cosas del diablo y debo odiarlas. No me puedo deshacer de ella porque fue un regalo de alguien muy especial, pero la sacudí rápido y la dejé detrás de unas velas para que nadie la pudiera ver nunca jamás, hasta que yo muera.

A la cajita musical le siguió una lámpara-reloj que le regaló a la lil~sis su novio, pero como ella es bien agradecida y le emocionan harto esas cosas, vino y la botó al librero del mal sin haberla usado nunca en su vida. También había trabajos de su escuela, pensé en tirarlos a la basura pero como mi hermana ya me conoce, tenían una notita bien linda que decía: “Si tiras esto, es bajo tu propia responsabilidad. Mi responsabilidad será recuperarlos, aunque para eso tenga que golpearte” -ok, no tan textual pero sí mencionaba la palabra "golpear" y me pareció de lo más agresiva-, así que decidí mejor no arriesgarme y guardarlos todos y cada uno de ellos, hasta sus vergonzosos exámenes. Duh.

Películas, juegos de Wii, alhajeros vacíos -jejeje, larga historia-, más polvo, un álbum de fotos, polvo, mi cartera que tenía extraviada, más polvo, y, para que no digan que no es librero, libros. Todo lo sacudí, quedó tanto bonito que me sentí orgullosa de mi misma y, en seguida, abrí las ventanas para darle la bienvenida al nuevo polvo que se posará sobre mis cosas –y las de mi hermana- hasta que mi madre haga que me vuelva a remorder la conciencia.

Lo único bueno de todo, es que encontré un anillo de plata con brillantitos que forman un corazón y que tenía perdido, me alegró mucho haberlo encontrado ya que tiene un valor sentimental muy importante para mí; lo malo es que cuando me lo puse me di cuenta que mis manos habían quedado horriblemente feas y maltratadas. Ya sé por qué ese librero se ve decente sólo una vez cada seis meses. Snif.

martes, 1 de junio de 2010

Conspiración cósmica

Siempre he sido una fiel creyente del karma. Me gusta culparlo de todo lo malo que me pasa y, en algunas ocasiones, deseo que se dé prisa por poner orden en el universo en cuanto a ciertas personas se refiere. Hoy me di cuenta de que no soy tan mala persona.

Tengo un conocido que hizo que mi vida sufriera una serie de eventos bastante desafortunados hace ya algunos meses, y desde entonces me dediqué a pedirle al karma, de la manera más atenta, que se lo hiciera pagar al doble y lo más rápido posible. Jamás mis ojitos vieron eso en los meses subsecuentes. Seguí en contacto con esa persona por azares del destino y, desde mi perspectiva, le iba bastante bien, cosa que me provocaba cierto malestar por pensar que el universo sólo sabía conspirar en mi contra y que a él jamás le haría pagar por lo que me hizo, entonces empecé a creer que era bastante aplicable y cierto el típico: a la gente mala, le va bien.

Pues no, resulta que eso lo pensé durante mucho tiempo pero no es así. El karma es la cosa más maravillosa que pudiera existir, trabaja de una forma tan misteriosa que qué bárbaro, nos deja sin palabras y, créanme, es lento pero seguro. Pero como les decía, no soy una persona con malos sentimientos, ni soy capaz de cometer malas acciones, es más, ni regocijarme de las merecidas desgracias ajenas me sale bien.

El karma o lo que sea que se encargue de poner orden cósmico en el mundo, hoy le está cobrando a este tipo lo que me hizo. Fui testigo de una escena bastante desagradable, por un momento amé ver su rostro desencajado, amé verlo rogarme con la mirada que le dijera qué hacer y yo sólo me limité a responderle con un ademán de indiferencia, pero cuando se fue mis manos empezaron a temblar y sentí un vacío en el pecho. Cosa bastante extraña en mí, ya que estuve presente cuando por fin le estaban pasando factura con todo y propina, ¿y yo? bien gracias, con tremendo sentimiento de culpa por andar deseando cosas “malas”. No me podía contener y entonces corrí con mi mamá a preguntarle por qué me estaba afectando de una manera tan bizarra lo que le pudiera pasar a él, o a su vida. Sus palabras fueron pocas pero bien sustanciosas:

- Porque tú no eres como él.

Caray, ¿ahora resulta que yo debo ayudar a los que en algún momento de sus vidas fueron los culpables de todas mis desgracias? Pues sí, parece ser que así es. Tomé el teléfono e hice una llamada tan express como satisfactoria. Creo que lo satisfactorio sólo aplicó en mí, pero bueno, esa era la intención principal.

Le di un par de consejos -patrocinados por mi madre, por supuesto- y le ofrecí mi apoyo in-con-di-cio-nal que, obvio, no se merecía pero que se lo ofrecí ¿por qué? porque yo sí soy una buena persona. Duh.

Mi madre siempre dice que hagamos las cosas sin esperar nada a cambio, y a mí de verdad me resultó bastante difícil olvidarme por un momento de muchas cosas por las que tuve que pasar gracias al infeliz que estaba enfrentándose a la mirada acusadora del señor karma en esos momentos.

Cuando colgué, me sentí bastante bien, tanto que me dí el lujo de odiarme por ser tan susceptible y permitir que me afecten de tal manera los problemas de los demás, sobre todo cuando entre “los demás” se encuentran personas que, según mi valiosa opinión, no se merecen una sola palabra de aliento.

Por si se lo preguntan, lo que le pasa al tipo no es algo tan grave pero sí algo que le afecta de manera directa –bastante directa, diría yo-. Siempre he dicho que todo tiene arreglo, incluso hay veces que la solución es tan obvia que pasa inadvertida para quienes la buscan desesperadamente, yo ya sé cuál es la de él, sólo que eso de solucionar vidas ajenas ya no se me da. Ah, y hasta el momento desconozco en qué habrá terminado su drama; ojalá por lo menos tenga la decencia de hacerme saber qué pasó, y no porque me importe, pero chisme es chisme. Ni modo, así son estas cosas de la vida

Karma, por favor a la próxima haz tu trabajo lejos de mí.

viernes, 28 de mayo de 2010

No tengo un título para un post tan vergonzoso

Hace rato estaba pensando en lo despistada que soy y en las consecuencias que esto me ha traído; y es que en realidad yo no pedí ser así, pero seguramente mi mamá bebió alcohol durante el embarazo y así nací, o qué sé yo, el chiste es que siempre me tiene que pasar algo malo. SIEMPRE.

Un día quise salir corriendo de mi antigua casa, era una casa bastante grande y la puerta que daba al patio trasero era una puerta corrediza, de cristal a la cual, muy malamente, no le pusieron estampitas de flores, mariposas o bichos feos, eso es lo de menos, para que una niña tan inquieta y despistada como yo no se fuera a estampar como mosca. Ah, pues volviendo a ese día en que quise salir corriendo, la puerta estaba tan limpia y yo llevaba tanta prisa, vaya usté a saber por qué, por salir que no me di cuenta que estaba cerrada y ¡PAWN! nada más se escuchó tremendo golpe de mi cabeza contra el piso, resultado de haberme estrellado con la puerta y haber rebotado directo al piso como vil pelota en un juego de frontón. Snif. Eso me costó una visita al hospital, sin daños mayores.

Otro día, ya más grandecita, iba caminando por un parque con mi mamá y, como siempre, iba viendo para el suelo, cuidando de no pisar las líneas que había –odio no haber superado esta manía a pesar de lo que me pasó-, mi mamá me llevaba de la mano y no me soltó hasta que una fuerza extraña se interpuso entre ambas. Choqué con un poste. Así, en cuestión de segundos, el poste tenía marcada mi cabeza. Esto me costó un desmayo y, por supuesto, otra visita al hospital. Nuevamente sin daños mayores aparentes.

Pasaron los años, mi estatura aumentó y, junto con ella, mi grado de estupidez innata también. Iba por la calle con la lil~sis, íbamos platicando y a lo lejos vi que parte de un aire acondicionado se interpondría en mi camino al paso de algunos metros. Dah, ya lo vi, ahorita que pase por ahí le saco la vuelta o me agacho, pensé. Supongo que Plaza Sésamo no me enseñó del todo bien la diferencia entre cerca y lejos, o de plano camino muy rápido, porque todavía no habían pasado ni un par de segundos, cuando escuché un grito de alerta por parte de mi hermana y sentí como una esquina del aire acondicionado se ensañaba con mi frente. Esto sólo me costó risas por parte de mi hermana y los que vieron. Ah, y un odio terrible por las personas que desconocen la existencia de mini splits. Argh.

Cuando era novia del chaparro, una noche decidimos salir a caminar. Siempre se burlaba de mí porque decía que soy como una niña chiquita, siempre que paso por una tienda no puedo evitar la tentación de comprar un jugo, pero de estas manías les platicaré después. Total que íbamos feliz y románticamente caminando por la calle cuando pasamos por un estúpido oxxo y entonces la sed me llegó súbitamente y dije: ¡quiero un jugo!, como el chaparro siempre me consentía, accedió a detenerse, y como si tuviera yo cinco años, me adelanté sin darme cuenta que estaban limpiando el piso y que estaba todo lleno de líquidos resbalosos que quiero creer que no eran otra cosa más que algún tipo de detergente, apenas había puesto un pie adentro, cuando sentí que la gravedad hacía de las suyas y en un dos por tres ya estaba de rodillas en el piso. Me hubiera puesto a llorar, pero había demasiada gente y mejor me aguanté, eso sí, cuando me vi totalmente de rodillas, opté por sentarme ¿por qué? aún no lo sé. Entró el chaparro, me levantó y me pregunta: ¿todavía quieres un jugo? / No, ya no tengo sed, ¡vámonos!, le respondí y salimos de ahí. Esta gracia me salió en un par de risas y menos un jugo. Pff.

Otra noche iba a salir con unas amigas, al modo lenta y desidiosa, el tiempo no me alcanzó y andaba corriendo por toda mi casa buscando una pashmina que por razones no obvias no estaba en su lugar, entraba y salía de los cuartos con mis glamourosas zapatillas de diez centímetros de altura puestas hasta que, en la desesperación, me detuve y opté por preguntarle a mi mamá si había visto la cosa rosa que buscaba: sí, esta arriba del closet. / Caray, por ahí hubiera empezado a buscar, pensé. Agarré una silla de escritorio -sí, sí, con rueditas- y me subí en ella para buscar la estúpida pashmina que a final de cuentas no me puse. A los diez centímetros de mis zapatillas súmenle mis 1.72 de estatura, aparte la silla, no sé de medidas pero supongamos que medía medio metro. Todo eso dio como resultado mi cabeza en el techo después de unos ligeros brincos por alcanzar mi objetivo y que, por el golpe que por supuesto no esperaba, perdiera el equilibrio y terminara en el piso. Sin zapatillas, con un dolor de cabeza terrible pero con la pashmina entre mis manos. ¿Resultado? Que mi maquillaje se corriera por las lágrimas que alcanzaron a salir del dolor que todo eso me provocó.

Podría contarles muchas historias, unas más bochornosas que otras, pero no quiero, hoy sí tengo el sentimiento de la vergüenza encendido y ya fue demasiado auto-balconeo por hoy; eso sí, ha habido cosas más vergonzosas, tanto que he llegado a decir “mejor me hubiera quedado en mi casa”, siempre que me pasa algo así, generalmente en público, trato de disculparme con una sonrisa, porque como dice el dicho “al mal tiempo, buena cara”, y yo obedezco fielmente cada palabra de los refranes, porque siempre he creído que son como abuelitas.

Por cierto, a partir de este post, puedo concluir que ya sé de dónde viene mi pánico por los hospitales y ahora ustedes pueden comprender que mis recurrentes desvaríos mentales se deben a tanto golpe en la cabeza.

Lo sabía, yo nací siendo un genio, pero el alcoholismo de mi madre me dejó así. Lo siento mamá, ya sé que tú sólo bebes café, pero a alguien tenía que culpar.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Y al octavo día, Dios creó los ex novios

… y no es que sea algo que me moleste, al contrario, en su momento nos ofrecieron cosas buenas –buenísimas, diría yo-, es sólo que todos llegamos a un punto en el que nuestros intereses toman rumbos diferentes, esos intereses incluyen gustos y es cuando nos cuestionamos histéricamente: ¡¿Cómo carajos permití que esa…criatura del Señor me pusiera un dedo encima?! Así es jovencitos y señoritas, ahora le vemos al susodicho todos los defectos habidos y por haber, y es que bien dicen que el amor es ciego pero nunca nos imaginamos que tanto. Apuesto un chicle de menta a que a todo aquel que esté leyendo, le ha pasado.

¿No es su caso? Bueno, es que esto de los ex novios es un arte, habemos quienes tenemos un gusto exquisito por las personas que no estamos dispuestos a cambiar ni para bien, ni para mal. Cof, cof…

Como ya sabrán, en este momento de mi vida soy una persona sumamente soltera, pero lo que no saben, aunque quizás lo imaginen, es que tengo una larga lista de ex novios pero una corta memoria respecto al tema, recuerdo uno que no sabía besar, otro que todas me peleaban y nunca pude averiguar por qué, el que tiene una hija, el que me dejó, regresó y me volvió a dejar, hasta el famoso chaparrito, que es el más reciente. Esos son los que más recuerdo, ¿por qué? No sé, a veces es difícil explicar la manera en que una persona puede marcar tu vida con el simple hecho de haberse cruzado un mal día en tu camino.

Una noche conocí al que no sabía besar, su pésimo gusto por mantener los ojos abierto mientras compartíamos babas no lo descubrí esa noche, si así hubiera sido, jamás habría gozado del título de “mi novio”. Nuestra relación duró lo que duró el primer beso, después pasó a ser mi ex, el acosador. En aquel entonces desconocía las órdenes de restricción, de lo contrario, el pobre no se hubiera podido acercar a menos de diez metros de mí. Su enfermiza fijación por mis castas carnes y la burla de mis amigos fueron tantas que, supongo, esa es la única razón por la que lo recuerdo.

El que me dejó, regresó y se volvió a ir fue al que más le lloré después de que se fue y ya no regresó. Esa relación fue muy criticada por todas nuestras amistades, que si nada mas nos hacíamos daño con nuestras constantes discusiones, que si él era un maldito por irse a cada rato y yo una tonta por dejarlo volver, fueron tantas las veces que nos lo dijeron que a él terminó por caerle el veinte antes que a mí y ya no volvió. Motivo suficiente para haber marcado mi vida.

Tuve otro galán al que todas sus ex novias me peleaban, era de lo más bizarro porque el tipo en cuestión a mí no me resultaba tan guapo, al menos no como para que lo pelearan con tanta pasión, no sólo una, sino cuatro de sus antiguas novias que sabrá Dios cómo dieron conmigo. Viejas locas, me dejaron traumada, sobre todo una que dedicó un año de su vida a molestarme día, noche y madrugada, mensajes aquí, mensajes allá, mensajes con los amigos, chismes, etcétera. El día que se acabaron las múltiples y patéticas peleas por el fulano, lo mandé al carajo, ya no me interesaba estar con alguien que no supiera mantenerse cotizado entre el público femenino.

Con el que tiene una nena tuve un romance muy padre, todo súper tranquilo, era una chavo que reunía todas las cualidades que siempre pedí, de hecho creo que alguna vez hablé de él en un post. Oh sí, fue el post en el que hablaba sobre el error que cometemos al idealizar a las personas. Olvídenlo, ya recordé por qué marcó mi vida.

Y por último don chaparro, del cual no quiero hablar hoy, aparte ya la gran mayoría conoce esa historia. ¿Necesitan más explicaciones?

Obvio tuve más novios pero, como ya lo mencioné, los demás fueron menos importantes o al menos no hicieron nada por dejar una huella en mí y es algo que agradezco profundamente, con esos que mencioné tuve más que suficiente como para hacer millonario a cualquier psiquiatra o al menos escribir un par de años más en este espacio.

sábado, 15 de mayo de 2010

Teléfono descompuesto

Cuando era muy pequeña me gustaba jugar al teléfono descompuesto, ya saben, el juego en el que todos los niños iban pasándose al oído un mensaje que, al final, quedaba totalmente distorsionado y en verdad era muy gracioso cuando el último participante se ponía de pie y decía la frase toda distorsionada que, por cierto, nunca tenía nada que ver con la inicial.

Pues bueno, resulta que a lo largo de nuestras vidas seguimos jugando este juego, de manera inconsciente quizás, pero lo hacemos. ¿A qué voy con esto? Básicamente a mucho y a nada, sino que el día de hoy estaba platicando con miss Lane de lo mucho que las mujeres solemos complicarnos la existencia por los chismes, ya saben, que si fulanita dijo tal o cual cosa de mí y no es verdad, etcétera. Pues bien, caímos en cuenta de que nosotras somos igual pero de manera indirecta; por ejemplo, nosotras no inventamos nada, sólo que a veces nos resulta imposible callarnos la boca ante muchos eventos de la vida que solemos presenciar, aparte no regamos chismes a diestra y siniestra, hay cosas que sabemos callarnos y que hemos llegado a comentar ocasionalmente pero entre nosotras mismas, así que se podría decir que respetamos la vida de los demás, o al menos no la hacemos pública como lo han hecho con nosotras.

A estas alturas de nuestras vidas –hablo por ella y por mí-, siento que ya estamos más allá del bien y del mal, pocas cosas suelen afectarnos al grado de ocasionarnos grandes desgastes emocionales, digamos que no nos importa lo que digan los demás porque no vivimos de apariencias, aparte como dicen por ahí, las cosas se toman de quien vienen y al menos a nosotras, hasta el momento, nos ha funcionado a la perfección.

De mí han dicho tantas cosas como puedan imaginar: he estado embarazada un par de veces y, por supuesto, he abortado; me he acostado con media ciudad, he sido una drogadicta en recuperación y me han visto centenares de veces ebria en antros... momento, esto último tiene algo de cierto, pero bueno, la gente a veces suele exagerar, bah.

A lo que quiero llegar es a que ya no me afectan esas cosas, es algo tan cotidiano para mí que, como dice una amiga, el día que no hablen de mí me voy a poner histérica porque quiere decir que ya no les importo, snif. Eso sí, de mí pueden decir lo que quieran, pero odio que involucren a terceras personas y que, a su vez, estas personas tengan problemas con cuartas, quintas y sextas personas, ¿me explico?

Una vez me inventaron un tórrido romance con un wey que era novio de una amiga, como vivo en una ciudad casi-rancho en la que todos se conocen, el rumor llegó a oídos de mi amiga y esto, queridos lectores, ocasionó que él se quedara sin novia y yo sin amiga. A eso me refiero al decir terceras personas involucradas y afectadas directamente.

Lo peor de todo es que generalmente esa persona jamás tiene el valor de aceptar las cosas y desmentir el rumor, todos conocemos a alguien así, es difícil de reconocer pero una vez localizado el objetivo, es muy sencillo deshacerse de esa persona. Lo digo yo, que suelo ser la persona más práctica para esas cuestiones.

Dándole la vuelta a la moneda, yo no soy de las que tira la piedra y esconde la mano, si yo llego a decir algo y se sale de control, afronto las consecuencias como sea que vengan, y eso ha ocasionado que me tachen de cínica en muchas ocasiones, pero igualmente, es algo que me importa muy poco, aparte desde mi perspectiva, no soy cínica, soy honesta.

Escribo de esto porque la platica con la miss me dejó pensando en todas esas personas que me han decepcionado, personas que eran realmente importantes para mí, desprenderme de ellas ha sido muy difícil, pero a final de cuentas el cariño que le tengamos a alguien es relativo, tan relativo como queramos que sea.

martes, 11 de mayo de 2010

Aduladores en potencia

Deben saber que mi círculo de amistades está compuesto en un 70% por hombres, de un tiempo para acá me he dado cuenta que las amistades femeninas sólo traen conflictos -¡Monse, cuánta razón tenías!-, y esa es una muy buena razón por la cual prefiero hacerme acompañar de hombres, ellos por su parte tienen sus buenas razones para buscar mi compañía.

Aquí es cuando confieso que tener una amistad masculina es un arma de doble filo; lo anterior se debe a que, así como voy conociendo cada uno de sus patrones en cuanto a relaciones, muchos de ellos me ven como una víctima más. Malditos hombres, no les basta con el mundo de mujeres que los rodea, también quieren robarse mi inocencia y castidad, snif.

Lo menciono porque más de uno me han hecho comentarios del tipo “qué bonitos ojos tienes debajo de esas dos cejas”, ¿me explico?

Por ejemplo, tengo un amigo en particular con el cual me la paso muy bien, cada que tenemos oportunidad nos escapamos a algún pueblito cercano, ya sea al norte, al sur o a donde sea que decidamos ir al momento de salir de mi casa y subirnos al auto, pues bien, para él soy una víctima en potencia y, precisamente este Sábado, me lo dejó muy claro; fuimos rumbo a un pueblito muy padre, no muy lejos -acá nada está lejos, créanme-, íbamos por la carretera y como generalmente vamos solos, no tenemos más opción que ir escuchando música o platicando, y como la música que siempre trae está por mucho fuera de mis gustos, prefiero hablar con él, y son estos momentos los que él ha aprovechado para hacer comentarios realmente aduladores, cosas que a cualquier mujer le gusta escuchar porque mágicamente la hacen sentir bonita e interesante. Bueno, a mí la verdad esos comentarios me aburren y por mi parte son considerados hasta cierto punto, absurdos y repetitivos.

- Tienes algo que me gusta mucho pero no sé qué es…
Silencio incómodo, subo el volumen al estéreo y hago un comentario acerca de su mala música, nos bajamos a estirar las piernas, dejó mi té helado sobre el auto, nos subimos, olvido mi té, cuando arranca el té cae y pawn, todo el parabrisas está ahora pegajoso, sabe a limón y él sólo atina a decir: Ya sé qué es lo que me gusta de ti.

Entonces pensé, ¿será mi pendejez? Y don Megah me respondió: A huevo, ¿a quién no le gustan bonitas y pendejas?
Nota al margen: don M. contestó porque se lo platiqué por messenger.

¡Sorpresa! No soy ni bonita, ni pendeja.

Otro amigo me comenta, después de ver unas fotografías con un escote muy sugestivo y unos anteojos bastante divertidos que le compraron a la miope de mi hermana: ¡Qué bonitos ojos tienes! Y una, toda necesitada de halagos, agradece el que alguien piense que sus ojos son bonitos, después me puse a analizar las fotografías y le pregunté algo acerca de mis ojos, algo que, por supuesto, no pudo responder. Lo sabía, escote mata mirada, pff. Cuando se vio descubierto por mi astucia y brillantez, quiso disculparse con un: No, amiga, juro que estaba viendo tus ojitos, te ves muy linda, las mujeres con anteojos son lindas, es más, pienso que todas las mujeres deberían ser miopes.

Sí, yo también pienso que callado se defendía más.

Todos deberían ser como Sutanito que, después de varios intentos por conquistar mi corazoncito, terminó diciéndome: Bah, no vuelvo a intentar nada contigo, ¿sabías que eres más difícil que la teoría de la relatividad? Y fue justo en ese momento cuando supe lo que quería, desgraciadamente él lo cumplió y, en efecto, no volvió a intentar nada conmigo, snif.

No llegué a ninguna conclusión porque sigo creyendo que todos son iguales, y los que no, son peores; si alguien encuentra la moraleja de mi post, le agradecería que me lo hiciera saber.

Ah sí, lo único bueno que han hecho por mi es el enseñarme -y no del todo, por cierto- a dominar el difícil arte de comprender su ambiguo mundo, y a su favor sólo puedo decir que se ven tan guapos cuando pagan la cuenta del bar.

miércoles, 28 de abril de 2010

19th. Birthday Princess

Ser joven es un privilegio, ser hermosa un patrimonio, ser encantadora tu mejor virtud…

Hace diecinueve años llegó al mundo una cosa llorona y enfadosa, larguirucha, delgada y sin pelo, como no era niño le pedía a gritos a mi madre que la echara a la basura, como lo había prometido cuando estaba en su panza. Yo tenía escasos cuatro años y era frustrante para mí, la princesa de la casa, tener que compartir mi trono con la nueva intrusa.

Pasaron algunos meses y empezó a agarrar forma, ya no era tan fea pero seguía siendo odiada por mí con todo mi celoso corazoncito, fue víctima de mi maquiavélica imaginación en numerosas ocasiones: la bañé de talco, la pellizcaba cuando pasaba junto a ella o le jalaba sus cabellitos de fideo a la menor provocación. Me costó muchas nalgadas por parte de mi madre, pero hasta la fecha sigo creyendo que cada nalgada recibida por ser una mala hermana mayor, valió la pena.

Cuando aprendió a caminar fui insuperablemente feliz, ya tenía quien me trajera agua a la cama, me alcanzara mis zapatitos, le cambiara a la televisión, etcétera. El día que aprendió a hablar, la odié, porque pareciera que la entrenaron para decirme NO a todo lo que le pedía. Y ese fue el triste día que perdí a mi esclava. Snif.

Conforme pasaron los años, aprendí a valorar que hablara y pudiera sostener una conversación, pero en verdad amé el descubrir que posee una capacidad extraordinaria para escuchar, pocas veces me escuchan las personas como me gusta que lo hagan: mirándome a los ojos, poniéndome toda la atención que considero que mis palabras merecen y en silencio.

Ahora no concibo mi vida sin ella, y aunque a veces es una mugre enana enfadosa que pareciera que su misión en la vida es hacerme la vida imposible, la quiero con todo mi malhecho corazoncito, porque aprendió a ser todo eso que me gusta, cumple con los requisitos para ser la mejor hermana que he tenido, la más pequeña de la casa con un corazón más grande que ella misma.

Gracias, chaparra, porque a pesar de todo siempre estás ahí, porque aunque no tengas nada qué decirme, me escuchas, me comprendes y a veces me pendejeas. Nadie lo hace como tú. Gracias por esas noches de interminables charlas, por esas noches de silencio; gracias por entenderme y ayudarme, porque sólo tú sabes cómo darme esos acogedores abrazos en los momentos en los que más los necesito.

Cosas grandes te esperan, porque nadie posee ese temperamento tan fuerte que tú tienes y que he llegado a envidiar, a tu corta edad ya sabes lo que quieres, y eso es mucho más de lo que yo sé. Has aprendido a valerte por ti misma, a ser una chiquilla independiente, fuerte y responsable.

Recuerda que siempre voy a estar contigo, aunque no me lo pidas, aunque reniegues de ello y aunque a veces me odies. Porque te quiero, a pesar de que me cuesta decirlo algunas veces y porque sé que me quieres, aunque siempre digas lo contrario.

¡Feliz cumpleaños, princesa, felices y dulces diecinueve!

miércoles, 21 de abril de 2010

Este blog está de luto

El sol puede morir y volver a nacer; pero nosotros una vez apagada nuestra breve claridad, hemos de dormir una sola y eterna noche.
Cayo Valerio Catulo


"Amiga, ahora que pase esto, nos vamos a dar una escapada a donde usted quiera", me prometió antes de cerrar la sesión del messenger y yo le creí, porque siempre cumplió cada palabra que llegó a decirme.

Lo conocí hace unos nueve meses aproximadamente, era el amigo de una amiga y siempre le dije que el día que lo conocí se me hizo una persona muy ridícula, de esas que trataban de impresionar chicas con dos que tres palabritas domingueras y que muy probablemente le funcionaban, conmigo no fue así.

Siempre trató de acercarse a mí y yo, por dejarme querer o por la razón que sea, lo permití, poco tiempo después ya era parte de mí, compartíamos muchas cosas, teníamos bastantes intereses en común y después empezamos a salir. La primera vez hablamos de muchas cosas en general, la segunda me platicó su vida entera, la tercera ya lo amaba -en sentido figurado-, se había metido de tal manera en mi vida, que me resultaba bastante agradable su compañía, estar con él, sus charlas, su todo.

El día que cumplí años fue de los pocos que quería realmente que asistieran a mi fiesta, y lo hizo. Nos veíamos realmente muy poco ya que nuestro respectivo tiempo libre pocas veces coincidía, llegamos a renegar tantísimas veces por eso, más yo, que siempre decía que era él quien no quería estar conmigo, él en cambio siempre encontró la manera de hacerme saber que estaba equivocada.

Me gustaba ver su sonrisa y escucharlo reírse de sus propios chistes que casi siempre resultaron ser malos, al menos ante mi sentido del humor. Me gustaba abrazarlo y sentir su particular aroma a lavanda, ver sus ojos y decirle: amigo, quita esa mirada lujuriosa de mí... No es por las circunstancias que me expreso así de él, es sólo que de verdad llegué a quererlo muchísimo.

Amaba escucharlo decir lo bien que olía cada que me abrazaba, cuando me decía lo bien que me veía sentía que el mundo se detenía, ante sus ojos siempre fui hermosa, sin importarle mis traumas y miles de defectos, él siempre se encargó de hacerme sentir la mujer más bella sobre la faz de la tierra.

Hace poco menos de veinte días, me platicó que le habían diagnosticado hepatitis tipo A, que estaba bien, con las típicas dolencias de la enfermedad, pero bien. Me dijo que tendría cuarenta días de reposo y entonces nos iríamos a no-sé-dónde, siempre que salíamos me sorprendía con algo nuevo, o al menos lo intentaba.

Hoy descubrí que soy una persona egoísta, que nunca se preocupa realmente por las personas, pareciera que sólo quiero que las personas se preocupen por mí, rara vez llamo a mis amigos para preguntarles cómo están, cómo se sienten, si todavía existen; rara vez les digo lo importante que es cada uno para mí y lo mucho que ha marcado mi vida porque pienso que siempre hay más tiempo que vida, aparte de que no soy la persona más afectiva que exista sobre el universo y me cuesta muchísimo decirle a un amigo “te quiero” y darle un abrazo en un día no-festivo sin evitar sentirme estúpida.

Siento impotencia por haber descubierto que no fui realmente su amiga, los amigos no se enteran de estas cosas diez días después, muchísimo menos lo hacen por Facebook: Pensé que el Domingo era un buen día para saber de él, le mandé un mensaje a su celular reclamando su ausencia y a su vez deseándole una pronta recuperación; algo que siempre he odiado es un mensaje sin respuesta, cosa que él sabía y jamás hizo, por esa razón fue que traté de justificarlo pero a su vez sólo pensaba en entrar a dejarle otro reclamo más en su muro, otro que se sumaba a varios que llegué a hacerle por “descuidarme”. Ayer en la noche me decidí, mientras lo buscaba en mi lista de amigos pensaba en las palabras indicadas para hacerlo sentir mal por no haberse comunicado conmigo, cuando lo encontré y dí click, ya tenía casi todo el reclamo redactado en mi cabeza, se cargó la página y me llamó mucho la atención un mensaje algo extenso, empecé a leerlo y conforme lo hacía pensaba: No... no... esto es una broma, no puedes irte sin cumplir la promesa que me hiciste. Terminé de leer el primer mensaje, y a este le seguían otros tantos, todos decían lo mismo, todos iban a lo mismo: desearle un descanso eterno y en paz. Leí cada mensaje y para cuando terminé ya estaba fría, sin habla, me temblaban las manos, tenía los ojos llenos de lágrimas e incredulidad, cerré la lap y me acosté, así sin saber qué pensar, qué sentir, qué decir, sin saber a quién culpar, a quién reclamarle, a quién odiar. La sensación de vacío volvió.

Todo el día leía y releía esos mensajes tratando de asimilar su ausencia y hasta el momento, casi veinticuatro horas después de haberme enterado, sigo sin levantarme de la cama, sigo llorando su partida y sigo sin entender mi egoísmo: a pesar de las circunstancias, le reclamo el haberse ido sin cumplir su promesa, lo odio por haberse ido sin despedirse de mí y me odio por haber permitido que me marcara de tal manera su presencia.

La vida me da otra razón más para odiar las promesas, esas que no se cumplen y que así pasen mil años, no se cumplirán.

“Hoy no es un día especial, pero quiero decirte que te quiero y que te voy a extrañar mucho. Sé que no lo leerás, pero no me importa porque también sé que lo sabes; muchos creen que aprendimos a conectarnos de una manera particular y especial, sin palabras rebuscadas y sin sentimentalismos absurdos y ¿sabes? tienen razón. Fue única y mágica la conexión que tuvimos. No puedo guardarte un minuto de silencio porque todo el día he renegado tu partida, así como tampoco puedo evitar secar mis ojos, por más que lo intento, no puedo sacarme de la cabeza la frustrante idea de que ya no te veré. Te odio porque no sabes lo difícil y pesado que se me está haciendo todo esto".

jueves, 15 de abril de 2010

De conversaciones sin sentido

¿Ser infiel no es pecado si se hace con perlas?, le pregunté a mi amigo mientras él sostenía una conversación XXX en el msn y yo veía la repetición de Desperate Housewives –que fue en donde escuché la frase y era un capítulo viejísimo, por cierto- para que me diera sueño.

- No tengo perlas en este momento, ¿estoy pecando?
- Técnicamente no, pues no tienes una pareja, aunque… ¿tu amigo tiene pareja?
- Sí…
- ¿Tiene perlas?
- No
- ¡Pecadores! Shame on you, bitch…
- Ooh pues, déjanos pecar agusto, envidiosa...

Y como no soy ninguna envidiosa, seguí viendo la serie hasta que me tuve otra idea:

- Me quiero hacer un tatuaje
- ¿Y ahora qué?
- Una libélula, ¿las libélulas son sexys?
- Sí, las libélulas son sexys…
- ¿Cómo mi voz?
- Mmmm, no sé, a ver: habla.
- Imbécil, estoy hablando…
- No, definitivamente tu voz no es sexy cuando me llamas “imbécil”…
- Ok mi amor, ¿qué tal ahora, animalito de la creación?
- ¡Qué diferencia! Ahora sí es sexy; uy, si no fuera gay…
- Shh, si no fueras gay, no dormirías conmigo…
- Dormir contigo no es sexy…
- Lo sé, pero entonces ¿tengo voz sexy?
- Si te digo que sí, ¿me dejarás en paz?
- No…
- Entonces quédate con la duda.
- Me duele la panza…
- ¿Qué cenaste?
- Nada ¬¬’
- Ja, es gastritis…
- Pff, pensé que me dirías que era un embarazo, menos mal que sólo es gastritis….

Y después de un eterno minuto, que en realidad parecían ser cinco o diez, volví a interrumpir su charla:

- Oye, me duele mucho ¿con qué se quita la gastritis? Tengo al menos cinco minutos con ella y ya la odio. ¡Grbrbr!
- Toma leche…
- No me gusta la leche
- Leche con chocolate…
- No me gusta la leche con chocolate
- Entonces no molestes...
- Pero me gusta mucho molestar.
- Lo sé, sobre todo a mí, ¿no? Pilla, ya me amas…
- Sí, sí te amo pero poquito…

Y así fue, querido lector, como me nacieron ulceras en el estómago –no se crean, ese es mi diagnostico, falta que vaya con un médico a pedirle su valiosa y profesional opinón-, de verdad me desespera la ansiedad y el vacío que siento en el estómago.

Aah, pero a la señorita no le gusta desayunar porque le da asco, no come a la hora que debe porque no tiene tiempo, no cena porque engorda -más- y, aparte de todo, es adicta al café. Bien, un logro más en tu vida, diría mi queridísima madre.

martes, 6 de abril de 2010

De nuevos empleos

Con esto de la recesión y el nuevo año que ya no es tan nuevo, que si la gasolina ya subió y nos olvidamos de esos pequeños y lujosos detalles con los que nos consentíamos, que si esto o lo otro, una tiene que buscarle por todos lados, algo se ha de encontrar.

Este es un post muy corto por una razón, es un post para que se revuelquen de la envidia, ¿no han escuchado una frase que dice: poco pero sustancioso? Yo sí, y estoy a punto de aplicarla con ustedes ;)

Ok ya: vine a presumirles mi nuevo empleo. No, no soy azafata, ni actriz, tampoco cantante, ni bailarina exótica. Tampoco soy maestra, ni policía, ni bombero. No soy contadora, ni diseñadora, es más, no soy jefa, pero sé que aún así me envidiarán, ¿saben por qué? Pues porque soy BlogBusera por un día. Sí, por un día nada más pero no me importa, porque al final terminé divirtiéndome como la enana de un metro setenta que soy.

Y si usté está intrigado por saber a que me refiero, vaya corriendo a enterarse, nada más dese prisa que estamos por irnos y no sabemos cuándo regresaremos, ni cómo, ni por qué...

jueves, 1 de abril de 2010

No, ¡No me importa!

En esta vida, en este universo hay mil millones de cosas que no me importan: puedo ser la persona más indiferente ante cosas, conversaciones y/o personas que me resultan irrelevantes. Una de ellas es mi ex.

Mi ex es una persona sumamente feliz y lo sé porque muy seguido se encarga de hacérmelo saber y, a su vez y de la manera más sutil, yo también me he encargado de hacerle saber que esa es una de las mil millones de cosas que, como ya mencioné arriba, no me interesan.

Les platico. Un día que decidí escaparme de mi rutinaria vida y salir a caminar "por ahí", lo vi venir hacía mí tomado de la mano de alguien que, a simple vista, parecía ser su novia; quise fingir no haberlos visto pero él mejor que nadie sabe que soy pésima para hacerme de la vista gorda, así que en cuanto me vio me saludó y yo me “sorprendí”, mi sorpresa fue falsa y con que él lo supiera me bastaba. Ella me miró, lo soltó de la mano y dio unos cuantos pasos para alejarse de mí, la pobre quizás piensa que quiero robárselo, yo sólo quiero hacerle saber que no es así, al menos de momento no está en mis planes quitarle su felicidad.

Medio hablamos por cinco minutos, nos sonreímos hipócritamente, nos manoseamos los brazos y la nariz, y entonce me dijo mientras la señalaba:

- ¿Ves eso que está ahí? Se llama “amor”…
- Oh-, le dije mientras volteaba a verla, -yo pensé que se llamaba (inserte-aquí-nombre-de-protágonista-de-telenovela-de-bajo-presupuesto) y que le apodaban “premio de consolación”. Me dio gusto verte, como siempre, tan feliz…

Cuando me decidía a emprender mi ya conocida huida, él procedió a hacerme saber que mi receptor de sarcasmo estaba descompuesto para empezar a platicarme amargamente uno de los tantísimos problemas que tiene con ella, yo lo veía y pensaba: ¿qué se cree este grandísimo animal? Y fue cuando tuve la grandiosa idea de interrumpirlo al tiempo que me señalaba a mí misma:

- ¿Ves esto que está aquí? Se llama ex novia: aprende a distinguir personas, tiempos y espacios, no a todos nos interesan tus problemas.

Le dí un beso rápido en la mejilla, una palmadita consoladora en el brazo y seguí caminando.

Mientras caminaba pensaba en lo grosera que me había portado, quizás él sólo quería que me sentara en una banca a escucharlo mientras tomábamos café, pero después recordé que no soy una consejera con ética: a mis ex’s suelo darles siempre el peor de los consejos, pero juro que sin malas intenciones. Lo juro, Karma.

La próxima vez quizás nos encontremos en algún café y, por el bien de su relación, espero que no se acerque a saludarme, a menos que sea para pagar mi cuenta. Mientras eso pasa, seguiré prefiriendo los encuentros rápidos que no provocan rupturas de corazones ni honorarios.

sábado, 27 de marzo de 2010

¡Me voy a casar!

¿Por qué? ¿Cuándo? ¿CON QUIÉN?, fueron preguntando de una en una conforme iban conociendo la nueva noticia, el problema no fue cuando les respondí por qué, ni cuándo, el problema fue cuando dije con quién: Pues con el chaparrito, tonta…

En orden, sus reacciones fueron:

La neurótica que todos quieren: Estás loca. Estás mal. Estás idiota, ¿cómo puedes siquiera considerar esa idea después de todo? No cuentes conmigo para nada, no pierdas tu tiempo en invitarme porque no iré, no puedo creer que hagas eso con tu vida, eres… eres… eres… bueno, felicidades: ¡Felicidades por arruinar tu vida! -Inserte aquí sermón de veitne minutos-.

La que tiene en loop eterno a su ex: Ya sabía que esto iba a terminar pasando, se nota que no lo has superado y que todavía lo quieres, y créeme que te entiendo, no es lo mejor, no es lo más sano pero, si es por amor, adelante. Por cierto, yo tampoco iré… si acaso a la despedida de soltera, pero a la boda no. ¡NO! Ni a la despedida de soltera.

La incrédula que no sabe callarse nada: -Después de reírse como loca por casi cinco minutos- No amiga, pues… ¿felicidades?… tan, tan, tataaaaaaan… yo sí voy a ir sólo para comprobar que sí es verdad, no te creeré hasta que te vea en el altar o en algún juzgado. Qué mala onda que una decisión tan importante la tomes tan a lo pendejo, digo, en caso de ser cierto, porque todavía no creo que seas tan mensa, por no decir pendeja para regresar con él, muchísimo menos para casarte… tan, tan, tataaaaaaan….

El que lo dice todo con los ojos: ¡ERES UNA TONTA! Olvida que algún día nos conocimos, tanto que te apoyamos cuando el imbécil te mandó a la chingada y ahora sales con esta estupidez.

La que siempre me apoya, esté bien o mal: Orale, pues muchas felicidades, si crees que eso es lo que necesitas, está bien, échale ganas y pues, no estoy de acuerdo pero sí voy a ir a la boda, ¿ya le dijiste a tu mamá? ¿Cómo fue que tomaste una decisión así de la noche a la mañana y sin que supiéramos?

A todas sólo les respondía: Entiéndeme, es que todavía lo quiero y él a mí.

No recibí ningún abrazo, ninguna felicitación sincera, sólo reclamos y más reclamos, me auguraron el peor de los futuros y definitivamente eso me puso a pensar en muchas cosas, como por ejemplo, ¿cómo me hubiera sentido si eso que dije fuera real?

Cuando les dije que no era verdad me odiaron por haber jugado con sus sentimientos, pero me amaron porque a final de cuentas sólo se los dije porque no tenía nada más importante qué decir o hacer, ah, y porque aun no estaba considerando en dar semejante paso y menos con él.

Yo también las amo, porque a pesar de todo lo que ahora nos separa: distancia, tiempo, intereses, etcétera, siguen conociéndome y saben perfectamente que eso del reciclaje no es lo mío.

jueves, 25 de marzo de 2010

Tentaciones al alcance de un click

Una vez le dije a una amiga: Cuando tenga cuenta en Facebook, córtame mis deditos. Ahora la he estado evitando porque de verdad extrañaría mis deditos. Snif…

Admito que una vez escribí un post en donde criticaba a quienes tenían no una cuenta en Facebook, sino una granja: FarmVille es de lo más adictivo que he conocido, cuando creé mi cuenta pensé que era una red social más tipo Twitter, pero no: encontrar a alguien en Facebook es más fácil que en Twitter. Y fue así como comenzó mi vida de stalker.

Primero buscaba a mis amigos, que si con el filtro del correo electrónico, que si por sus nombres y apellidos y, al ver que era tan sencillo, busqué a mis ex, después de mis ex siguieron las personas que no me caían tan bien y al final ella: la innombrable, que es la única persona sobre la faz de la tierra que odio. Me enteré de cosas que jamás imaginé, vi imagenes que jamás creí ver pero yo seguía ahí.

En fin, mi estancia en Facebook había resultado ser tan placentera hasta que empecé a recibir montones de invitaciones a FarmVille, invitaciones que nunca fueron abiertas hasta que una amiga empezó a acosarme con que la aceptara, que ella quería hacer no-sé-qué-carajos con su granja y que necesitaba tener más vecinos. Acepté su invitación y la de otras personas, visité por primera vez mi granja, sembré no-recuerdo-qué y lo dejé en el olvido. Pasarían unos tres días y un día llegó esa amiga a mi trabajo, yo estaba terminando de stalkear en Facebook, perdón, de trabajar y me preguntó por mi granja:

- Ah sí… emmm, no, ni idea de qué fue de mi granja…
- Ay a ver, déjame ver…

Entró, husmeó un poco y entonces procedió a hacer algo que jamás debió haber hecho: enseñarme a sembrar y el tiempo que debía pasar para poder cosechar, la manera de utilizar monedas, comprar tierras, etcétera. Esto ocurrió el Viernes que pasó, hoy, cinco días después soy nivel 12 y tengo dos conejos.

FarmVille se volvió tan adictivo que he pensado en cerrar mi cuenta, pero no lo he hecho porque sé que lo volveré a hacer ya que de verdad es tan fácil dar click aquí, click allá; aparte si me doy de baja, seguro ya no podré visitar a mis ya consentidos “vecinos” y es que ser stalker es tan divertido. No lo pueden negar.

Enajenación es, definitivamente, la palabra de la semana -y no lo digo precisamente por mi granja-.


Pd. Feliz cumpleaños a mi amiga Lily que es de las poquísimas personas que agradezco haber conocido, pocas mujeres como ella. Y también feliz cumpleaños al novio de la lil~sis, que es de las personas que agradezco que ella haya conocido, sólo con él dejó las amargancias de lado (:

jueves, 18 de marzo de 2010

Soltera por convicción

Hoy, mientras caminaba por cierta plaza de mi hermoso rancho, vi que en la iglesia de enfrente estaba por celebrarse un matrimonio. No pude evitar sentarme en una de las bancas de la plazuela para presenciar la llegada de la novia.

Se bajó de un automóvil con un enorme arreglo de alcatraces en el cofre; ella con una radiante sonrisa y un ramo de flores y listones en sus manos, con un vestido largo y una cola de no menos de dos metros, pero un "pajecito" de 1.70 metros. Me mostré sumamente interesada en tan singular acontecimiento -en realidad por el "pajecito" que no estaba de mal ver- así que rápidamente saqué mi celular y le marqué a una amiga:

- Si, ¿bueno?
- Ey, estoy en el parque que está frente a la iglesia: hay una boda.
- Corre, ve y dile a esa pobre mujer que no se case, que para qué se casa si después sale más caro el divorcio...

Nos reímos y empezamos a hacer lo que sólo nosotras sabemos hacer: escupir veneno echar chisme

Me preguntaba que había y comencé a describir la escena, ella sólo respondía con esporádicos "ajá" y "orale, ¿qué más?", mientras yo seguía describiendo al pajecito, perdón, a la inmensamente feliz novia.

Así estuvimos hablando mal del matrimonio -y bien del pajecito- al rededor de 10 minutos, hasta que nos dimos cuenta de que no éramos nosotras las que pensábamos eso, sino que quien hablaba por nosotras era nuestra corroída envidia.

- ¿Te das cuentas?-, me dijo- Estamos criticando lo que quizás nosotras estemos haciendo en unos años...
- Sí, sí me doy cuenta, y no, no creo estar así yo en unos años...
- Cállate, que de seguro serás la primera que se case.

Admito que eso me dejó pensando mucho acerca de mi situación actual y no me da pena decir que soy soltera por convicción y no por obligación, tampoco me apena decir que me aterra el matrimonio y que a pesar de eso, sé que quizás sí me case antes que mi amiga.

De mí puedo decirles muchas cosas, pero hoy les diré porqué, desde hace mucho tiempo, prefiero responder: soltera y sin compromiso, a las personas que cuestionan mi estado civil, el "sin compromiso" no es parte oficial de la respuesta a esa cuestión, pero me gusta cómo se escucha.

He descubierto que soltera puedo hacer el doble de cosas que haría teniendo un compromiso -y no precisamente un compromiso matrimonial- y me gusta; a éstas alturas de mi vida ya no me concibo dando explicaciones de a dónde voy y con quién, a qué hora salgo y a qué hora regreso, esas son explicaciones que dí durante cuatro años la última vez y ahora, a seis meses de extremas soltería, es algo que ya no deseo hacer, al menos durante algún tiempo.

Sé que no todas las relaciones son así, sé que hay quienes saben respetar la individualidad de cada persona, pero en lo que encuentro a alguien así, prefiero seguir siendo la soltera que sale cada vez que quiere, con quien quiere y, porqué no, como quiere.

Tengo veintitrés años y aprendí a amar la soltería, la soledad, mi libertad. Aprendí a amarme a mí misma y sobre todo aprendí que sola o acompañada nunca se debe perder la esencia, esa esencia que nos hace únicos e irreemplazables.

Y sí, quizás en unos años yo esté en el lugar de la novia que vi hoy, la sonrisa y la felicidad que ella irradiaba serán mías, mi vestido será aún más blanco y mi pajecito seguramente medirá a lo mucho medio metro y entonces, quizás, habrá alguien más sentada en alguna banca de la plaza de enfrente criticando el paso que estaré por dar, pero nada de eso me importará porque sé que quien me espere junto al altar será la persona indicada. Tiene que serlo.

martes, 16 de marzo de 2010

Acerca de traumas y hermanas menores

El sábado estaba alistándome para irme a trabajar, mientras la lil-sis veía cómo me delineaba los ojos y cuando llegó el turno de arreglar mis cejas, me pregunta:

- ¿Por qué tú si tienes mucha ceja, bien delineada y yo… bueno, yo prácticamente no tengo ceja?
- Porque a mí me tocó ser bonita y a ti no.
- Ja, ahora entiendo por qué mis bubbys son más grandes que las tuyas…
- Sí, por la misma razón que yo tengo una sabrosas caderas y tú, bueno, no entremos en detalles…

Con sus ojitos sorprendidos, y después de algunos minutos, respondió:

- Pues dice mi mamá que echando a perder se aprende…
- Eso te dice para que no te sientas tan mal, a mí me dice que uno siempre se esmera con lo primero que hace, aparte yo sí fui deseada…
- Por tu culpa mis papás se casaron…
- Y por la tuya se divorciaron…

La lil-sis es tan adorable que por más que se empeñe en hacer que la odie, no puedo odiarla, porque si nos odiáramos no nos hablaríamos y no podríamos tener tan singulares conversaciones.


Enana, admítelo: soy más bonita que tú pero, a pesar de tus defectos físicos y emocionales, te quiero :D

lunes, 15 de marzo de 2010

Érase una vez

Él y yo éramos inseparables, siempre iba conmigo a donde yo quisiera, nunca se quejó a pesar de que muchas veces no lo traté bien, me enojaba y él sufría las consecuencias: le gritaba e incluso llegué a golpearlo porque sencillamente no me gustó lo que mis oídos escuchaban.

Siempre me declaré dependiente de él, pero nunca noté lo importante que era para mí porque nuestra relación era tan estrecha que jamás existió una lejanía de más de unas horas. En verdad era lindo, era tan... táctil.

Podía pasar todo el día tocándolo, y cada vez que posaba mis uñas sobre él sentía que vibraba de una manera tan graciosa y sutil que sólo yo podía sentirlo.

Por desgracia ayer me dijo adiós y hoy siento que el aire me falta, en verdad una parte muy importante de mí se fue con él, algunas cosas tan irrecuperables que me dan ganas de tirarme al piso a llorar; todo el día pensé en la mejor manera de recuperarlo pero, cuando puse en marcha mi plan, me di cuenta de que todo era inútil. Intenté llamar pero una grabación me decía: El número que usted marcó no está disponible o se encuentra fuera del área de servicio, por favor, inténtelo más tarde.

Ahora odio con todo mi corazoncito al imbécil que se quedó con mi celular y que, cuando amablemente le dije: ¡devuélvemelo, infeliz!, sólo me respondió: lo siento pero yo no lo tengo.

Jamás había perdido un celular, incluso siempre he criticado a las personas que lo han hecho porque pienso: ¿cómo carajos puede perder el celular? Hoy descubrí cómo, y de verdad es tan cruel y desesperante. Snif.

viernes, 12 de marzo de 2010

Una spoiler en el Wonderland

Nunca en mi vida había esperado tanto una película, de hecho creo que jamás en mi vida había estado tan ansiosa por ver la adaptación de un clásico en la pantalla grande. Mi sueño del 2010 era poder ver Alice in Wonderland y hoy lo hice.

Sólo puedo decirles que he visto filmes con más y mejores efectos especiales, con mejores tramas y, bueno, no soy crítica de cine ni mucho menos pero estoy sumamente decepcionada de Tim Burton y Jhonny Deep; antes el saber que trabajarían juntos, me hacía pagar orgullosa mis cincuenta pesotes para ver su trabajo, al ver sus nombres juntos se me venía a la cabeza la palabra calidad pero hoy definitivamente eso no pasó.

Supongo que no aprendí nada de otros libros que han sido llevados al cine y de las grandes decepciones que me he llevado. En lo personal, Alicia se ha unido a ellos.

Me gustó el reparto en cantidades industriales, me gustó la historia, no es mala pero le falta demasiado para ser excelente. Las escenas lúgubres típicas de don Burton y, como siempre, Jhonny se veía orgasmicamente adorable. La Reina Roja no pudo estar mejor, incluso me gustó más que la Reina Blanca. Amé a Tweedloom y Tweedlim y al gato Chesire.

Confieso que la vi doblada y de antemano sé que las películas siempre son mejores con el audio original, porque aparte de todo, hicieron un pésimo doblaje. Esa es una buena razón para darle una segunda oportunidad.

¿Efectos especiales? Quisiera tener las palabras adecuadas para definirlos, la única que tengo en mente de momento es: rebuscados. Sad but true.

Juro que no vuelvo a gritar de la emoción cuando uno de mis libros favoritos intente ser adaptado. Lo juro.

Mi único consuelo es que no pagué más por verla en 3D y que las palomitas estaban recién hechas.

jueves, 11 de marzo de 2010

Reacción en cadena

A todos nos ha pasado que llegamos al cine, faltan diez minutos para que empiece la película que queremos ver y corremos a la taquilla a comprar los boletos pero al llegar nos damos cuenta que hemos sido engañados una vez más por la pésima administración de la página web de Cinépolis: la función de las diez no está disponible de momento, y la de las nueve y treinta ya comenzó, dice la chica de la taquilla con esa voz mecánica que debe poseer todo aquel que desee trabajar en tan importante cadena. Al final compramos boletos para la función más próxima, ¿por qué? Pues porque ya estamos ahí y pensamos: No me bañé para terminar en mi casa con mi pijama rosa.

Para la función más próxima faltan veinte minutos, y otra cosa que también falta es ir por un amigo a su casa. Salen corriendo para ir por el amigo que falta y justo cuando llegas a su casa, te dan ganas… insoportables y castrantes ganas de usar un baño. Faltan diez minutos y tu amigo no sale, por lógica, tampoco te ha prestado el baño. Después de un minuto de bailes raros, sale tu amigo y te ofrece el baño: ya no, es tarde, usaré uno de allá.

¿Qué película vamos a ver?, y después de haber mencionado el título largo y nada interesante de la película que se eligió, él tiene la brillante idea de responder: Uy, no les va a gustar…

¡Lo sabía! Desde que no pude aprenderme el título a la primera supe que no me gustaría.

Pensando que los boletos se pueden cambiar, otra vez corremos a la taquilla y ahí nos dicen que es un trámite que sí se puede realizar pero en atención al cliente. Curiosamente, y gracias al perfecto alineamiento de los planetas, “atención al cliente” está junto a los baños.

Llegamos y en atención al cliente nos dicen amablemente que los boletos no se pueden cambiar porque la función ya empezó. Nos sentimos las personas más miserables por haber llegado DOS MINUTOS tarde y no haber podido cambiar las entradas debido a nuestro imperdonable retardo. Resignados nos dirigimos a la dulcería a comprar las indispensables palomitas acarameladas con su respectivo vaso jumbo de refresco.

Ya tenemos palomitas, sodas y las entradas, lo que no tenemos son ánimos de ver una película que, de antemano, sabemos que no nos gustará, y como es el día de las ideas brillantes pensamos y ya nos da lo mismo ver esa película u otra, volvemos a la taquilla y vemos los horarios de otras funciones: en la misma área hay tres películas más, de las cuales una ya la vieron tus acompañantes y las otras dos ya las viste tú. Decides que una de las que viste no es tan aburrida como la otra y te sacrificas: damos estas entradas y nos metemos a tal función, ¿todos de acuerdo? Bien.

Justo al ir entrando a la “sala equivocada”, el gerente va saliendo del baño y como somos personas tan decentes y honestas que no despistamos que estamos haciendo algo “malo”, nos descbre pero no dice nada. Dos se arrepienten, una ya está adentro así que ante la indiferencia del gerente optamos por seguirla, después de todo, ¿qué tan malo puede ser? Al entrar, nos damos cuenta que la sala está prácticamente vacía, así que los remordimientos de conciencia desaparecen.

Nos damos el lujo de acomodar nuestras sabrosas carnes en la butaca que más nos gusta y, cuando ya estamos bien instalados, vemos que se asoma el gerente y el chico que nos recibió las entradas. Las buenas ideas se escasean y no nos queda mas que admitir que “hicimos trampa” y nos salimos de la sala resignados a ver una película de título-largo-no-interesante que no queríamos ver porque “no nos iba a gustar”. Odio la predisposición.

Después de cinco bochornosos minutos nos damos cuenta de que estamos afuera, sí, afuera de las salas porque se nos pidió “de la manera más atenta” que abandonáramos las instalaciones.

Y bueno, sé que no a todos les pasa, eso sólo me pasa a mí y no, no me arrepiento, en realidad yo me morí de la risa, incluso todavía me acuerdo y lloro, pero de la risa por recordar la cara incrédula de mi amiga y su risa nerviosa porque nos corrieron y la cara de vergüenza y preocupación de mi amigo mientras nos decía una y otra vez: te lo dije, te lo dije…

Yo quise volver hoy, pero creo que no les causó gracia, así que creo que Alicia tendrá que esperar.

Todo fuera como perder un par de entradas. Pff!

domingo, 28 de febrero de 2010

Vuelo 407

Hace poco más de un año me encontraba sola en un bar del aeropuerto leyendo un libro, escuchando despegar y aterrizar aviones, viendo cada cinco minutos el reloj, y cada que lo veía revisaba mi celular esperando que, con algo de suerte, llegara la llamada que nunca llegó. Acepto que en aquel entonces deseé con todas mis fuerzas que me llamaras y me dijeras que todo había sido una pésima broma, pero no fue así.

Dos días antes me habías dicho que necesitabas descansar, lo que en ese momento no quise entender es que era de mí de quien querías descansar, fue cuando arrebatadamente decidí estar en donde me encontraba en ese momento. Dicen que los viajes calman las crisis, yo sólo quería comprobarlo.

Cuando mi vuelo fue anunciado, fui la última en abordar porque de verdad creía que llamarías, pero nunca lo hiciste, bien me había dicho mi amiga Lily.: Eso sólo pasa en Hollywood, fue cuando descubrí que un aeropuerto y un set de grabación no se parecen en absolutamente nada.

No sé cuánto duró el vuelo porque me quedé dormida. Cuando desperté me dí cuenta de que ahora me encontraba a miles de kilómetros de ti. Tenía los ojos tan rojos que ya no sabía si culpar al sueño que tenía o a las lágrimas que había derramado horas antes y que, esporádica e inesperadamente, inundaban mis ojos de vez en cuando.

Estando ya en mi destino, fui directamente a recoger mi equipaje, llevaba dos enormes maletas y, por si no lo sabes, de entre todas las cosas que había metido ahí, no había un solo alfiler que llevara tu nombre, suficiente tenía con llevarte en el pensamiento.

Estaba parada esperando ver mis maletas pero, antes que ellas, pasaron cientos: de muchos colores y tamaños; después de casi una hora empezaba a desesperarme y tú mejor que nadie sabe que cuando me desespero, me pongo a llorar y, por si eso no fuera suficiente, me traiciona mi vejiga y mis ganas de ir a un baño se vuelven insoportables, así que salí corriendo al más cercano que encontré. Cuando salí vi mis dos pequeñuelas en aquella banda, las tomé tan rápido como pude y salí a la sala de espera.

Había poca gente, así que no fue difícil encontrar aquella cara tan familiar con largos cabellos que ya no eran tan rojizos como los recordaba, sino chocolate con unos definidos listones color paja que, sinceramente, le acentuaban ese toque de glamour del que siempre ha sido esclava, me saludó con el brazo y cuando se movió, pude ver que detrás de ella estaba él, con la misma sonrisa de siempre y con unas imperceptibles canas en su rizado cabello. Corrí y lo abracé pero, al sentirse ignorada, ella me tomó por el brazo y me dijo: No has cambiado.

- Claro que he cambiado, sólo que sigo prefiriéndolo a él, tonta.
- Abrázame-, ordenó mientras me extendía sus delgados brazos y me mostraba sus imperfectos dientes con una sonrisa. ¿Cómo negarme?

Camino a casa terminé de comprender que ya estaba ahí y que, aunque no quisiera, ahí me quedaría. Ella iba manejando y él iba de copiloto, así que para mí fue más fácil disimular las lágrimas que recorrían mis abultados pómulos, y cada suspiro lo terminaba con el típico: ¡Cuánto ha crecido todo desde la última vez!

Ese fue el primer día, los otros dieciocho los pasé entre edificios, smog y tumultos, fueron los dieciocho días más largos de mi vida y en los que, sinceramente, menos te recordé, hasta que una mañana sonó mi teléfono y, hasta entonces, llegó esa llamada que tanto había esperado.

¿Recuerdas lo que me dijiste? Yo tampoco, para ese entonces ya no eras importante para mí.