domingo, 28 de febrero de 2010

Vuelo 407

Hace poco más de un año me encontraba sola en un bar del aeropuerto leyendo un libro, escuchando despegar y aterrizar aviones, viendo cada cinco minutos el reloj, y cada que lo veía revisaba mi celular esperando que, con algo de suerte, llegara la llamada que nunca llegó. Acepto que en aquel entonces deseé con todas mis fuerzas que me llamaras y me dijeras que todo había sido una pésima broma, pero no fue así.

Dos días antes me habías dicho que necesitabas descansar, lo que en ese momento no quise entender es que era de mí de quien querías descansar, fue cuando arrebatadamente decidí estar en donde me encontraba en ese momento. Dicen que los viajes calman las crisis, yo sólo quería comprobarlo.

Cuando mi vuelo fue anunciado, fui la última en abordar porque de verdad creía que llamarías, pero nunca lo hiciste, bien me había dicho mi amiga Lily.: Eso sólo pasa en Hollywood, fue cuando descubrí que un aeropuerto y un set de grabación no se parecen en absolutamente nada.

No sé cuánto duró el vuelo porque me quedé dormida. Cuando desperté me dí cuenta de que ahora me encontraba a miles de kilómetros de ti. Tenía los ojos tan rojos que ya no sabía si culpar al sueño que tenía o a las lágrimas que había derramado horas antes y que, esporádica e inesperadamente, inundaban mis ojos de vez en cuando.

Estando ya en mi destino, fui directamente a recoger mi equipaje, llevaba dos enormes maletas y, por si no lo sabes, de entre todas las cosas que había metido ahí, no había un solo alfiler que llevara tu nombre, suficiente tenía con llevarte en el pensamiento.

Estaba parada esperando ver mis maletas pero, antes que ellas, pasaron cientos: de muchos colores y tamaños; después de casi una hora empezaba a desesperarme y tú mejor que nadie sabe que cuando me desespero, me pongo a llorar y, por si eso no fuera suficiente, me traiciona mi vejiga y mis ganas de ir a un baño se vuelven insoportables, así que salí corriendo al más cercano que encontré. Cuando salí vi mis dos pequeñuelas en aquella banda, las tomé tan rápido como pude y salí a la sala de espera.

Había poca gente, así que no fue difícil encontrar aquella cara tan familiar con largos cabellos que ya no eran tan rojizos como los recordaba, sino chocolate con unos definidos listones color paja que, sinceramente, le acentuaban ese toque de glamour del que siempre ha sido esclava, me saludó con el brazo y cuando se movió, pude ver que detrás de ella estaba él, con la misma sonrisa de siempre y con unas imperceptibles canas en su rizado cabello. Corrí y lo abracé pero, al sentirse ignorada, ella me tomó por el brazo y me dijo: No has cambiado.

- Claro que he cambiado, sólo que sigo prefiriéndolo a él, tonta.
- Abrázame-, ordenó mientras me extendía sus delgados brazos y me mostraba sus imperfectos dientes con una sonrisa. ¿Cómo negarme?

Camino a casa terminé de comprender que ya estaba ahí y que, aunque no quisiera, ahí me quedaría. Ella iba manejando y él iba de copiloto, así que para mí fue más fácil disimular las lágrimas que recorrían mis abultados pómulos, y cada suspiro lo terminaba con el típico: ¡Cuánto ha crecido todo desde la última vez!

Ese fue el primer día, los otros dieciocho los pasé entre edificios, smog y tumultos, fueron los dieciocho días más largos de mi vida y en los que, sinceramente, menos te recordé, hasta que una mañana sonó mi teléfono y, hasta entonces, llegó esa llamada que tanto había esperado.

¿Recuerdas lo que me dijiste? Yo tampoco, para ese entonces ya no eras importante para mí.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Hoy, en intercambio de ideas: LB

Hoy empieza el séptimo festival, no pensaba participar pero bueno, ya saben que tengo cierta fijación por este número que, a su vez, es el número de la perfección y blah, tantas cosas que realmente no tienen trascendencia. Pásemos al tema principal.

Me tocó recibir a la señorita sedcutora de cuerpos y almas: LB, quien trae para todo ustedes el siguiente texto:


Porque no estamos tan lejos del infierno.
Un día como otro cualquiera... viviendo entre siete pecados.


La luz entra por mi ventana. Estoy acostada en una enorme cama y envuelta en una sábana blanca. Estiro los brazos y las piernas deshaciéndome de lo último que queda de ese pequeño dolor de cabeza que suele darme cuando tomo demasiadas copas de brandy combinadas con cerveza. Volteo hacia el tocador de cristal que está junto a mi cama y veo que el reloj marca las 10 de la mañana. A través de la ventana entra el ruido de la gente que camina de prisa sumidos todos en su vida llena de actividades. Yo debía de estar en el trabajo, sin embargo heme aquí, en mi cama, disfrutando del privilegio del "no me dicen nada si no voy". Mis piernas sólo me responden para alcanzar la laptop, prenderla y poner un poco de música. Regreso a la cama con una copa de vino en la mano, y ya estando acostada tomo un Benson dispuesta a hacer mentalmente el recuento de los daños de la noche anterior. Lentamente y de apoco vienen a mi los recuerdos.

Todo había comenzado con el banquete, supuestamente sólo comeríamos juntos. Pronto sería su cumpleaños, así que teníamos que celebrarlo en grande. Y sí que lo hicimos, en la mesa había camarones para pelar y empanizados, pulpos encebollados y en su tinta, manitas de cangrejo, empanadas de jaiba, filetes de pescado, arroz, ostiones y cervezas, mucha cerveza oscura, y una botella de brandy. De lo que había sobre la mesa quedó nada. Y así llenos y hasta exhaustos de tanto comer, subimos a su coche para ir a su departamento para recoger mi carro.

Subimos a un BMW Z2, convertible color plata; y mientras tomábamos rumbo hacia la playa, yo iba por ratos comiéndolo a besos, por ratos fumando y por ratos alzándome descaradamente la falda para que él se fuera haciendo a la idea del postre. Llegamos a la entrada de los departamentos; y el portón eléctrico fue abierto por un empleado al que jamás veo; bajamos del coche y subimos por el ascensor que tenía una vista espectacular a la alberca del edificio. La puerta del piso se abrió dejando ver la ostentosidad de un departamento de soltero, muebles de piel, equipo de sonido integrado en toda la casa, y un cuarto ambientado al estilo oriental con cosas importadas desde el mismo Japón.

Entramos al cuarto y poco a poco me fuí quitando la ropa, le vendé los ojos y le susurré cosas sucias, muy sucias, al oído mientras le iba quitando la ropa muy lentamente. Iba justo en el pantalón cuando sentí el vibrar del Nextel. Y ahí terminó el encanto. El con una sonrisa en los labios le contestó la llamada a su novia. Y entonces yo, la "sin corazón" sentí una espina clavada en el orgullo, en el estómago y en el corazón; y por segundos pasó por mi mente el irme, decirle que ya no. Pero al verlo, con su tórax desnudo y enviándome esa sonrisa, mientras estiraba su brazo y me rodeaba de la cintura; decidí rendirme a mis bajos instintos.

Y apenas él colgó, entrelazados nuestros cuerpos comenzaron una danza de besos, abrazos y caricias. Nos pusimos frente al espejo y mirábamos atentos los movimientos que cada uno tenía sobre el cuerpo del otro. Le puse atención a mi imagen, me veía hermosa ahí desnuda, mi rostro se veía divino con ese brillo que sólo el sexo bueno sabe darle al cutis; veía sus ojos y me perdía en ellos maravillándome de la mirada de pasión. El me dio la espalda y lo recorrí suavemente hasta llegar a sus nalgas que mordí despacio apenas rozándolas con mis dientes; se derretía de placer en mi boca y yo me mojaba de sólo pensar que lo estaba excitando. Nos recostamos en la cama mientras nos masturbábamos mutuamente, me ponía de frente, de espaldas, de lado, me dio placer con su boca y yo le regresé el favor al doble. Me recorría toda con su lengua, me besaba y mordía el cuello, los labios, la cintura, mis pechos hasta que a la par explotamos en el mejor de los placeres.

Pero ninguno de los dos estaba cansado. Así que cambiando de escenario caminamos hasta el jacuzzi. Nos abrazamos dejando que el agua recorriera nuestros cuerpos. Nos besamos, nos besamos mucho; y así sentados uno frente a otro cada uno comenzó a masturbarse. El me veía atentamente cómo me acariciaba, cómo introducía mis dedos en mi ser, cómo me tocaba los pechos y cómo poco a poco volvía a llegar al clímax. Me acerqué lentamente a él y subiendo por su cuerpo lo recorrí todo hasta que lo tuve dentro, y así juntos por un buen rato y de distintas formas hicimos el amor.

Nos amaneció y con el día vino la realidad de la vida. Ni siquiera había salido el sol cuando un brazo me rodeó, y fue entonces cuando de sus labios salió su nombre, el nombre de su novia entre un suspiro de amor. Así que me levanté de la cama, y después de que mis ojos me devolvieran una mirada de desprecio en el reflejo del cristal de la ventana, salí del cuarto mientras me vestía al ritmo de mis pasos que iban decididos a la puerta.. Ni siquiera dije adiós. Subí a mi coche con la mente en un mundo paralelo; me veía en un lugar sombrío intentando alcanzar mi postre favorito mientras éste se desvanecía en mis dedos, arrodillada entre piedras y picos cantando una penitencia, con mis hermosos ojos cerrados para siempre mientras las llamas ardían a mi alrededor por la eternidad. El horror de mis pensamientos era tal, que no vi cuando un coche cerró mi camino y casi me estrello contra él. Saliendo de mi pesadilla reaccioné y fue la mirada perversa del otro conductor, quien con una sonrisa me recordó lo jodidamente buena que me veía esa mañana y lanzando una carcajada al aire empecé el día resignada a vivir pecando.

...

LB, muchas gracias por tu participación (:

domingo, 14 de febrero de 2010

Efecto Cupido

Sí, toda la semana estuve literalmente insoportable. Quise culpar a las hormonas pero, aún cuando mi periodo ya se había extinto, seguía de nenita: que si todos me ignoran, que si fulanita me odia y sutanito ya no me quiere; pobre Nemo, está lejos de casa, blah.

Por otro lado, hablé mucho con "alguien", esta fue la semana de la comunicación: llamadas, mensajes, visitas sorpresa, chocolates, palabras melosas, sonrisas y demás cosas cursis y pendejas a las cuales ya no estoy acostumbrada. Sobra decir que ya he mandado todo al carajo porque me da una flojera inmensa el que me busque sólo porque piensa que estoy necesitada de cariño -cosa cierta, tan cierta como que a él no le debe importar-.

Expertas en la materia quisieron deducir a qué se debía mi chipileria insana con sabias y crueles palabras:

- Es que ya se acerca el día del amor, amiga, te sientes frustrada por no tener con quien compartir tus carnes, me dijeron.

La verdad es que no, no me afecta el 14 de febrero, ni estar sola -sentimentalmente hablando-, tampoco me afecta ver cómo la gente cochina e indecente hace orgías de gérmenes bucales por cada rincón de la ciudad para después ir a meterse a un motel -quien estrene maternidad a mediados de Noviembre, no necesitará decirnos lo mucho que disfrutó Febrero-, no me molesta ver corazones mal hechos con un te amo mal escrito, tampoco me importa ver la cantidad industrial de flores que hay por doquier -aparte las flores ni me gustan, pff-, lo que me provoca realmente muchísima envidia, es ver cómo todos comen dulces sin el menor remordimiento: chocolates, paletas, chocolates, bombones, chocolates y más chocolates. Juro por mami Madonna que a eso se debe toda mi frustración. Malditos sean los mulsos absorbedores de carbohidratos que me dio gentilmente la despiadada naturaleza.

Cof, cof… Yo sólo les quería decir que este es el primer 14 de Febrero en muchos años que voy a estar sola como hongo venenoso y alucinógeno, pero no me importa porque el día de ayer me encargué de enviarle un mensajillo, informándoles de mis sucios planes, a algunas amigas y el domingo vamos a ir a comer, a beber, a comer más y a seguir bebiendo y, ya ebrias, planearemos la mejor manera de secuestrar y amordazar a nuestro querido amigo Cupido. Yay.

Por cierto, no pude resistirme:



Aysh, me odio por ser adorablemente ñoña y cursi


Diviértanse como enanos y ámense como Dios lo pidió: los unos sobre los otros ;) o, ¿cómo era?

viernes, 12 de febrero de 2010

Cómo hacer una tarjeta de San Valentín... y una vida miserable

Se necesita:
* Básicamente una computadora, saber usar Google, leer, escribir y seguir instrucciones.

* Hojas, cartulina, resistol, diamantina, pluma, marcadores, tijeras, listones. En fin, todo lo que se les indique en la lista que está debajo de la palabra “material”.

* Tiempo para perder sin remordimiento de conciencia.

* Una hermana maldita -esto es lo más, más, más importante-.

Manos a la obra.
Prendes tu compu, googleas “cómo hacer una tarjeta de San Valentín” y, de entre todos los resultados que arroje tu búsqueda, elijes la más ñoña, la que tenga más corazones, la que más reto te inspire o, simplemente, la que más te guste.

Ya que encontraste el modelo a plagiar, procedes a seguir los pasos -aquí es cuando descubrimos qué tan buenos somos para seguir instrucciones- y voilá, ya tienen su tarjeta ñoña y barata de San Valentín.

Ahora les diré para qué sirve la hermana maldita.

En mi caso, encontré una tarjeta muy padre estilo pop-up. En este punto no sólo descubrí que soy buena para seguir instrucciones y recortar, sino que también me dí cuenta que de verdad tengo paciencia de ángel, mártir o cualquier cosa-persona con harta paciencia.

Estuve mucho tiempo recortando corazones, hice unos pequeños, unos medianos, unos grandes y otros un poco más grandes, ¿por qué? No lo sé, pero quería hacer corazones que, al final, tuvieron un buen uso que no tiene nada que ver con la tarjeta.

Cuando por fin terminé mi hermosa tarjeta llena de corazones rojos, se acerca la lil-sis:

- ¿Qué haces?
- Nada…
- Ay, ¿en serio? Qué curioso, por un momento tuve la ligera sospecha de que hacías una tarjeta…
- Ah pues mira qué sospechas tan acertadas… ¿quieres verla?
- Sí…
- Ábrela…

Cuando la desdobla, se despliegan unos corazones.

- Aww, qué bonita… pero, ¿como para qué o quién es? Digo, tú no tienes a quién dársela.

Tomé sutilmente mi bella y odiada tarjeta de entre sus manitas, la metí en un libro que se fue directo a mi bolsa, apagué la lap, limpié las tiras de papel que había a mi alrededor, abrí mi cama y me acosté. Todo con su respectivo silencio incómodo.

- ¡NO! No me digas que te enojaste…
- No, sólo me sentí miserable.

Y, aunque usted no lo crea, eso es lo más sincero que he dicho en las últimas 48 horas.

Damn it, la lil-sis nos debe muchas al karma y a mí.

martes, 9 de febrero de 2010

Día D

Este blog ha recolectado a lo largo de 365 días un total 124 entradas, 2435 comentarios y 210 seguidores, haciendo esto posible una madre consentidora, una hermana histérica, montones de amigos y no tan amigos, una mascota poco común, un trabajo agotador, mis desgastes emocionales, mis crisis existenciales, el síndrome pre-menstrual que me ataca cada mes -lo cual incluye mis lloriqueos espontáneos, sarcasmo en dosis insanas y extraño potencial suicida/homicida-; crisis de nervios inexplicables y toda clase de actitudes que sean indicio de una pérdida de identidad. Cualquier pretexto es bueno para hacer letras y después mal acomodarlas en un intento de bitácora on-line, como este que está usted leyendo.

Sí, todo eso es el Blog de la Señorita Morfina que, por cierto, hoy cumple su primer año en la web -¡Yay!- y me siento sumamente orgullosa de ello por no haber dejado a la mitad este proyecto y porque, como un extra para mí, descubrí que escribir bien o mal las cosas que me pasaban, era mejor terapia que asistir una hora cada tercer día con un psicólogo y más relajante que el valium.

Aww, ¡Qué rápido crecen los niños blogs!

viernes, 5 de febrero de 2010

Señorita de buenos genes

Nunca me he considerado bonita y, muy a pesar de eso, en las familias de mis ex's consideran que porto buenos genes y me lo han hecho saber en más de una ocasión.

Precisamente hoy, el tío de uno de mis ex afortunados novios me hizo saber lo bonita que me había puesto desde que salí de la prepa -oh sí, en cinco años uno suele cambiar mucho-, me comentó que para mi "malísima" suerte mi ahora ex, al que por cierto amé en cantidades industriales, ya se había casado -¿y decían que las malas noticias volaban?- y que ahora era el orgulloso padre de una niña pre-cio-sa -así como está escrito fue dicho-.

- Lástima, si se hubiera casado contigo, hubieran tenido unos hijos hermosos.

Y no lo dudo, siempre creí que él y yo éramos tan compatibles que seguramente nuestros genes no se hubieran querido quedar atrás, aparte es muy guapo. Aquí es cuando presumo mi excelente gusto por las personas, mis novios para ser más exactos.

No niego que me sentí muy halagada, aunque sí me hizo sentir un poco incómoda su comentario, pero más que nada, me provocó risa. Risa que tuve que contener para no herir los sentimientos de mi ex tío y maestro de talleres de la ilustre preparatoria a la que asistí.

Y bueno, como dato curioso, este fue un post levanta-ego, no lo tomen como anuncio clasificado, mis genes no están a la venta.

jueves, 4 de febrero de 2010

¿En qué momento pasó?

Antes, hace ya bastantes años, mi mundo se limitaba a la existencia de las muñecas, mis amigos imaginarios y los no tan imaginarios. Me hacía feliz poder salir a la calle mientras llovía y, por el contrario, me aterraba ver el que mis padres discutieran, una discusión de esa magnitud era más de lo que una pequeñuela de cuatro años podía soportar y comprender.

Sabía que existía el bien y el mal, y los personificaba con colores: blanco y negro; también sabía que había un enorme mundo afuera pero no sabía cómo vivirlo y a decir verdad desconocía el 99.9% de lo que en él sucedía. Las personas que me rodeaban eran sólo hombres o mujeres y eran-necesaria y obligatoriamente- papás; desconocía la debilidad por las carnes y la infidelidad era algo que no existía.

Mi mayor problema era tener que lavar platos, mi más grande dolor de cabeza eran las operaciones matemáticas de más de dos dígito, aprender era recibir un par de nalgadas, un corazón roto se curaba con un delicioso chocolate y podía comprar el mundo con unas cuantas monedas.

Ahora, mi mundo ha cambiado mucho en los últimos quince años: ver que las personas pelean es algo que aún me da miedo, sin embargo no es algo que me obligue a asistir a terapia. El bien no siempre es del todo blanco, y el mal no tiene que ser necesariamente negro.

Sigo sin conocer gran parte de lo que pasa afuera, pero ese porcentaje se ha reducido considerablemente; sé que el amor se puede presentar de muchas formas, y que no necesariamente tiene que presentarse entre personas de distinto género. Lo mismo pasa con las necesidades carnales e infidelidad, hoy esos términos tienen forma, en algunos casos cara, nombre y apellidos.

Ya no tengo amigos imaginarios, sería imposible beber margaritas y rusos blancos con ellos, aparte no solían ser tan divertidos y sus palabras y abrazos no podían ser tan reconfortantes como los que hoy en día recibo.

Hoy mi mayor problema es sobrevivir: mantenerme firme en mis decisiones, ser una persona responsable y, sobre todo, no permitir que mi otro-yo-pesimista frustre lo que tengo planeado hacer, eso me provoca dolores de cabeza más fuertes que el ver una simple operación matemática de más de dos dígitos o el aprender a acentuar bien las palabras. Ya no se aprende como antes, se han cambiado las suaves manos de mi madre por duros golpes de vida, caídas que me han costado lágrimas y mucha pérdida de tiempo esperando que alguien me ayude a levantarme. Del dinero, pff, ni hablar y, por si se lo preguntaban, sigue haciendome feliz el caminar bajo la lluvia y brincar en los charcos de agua.

Pero lo que más me aterra, es haber descubierto que un corazón roto ya no se cura con una enorme barra de chocolate.

Y fue así, sin darme cuenta, que un buen día me desperté y descubrí que ya no vivía en el país de las maravillas.



¿Alguien dudaba que la señorita que aquí escribe tiene miedo a crecer?

martes, 2 de febrero de 2010

Un post de pocas letras

El día que cumplí años recibí toda clase de buenos deseos, casualmente todos la gran mayoría me deseó amor, de ese de verdad, de ese que es incondicional y para toda la vida, entonces pensé: Al carajo, ¿Que no sea han dado cuenta lo feliz que me hace la soltería?

Ahora sólo espero mantenerme firme en mi postura y sobrevivir a esta epidemia de corazones prefabricados que se avecina sin piedad...