sábado, 27 de marzo de 2010

¡Me voy a casar!

¿Por qué? ¿Cuándo? ¿CON QUIÉN?, fueron preguntando de una en una conforme iban conociendo la nueva noticia, el problema no fue cuando les respondí por qué, ni cuándo, el problema fue cuando dije con quién: Pues con el chaparrito, tonta…

En orden, sus reacciones fueron:

La neurótica que todos quieren: Estás loca. Estás mal. Estás idiota, ¿cómo puedes siquiera considerar esa idea después de todo? No cuentes conmigo para nada, no pierdas tu tiempo en invitarme porque no iré, no puedo creer que hagas eso con tu vida, eres… eres… eres… bueno, felicidades: ¡Felicidades por arruinar tu vida! -Inserte aquí sermón de veitne minutos-.

La que tiene en loop eterno a su ex: Ya sabía que esto iba a terminar pasando, se nota que no lo has superado y que todavía lo quieres, y créeme que te entiendo, no es lo mejor, no es lo más sano pero, si es por amor, adelante. Por cierto, yo tampoco iré… si acaso a la despedida de soltera, pero a la boda no. ¡NO! Ni a la despedida de soltera.

La incrédula que no sabe callarse nada: -Después de reírse como loca por casi cinco minutos- No amiga, pues… ¿felicidades?… tan, tan, tataaaaaaan… yo sí voy a ir sólo para comprobar que sí es verdad, no te creeré hasta que te vea en el altar o en algún juzgado. Qué mala onda que una decisión tan importante la tomes tan a lo pendejo, digo, en caso de ser cierto, porque todavía no creo que seas tan mensa, por no decir pendeja para regresar con él, muchísimo menos para casarte… tan, tan, tataaaaaaan….

El que lo dice todo con los ojos: ¡ERES UNA TONTA! Olvida que algún día nos conocimos, tanto que te apoyamos cuando el imbécil te mandó a la chingada y ahora sales con esta estupidez.

La que siempre me apoya, esté bien o mal: Orale, pues muchas felicidades, si crees que eso es lo que necesitas, está bien, échale ganas y pues, no estoy de acuerdo pero sí voy a ir a la boda, ¿ya le dijiste a tu mamá? ¿Cómo fue que tomaste una decisión así de la noche a la mañana y sin que supiéramos?

A todas sólo les respondía: Entiéndeme, es que todavía lo quiero y él a mí.

No recibí ningún abrazo, ninguna felicitación sincera, sólo reclamos y más reclamos, me auguraron el peor de los futuros y definitivamente eso me puso a pensar en muchas cosas, como por ejemplo, ¿cómo me hubiera sentido si eso que dije fuera real?

Cuando les dije que no era verdad me odiaron por haber jugado con sus sentimientos, pero me amaron porque a final de cuentas sólo se los dije porque no tenía nada más importante qué decir o hacer, ah, y porque aun no estaba considerando en dar semejante paso y menos con él.

Yo también las amo, porque a pesar de todo lo que ahora nos separa: distancia, tiempo, intereses, etcétera, siguen conociéndome y saben perfectamente que eso del reciclaje no es lo mío.

jueves, 25 de marzo de 2010

Tentaciones al alcance de un click

Una vez le dije a una amiga: Cuando tenga cuenta en Facebook, córtame mis deditos. Ahora la he estado evitando porque de verdad extrañaría mis deditos. Snif…

Admito que una vez escribí un post en donde criticaba a quienes tenían no una cuenta en Facebook, sino una granja: FarmVille es de lo más adictivo que he conocido, cuando creé mi cuenta pensé que era una red social más tipo Twitter, pero no: encontrar a alguien en Facebook es más fácil que en Twitter. Y fue así como comenzó mi vida de stalker.

Primero buscaba a mis amigos, que si con el filtro del correo electrónico, que si por sus nombres y apellidos y, al ver que era tan sencillo, busqué a mis ex, después de mis ex siguieron las personas que no me caían tan bien y al final ella: la innombrable, que es la única persona sobre la faz de la tierra que odio. Me enteré de cosas que jamás imaginé, vi imagenes que jamás creí ver pero yo seguía ahí.

En fin, mi estancia en Facebook había resultado ser tan placentera hasta que empecé a recibir montones de invitaciones a FarmVille, invitaciones que nunca fueron abiertas hasta que una amiga empezó a acosarme con que la aceptara, que ella quería hacer no-sé-qué-carajos con su granja y que necesitaba tener más vecinos. Acepté su invitación y la de otras personas, visité por primera vez mi granja, sembré no-recuerdo-qué y lo dejé en el olvido. Pasarían unos tres días y un día llegó esa amiga a mi trabajo, yo estaba terminando de stalkear en Facebook, perdón, de trabajar y me preguntó por mi granja:

- Ah sí… emmm, no, ni idea de qué fue de mi granja…
- Ay a ver, déjame ver…

Entró, husmeó un poco y entonces procedió a hacer algo que jamás debió haber hecho: enseñarme a sembrar y el tiempo que debía pasar para poder cosechar, la manera de utilizar monedas, comprar tierras, etcétera. Esto ocurrió el Viernes que pasó, hoy, cinco días después soy nivel 12 y tengo dos conejos.

FarmVille se volvió tan adictivo que he pensado en cerrar mi cuenta, pero no lo he hecho porque sé que lo volveré a hacer ya que de verdad es tan fácil dar click aquí, click allá; aparte si me doy de baja, seguro ya no podré visitar a mis ya consentidos “vecinos” y es que ser stalker es tan divertido. No lo pueden negar.

Enajenación es, definitivamente, la palabra de la semana -y no lo digo precisamente por mi granja-.


Pd. Feliz cumpleaños a mi amiga Lily que es de las poquísimas personas que agradezco haber conocido, pocas mujeres como ella. Y también feliz cumpleaños al novio de la lil~sis, que es de las personas que agradezco que ella haya conocido, sólo con él dejó las amargancias de lado (:

jueves, 18 de marzo de 2010

Soltera por convicción

Hoy, mientras caminaba por cierta plaza de mi hermoso rancho, vi que en la iglesia de enfrente estaba por celebrarse un matrimonio. No pude evitar sentarme en una de las bancas de la plazuela para presenciar la llegada de la novia.

Se bajó de un automóvil con un enorme arreglo de alcatraces en el cofre; ella con una radiante sonrisa y un ramo de flores y listones en sus manos, con un vestido largo y una cola de no menos de dos metros, pero un "pajecito" de 1.70 metros. Me mostré sumamente interesada en tan singular acontecimiento -en realidad por el "pajecito" que no estaba de mal ver- así que rápidamente saqué mi celular y le marqué a una amiga:

- Si, ¿bueno?
- Ey, estoy en el parque que está frente a la iglesia: hay una boda.
- Corre, ve y dile a esa pobre mujer que no se case, que para qué se casa si después sale más caro el divorcio...

Nos reímos y empezamos a hacer lo que sólo nosotras sabemos hacer: escupir veneno echar chisme

Me preguntaba que había y comencé a describir la escena, ella sólo respondía con esporádicos "ajá" y "orale, ¿qué más?", mientras yo seguía describiendo al pajecito, perdón, a la inmensamente feliz novia.

Así estuvimos hablando mal del matrimonio -y bien del pajecito- al rededor de 10 minutos, hasta que nos dimos cuenta de que no éramos nosotras las que pensábamos eso, sino que quien hablaba por nosotras era nuestra corroída envidia.

- ¿Te das cuentas?-, me dijo- Estamos criticando lo que quizás nosotras estemos haciendo en unos años...
- Sí, sí me doy cuenta, y no, no creo estar así yo en unos años...
- Cállate, que de seguro serás la primera que se case.

Admito que eso me dejó pensando mucho acerca de mi situación actual y no me da pena decir que soy soltera por convicción y no por obligación, tampoco me apena decir que me aterra el matrimonio y que a pesar de eso, sé que quizás sí me case antes que mi amiga.

De mí puedo decirles muchas cosas, pero hoy les diré porqué, desde hace mucho tiempo, prefiero responder: soltera y sin compromiso, a las personas que cuestionan mi estado civil, el "sin compromiso" no es parte oficial de la respuesta a esa cuestión, pero me gusta cómo se escucha.

He descubierto que soltera puedo hacer el doble de cosas que haría teniendo un compromiso -y no precisamente un compromiso matrimonial- y me gusta; a éstas alturas de mi vida ya no me concibo dando explicaciones de a dónde voy y con quién, a qué hora salgo y a qué hora regreso, esas son explicaciones que dí durante cuatro años la última vez y ahora, a seis meses de extremas soltería, es algo que ya no deseo hacer, al menos durante algún tiempo.

Sé que no todas las relaciones son así, sé que hay quienes saben respetar la individualidad de cada persona, pero en lo que encuentro a alguien así, prefiero seguir siendo la soltera que sale cada vez que quiere, con quien quiere y, porqué no, como quiere.

Tengo veintitrés años y aprendí a amar la soltería, la soledad, mi libertad. Aprendí a amarme a mí misma y sobre todo aprendí que sola o acompañada nunca se debe perder la esencia, esa esencia que nos hace únicos e irreemplazables.

Y sí, quizás en unos años yo esté en el lugar de la novia que vi hoy, la sonrisa y la felicidad que ella irradiaba serán mías, mi vestido será aún más blanco y mi pajecito seguramente medirá a lo mucho medio metro y entonces, quizás, habrá alguien más sentada en alguna banca de la plaza de enfrente criticando el paso que estaré por dar, pero nada de eso me importará porque sé que quien me espere junto al altar será la persona indicada. Tiene que serlo.

martes, 16 de marzo de 2010

Acerca de traumas y hermanas menores

El sábado estaba alistándome para irme a trabajar, mientras la lil-sis veía cómo me delineaba los ojos y cuando llegó el turno de arreglar mis cejas, me pregunta:

- ¿Por qué tú si tienes mucha ceja, bien delineada y yo… bueno, yo prácticamente no tengo ceja?
- Porque a mí me tocó ser bonita y a ti no.
- Ja, ahora entiendo por qué mis bubbys son más grandes que las tuyas…
- Sí, por la misma razón que yo tengo una sabrosas caderas y tú, bueno, no entremos en detalles…

Con sus ojitos sorprendidos, y después de algunos minutos, respondió:

- Pues dice mi mamá que echando a perder se aprende…
- Eso te dice para que no te sientas tan mal, a mí me dice que uno siempre se esmera con lo primero que hace, aparte yo sí fui deseada…
- Por tu culpa mis papás se casaron…
- Y por la tuya se divorciaron…

La lil-sis es tan adorable que por más que se empeñe en hacer que la odie, no puedo odiarla, porque si nos odiáramos no nos hablaríamos y no podríamos tener tan singulares conversaciones.


Enana, admítelo: soy más bonita que tú pero, a pesar de tus defectos físicos y emocionales, te quiero :D

lunes, 15 de marzo de 2010

Érase una vez

Él y yo éramos inseparables, siempre iba conmigo a donde yo quisiera, nunca se quejó a pesar de que muchas veces no lo traté bien, me enojaba y él sufría las consecuencias: le gritaba e incluso llegué a golpearlo porque sencillamente no me gustó lo que mis oídos escuchaban.

Siempre me declaré dependiente de él, pero nunca noté lo importante que era para mí porque nuestra relación era tan estrecha que jamás existió una lejanía de más de unas horas. En verdad era lindo, era tan... táctil.

Podía pasar todo el día tocándolo, y cada vez que posaba mis uñas sobre él sentía que vibraba de una manera tan graciosa y sutil que sólo yo podía sentirlo.

Por desgracia ayer me dijo adiós y hoy siento que el aire me falta, en verdad una parte muy importante de mí se fue con él, algunas cosas tan irrecuperables que me dan ganas de tirarme al piso a llorar; todo el día pensé en la mejor manera de recuperarlo pero, cuando puse en marcha mi plan, me di cuenta de que todo era inútil. Intenté llamar pero una grabación me decía: El número que usted marcó no está disponible o se encuentra fuera del área de servicio, por favor, inténtelo más tarde.

Ahora odio con todo mi corazoncito al imbécil que se quedó con mi celular y que, cuando amablemente le dije: ¡devuélvemelo, infeliz!, sólo me respondió: lo siento pero yo no lo tengo.

Jamás había perdido un celular, incluso siempre he criticado a las personas que lo han hecho porque pienso: ¿cómo carajos puede perder el celular? Hoy descubrí cómo, y de verdad es tan cruel y desesperante. Snif.

viernes, 12 de marzo de 2010

Una spoiler en el Wonderland

Nunca en mi vida había esperado tanto una película, de hecho creo que jamás en mi vida había estado tan ansiosa por ver la adaptación de un clásico en la pantalla grande. Mi sueño del 2010 era poder ver Alice in Wonderland y hoy lo hice.

Sólo puedo decirles que he visto filmes con más y mejores efectos especiales, con mejores tramas y, bueno, no soy crítica de cine ni mucho menos pero estoy sumamente decepcionada de Tim Burton y Jhonny Deep; antes el saber que trabajarían juntos, me hacía pagar orgullosa mis cincuenta pesotes para ver su trabajo, al ver sus nombres juntos se me venía a la cabeza la palabra calidad pero hoy definitivamente eso no pasó.

Supongo que no aprendí nada de otros libros que han sido llevados al cine y de las grandes decepciones que me he llevado. En lo personal, Alicia se ha unido a ellos.

Me gustó el reparto en cantidades industriales, me gustó la historia, no es mala pero le falta demasiado para ser excelente. Las escenas lúgubres típicas de don Burton y, como siempre, Jhonny se veía orgasmicamente adorable. La Reina Roja no pudo estar mejor, incluso me gustó más que la Reina Blanca. Amé a Tweedloom y Tweedlim y al gato Chesire.

Confieso que la vi doblada y de antemano sé que las películas siempre son mejores con el audio original, porque aparte de todo, hicieron un pésimo doblaje. Esa es una buena razón para darle una segunda oportunidad.

¿Efectos especiales? Quisiera tener las palabras adecuadas para definirlos, la única que tengo en mente de momento es: rebuscados. Sad but true.

Juro que no vuelvo a gritar de la emoción cuando uno de mis libros favoritos intente ser adaptado. Lo juro.

Mi único consuelo es que no pagué más por verla en 3D y que las palomitas estaban recién hechas.

jueves, 11 de marzo de 2010

Reacción en cadena

A todos nos ha pasado que llegamos al cine, faltan diez minutos para que empiece la película que queremos ver y corremos a la taquilla a comprar los boletos pero al llegar nos damos cuenta que hemos sido engañados una vez más por la pésima administración de la página web de Cinépolis: la función de las diez no está disponible de momento, y la de las nueve y treinta ya comenzó, dice la chica de la taquilla con esa voz mecánica que debe poseer todo aquel que desee trabajar en tan importante cadena. Al final compramos boletos para la función más próxima, ¿por qué? Pues porque ya estamos ahí y pensamos: No me bañé para terminar en mi casa con mi pijama rosa.

Para la función más próxima faltan veinte minutos, y otra cosa que también falta es ir por un amigo a su casa. Salen corriendo para ir por el amigo que falta y justo cuando llegas a su casa, te dan ganas… insoportables y castrantes ganas de usar un baño. Faltan diez minutos y tu amigo no sale, por lógica, tampoco te ha prestado el baño. Después de un minuto de bailes raros, sale tu amigo y te ofrece el baño: ya no, es tarde, usaré uno de allá.

¿Qué película vamos a ver?, y después de haber mencionado el título largo y nada interesante de la película que se eligió, él tiene la brillante idea de responder: Uy, no les va a gustar…

¡Lo sabía! Desde que no pude aprenderme el título a la primera supe que no me gustaría.

Pensando que los boletos se pueden cambiar, otra vez corremos a la taquilla y ahí nos dicen que es un trámite que sí se puede realizar pero en atención al cliente. Curiosamente, y gracias al perfecto alineamiento de los planetas, “atención al cliente” está junto a los baños.

Llegamos y en atención al cliente nos dicen amablemente que los boletos no se pueden cambiar porque la función ya empezó. Nos sentimos las personas más miserables por haber llegado DOS MINUTOS tarde y no haber podido cambiar las entradas debido a nuestro imperdonable retardo. Resignados nos dirigimos a la dulcería a comprar las indispensables palomitas acarameladas con su respectivo vaso jumbo de refresco.

Ya tenemos palomitas, sodas y las entradas, lo que no tenemos son ánimos de ver una película que, de antemano, sabemos que no nos gustará, y como es el día de las ideas brillantes pensamos y ya nos da lo mismo ver esa película u otra, volvemos a la taquilla y vemos los horarios de otras funciones: en la misma área hay tres películas más, de las cuales una ya la vieron tus acompañantes y las otras dos ya las viste tú. Decides que una de las que viste no es tan aburrida como la otra y te sacrificas: damos estas entradas y nos metemos a tal función, ¿todos de acuerdo? Bien.

Justo al ir entrando a la “sala equivocada”, el gerente va saliendo del baño y como somos personas tan decentes y honestas que no despistamos que estamos haciendo algo “malo”, nos descbre pero no dice nada. Dos se arrepienten, una ya está adentro así que ante la indiferencia del gerente optamos por seguirla, después de todo, ¿qué tan malo puede ser? Al entrar, nos damos cuenta que la sala está prácticamente vacía, así que los remordimientos de conciencia desaparecen.

Nos damos el lujo de acomodar nuestras sabrosas carnes en la butaca que más nos gusta y, cuando ya estamos bien instalados, vemos que se asoma el gerente y el chico que nos recibió las entradas. Las buenas ideas se escasean y no nos queda mas que admitir que “hicimos trampa” y nos salimos de la sala resignados a ver una película de título-largo-no-interesante que no queríamos ver porque “no nos iba a gustar”. Odio la predisposición.

Después de cinco bochornosos minutos nos damos cuenta de que estamos afuera, sí, afuera de las salas porque se nos pidió “de la manera más atenta” que abandonáramos las instalaciones.

Y bueno, sé que no a todos les pasa, eso sólo me pasa a mí y no, no me arrepiento, en realidad yo me morí de la risa, incluso todavía me acuerdo y lloro, pero de la risa por recordar la cara incrédula de mi amiga y su risa nerviosa porque nos corrieron y la cara de vergüenza y preocupación de mi amigo mientras nos decía una y otra vez: te lo dije, te lo dije…

Yo quise volver hoy, pero creo que no les causó gracia, así que creo que Alicia tendrá que esperar.

Todo fuera como perder un par de entradas. Pff!