miércoles, 28 de abril de 2010

19th. Birthday Princess

Ser joven es un privilegio, ser hermosa un patrimonio, ser encantadora tu mejor virtud…

Hace diecinueve años llegó al mundo una cosa llorona y enfadosa, larguirucha, delgada y sin pelo, como no era niño le pedía a gritos a mi madre que la echara a la basura, como lo había prometido cuando estaba en su panza. Yo tenía escasos cuatro años y era frustrante para mí, la princesa de la casa, tener que compartir mi trono con la nueva intrusa.

Pasaron algunos meses y empezó a agarrar forma, ya no era tan fea pero seguía siendo odiada por mí con todo mi celoso corazoncito, fue víctima de mi maquiavélica imaginación en numerosas ocasiones: la bañé de talco, la pellizcaba cuando pasaba junto a ella o le jalaba sus cabellitos de fideo a la menor provocación. Me costó muchas nalgadas por parte de mi madre, pero hasta la fecha sigo creyendo que cada nalgada recibida por ser una mala hermana mayor, valió la pena.

Cuando aprendió a caminar fui insuperablemente feliz, ya tenía quien me trajera agua a la cama, me alcanzara mis zapatitos, le cambiara a la televisión, etcétera. El día que aprendió a hablar, la odié, porque pareciera que la entrenaron para decirme NO a todo lo que le pedía. Y ese fue el triste día que perdí a mi esclava. Snif.

Conforme pasaron los años, aprendí a valorar que hablara y pudiera sostener una conversación, pero en verdad amé el descubrir que posee una capacidad extraordinaria para escuchar, pocas veces me escuchan las personas como me gusta que lo hagan: mirándome a los ojos, poniéndome toda la atención que considero que mis palabras merecen y en silencio.

Ahora no concibo mi vida sin ella, y aunque a veces es una mugre enana enfadosa que pareciera que su misión en la vida es hacerme la vida imposible, la quiero con todo mi malhecho corazoncito, porque aprendió a ser todo eso que me gusta, cumple con los requisitos para ser la mejor hermana que he tenido, la más pequeña de la casa con un corazón más grande que ella misma.

Gracias, chaparra, porque a pesar de todo siempre estás ahí, porque aunque no tengas nada qué decirme, me escuchas, me comprendes y a veces me pendejeas. Nadie lo hace como tú. Gracias por esas noches de interminables charlas, por esas noches de silencio; gracias por entenderme y ayudarme, porque sólo tú sabes cómo darme esos acogedores abrazos en los momentos en los que más los necesito.

Cosas grandes te esperan, porque nadie posee ese temperamento tan fuerte que tú tienes y que he llegado a envidiar, a tu corta edad ya sabes lo que quieres, y eso es mucho más de lo que yo sé. Has aprendido a valerte por ti misma, a ser una chiquilla independiente, fuerte y responsable.

Recuerda que siempre voy a estar contigo, aunque no me lo pidas, aunque reniegues de ello y aunque a veces me odies. Porque te quiero, a pesar de que me cuesta decirlo algunas veces y porque sé que me quieres, aunque siempre digas lo contrario.

¡Feliz cumpleaños, princesa, felices y dulces diecinueve!

miércoles, 21 de abril de 2010

Este blog está de luto

El sol puede morir y volver a nacer; pero nosotros una vez apagada nuestra breve claridad, hemos de dormir una sola y eterna noche.
Cayo Valerio Catulo


"Amiga, ahora que pase esto, nos vamos a dar una escapada a donde usted quiera", me prometió antes de cerrar la sesión del messenger y yo le creí, porque siempre cumplió cada palabra que llegó a decirme.

Lo conocí hace unos nueve meses aproximadamente, era el amigo de una amiga y siempre le dije que el día que lo conocí se me hizo una persona muy ridícula, de esas que trataban de impresionar chicas con dos que tres palabritas domingueras y que muy probablemente le funcionaban, conmigo no fue así.

Siempre trató de acercarse a mí y yo, por dejarme querer o por la razón que sea, lo permití, poco tiempo después ya era parte de mí, compartíamos muchas cosas, teníamos bastantes intereses en común y después empezamos a salir. La primera vez hablamos de muchas cosas en general, la segunda me platicó su vida entera, la tercera ya lo amaba -en sentido figurado-, se había metido de tal manera en mi vida, que me resultaba bastante agradable su compañía, estar con él, sus charlas, su todo.

El día que cumplí años fue de los pocos que quería realmente que asistieran a mi fiesta, y lo hizo. Nos veíamos realmente muy poco ya que nuestro respectivo tiempo libre pocas veces coincidía, llegamos a renegar tantísimas veces por eso, más yo, que siempre decía que era él quien no quería estar conmigo, él en cambio siempre encontró la manera de hacerme saber que estaba equivocada.

Me gustaba ver su sonrisa y escucharlo reírse de sus propios chistes que casi siempre resultaron ser malos, al menos ante mi sentido del humor. Me gustaba abrazarlo y sentir su particular aroma a lavanda, ver sus ojos y decirle: amigo, quita esa mirada lujuriosa de mí... No es por las circunstancias que me expreso así de él, es sólo que de verdad llegué a quererlo muchísimo.

Amaba escucharlo decir lo bien que olía cada que me abrazaba, cuando me decía lo bien que me veía sentía que el mundo se detenía, ante sus ojos siempre fui hermosa, sin importarle mis traumas y miles de defectos, él siempre se encargó de hacerme sentir la mujer más bella sobre la faz de la tierra.

Hace poco menos de veinte días, me platicó que le habían diagnosticado hepatitis tipo A, que estaba bien, con las típicas dolencias de la enfermedad, pero bien. Me dijo que tendría cuarenta días de reposo y entonces nos iríamos a no-sé-dónde, siempre que salíamos me sorprendía con algo nuevo, o al menos lo intentaba.

Hoy descubrí que soy una persona egoísta, que nunca se preocupa realmente por las personas, pareciera que sólo quiero que las personas se preocupen por mí, rara vez llamo a mis amigos para preguntarles cómo están, cómo se sienten, si todavía existen; rara vez les digo lo importante que es cada uno para mí y lo mucho que ha marcado mi vida porque pienso que siempre hay más tiempo que vida, aparte de que no soy la persona más afectiva que exista sobre el universo y me cuesta muchísimo decirle a un amigo “te quiero” y darle un abrazo en un día no-festivo sin evitar sentirme estúpida.

Siento impotencia por haber descubierto que no fui realmente su amiga, los amigos no se enteran de estas cosas diez días después, muchísimo menos lo hacen por Facebook: Pensé que el Domingo era un buen día para saber de él, le mandé un mensaje a su celular reclamando su ausencia y a su vez deseándole una pronta recuperación; algo que siempre he odiado es un mensaje sin respuesta, cosa que él sabía y jamás hizo, por esa razón fue que traté de justificarlo pero a su vez sólo pensaba en entrar a dejarle otro reclamo más en su muro, otro que se sumaba a varios que llegué a hacerle por “descuidarme”. Ayer en la noche me decidí, mientras lo buscaba en mi lista de amigos pensaba en las palabras indicadas para hacerlo sentir mal por no haberse comunicado conmigo, cuando lo encontré y dí click, ya tenía casi todo el reclamo redactado en mi cabeza, se cargó la página y me llamó mucho la atención un mensaje algo extenso, empecé a leerlo y conforme lo hacía pensaba: No... no... esto es una broma, no puedes irte sin cumplir la promesa que me hiciste. Terminé de leer el primer mensaje, y a este le seguían otros tantos, todos decían lo mismo, todos iban a lo mismo: desearle un descanso eterno y en paz. Leí cada mensaje y para cuando terminé ya estaba fría, sin habla, me temblaban las manos, tenía los ojos llenos de lágrimas e incredulidad, cerré la lap y me acosté, así sin saber qué pensar, qué sentir, qué decir, sin saber a quién culpar, a quién reclamarle, a quién odiar. La sensación de vacío volvió.

Todo el día leía y releía esos mensajes tratando de asimilar su ausencia y hasta el momento, casi veinticuatro horas después de haberme enterado, sigo sin levantarme de la cama, sigo llorando su partida y sigo sin entender mi egoísmo: a pesar de las circunstancias, le reclamo el haberse ido sin cumplir su promesa, lo odio por haberse ido sin despedirse de mí y me odio por haber permitido que me marcara de tal manera su presencia.

La vida me da otra razón más para odiar las promesas, esas que no se cumplen y que así pasen mil años, no se cumplirán.

“Hoy no es un día especial, pero quiero decirte que te quiero y que te voy a extrañar mucho. Sé que no lo leerás, pero no me importa porque también sé que lo sabes; muchos creen que aprendimos a conectarnos de una manera particular y especial, sin palabras rebuscadas y sin sentimentalismos absurdos y ¿sabes? tienen razón. Fue única y mágica la conexión que tuvimos. No puedo guardarte un minuto de silencio porque todo el día he renegado tu partida, así como tampoco puedo evitar secar mis ojos, por más que lo intento, no puedo sacarme de la cabeza la frustrante idea de que ya no te veré. Te odio porque no sabes lo difícil y pesado que se me está haciendo todo esto".

jueves, 15 de abril de 2010

De conversaciones sin sentido

¿Ser infiel no es pecado si se hace con perlas?, le pregunté a mi amigo mientras él sostenía una conversación XXX en el msn y yo veía la repetición de Desperate Housewives –que fue en donde escuché la frase y era un capítulo viejísimo, por cierto- para que me diera sueño.

- No tengo perlas en este momento, ¿estoy pecando?
- Técnicamente no, pues no tienes una pareja, aunque… ¿tu amigo tiene pareja?
- Sí…
- ¿Tiene perlas?
- No
- ¡Pecadores! Shame on you, bitch…
- Ooh pues, déjanos pecar agusto, envidiosa...

Y como no soy ninguna envidiosa, seguí viendo la serie hasta que me tuve otra idea:

- Me quiero hacer un tatuaje
- ¿Y ahora qué?
- Una libélula, ¿las libélulas son sexys?
- Sí, las libélulas son sexys…
- ¿Cómo mi voz?
- Mmmm, no sé, a ver: habla.
- Imbécil, estoy hablando…
- No, definitivamente tu voz no es sexy cuando me llamas “imbécil”…
- Ok mi amor, ¿qué tal ahora, animalito de la creación?
- ¡Qué diferencia! Ahora sí es sexy; uy, si no fuera gay…
- Shh, si no fueras gay, no dormirías conmigo…
- Dormir contigo no es sexy…
- Lo sé, pero entonces ¿tengo voz sexy?
- Si te digo que sí, ¿me dejarás en paz?
- No…
- Entonces quédate con la duda.
- Me duele la panza…
- ¿Qué cenaste?
- Nada ¬¬’
- Ja, es gastritis…
- Pff, pensé que me dirías que era un embarazo, menos mal que sólo es gastritis….

Y después de un eterno minuto, que en realidad parecían ser cinco o diez, volví a interrumpir su charla:

- Oye, me duele mucho ¿con qué se quita la gastritis? Tengo al menos cinco minutos con ella y ya la odio. ¡Grbrbr!
- Toma leche…
- No me gusta la leche
- Leche con chocolate…
- No me gusta la leche con chocolate
- Entonces no molestes...
- Pero me gusta mucho molestar.
- Lo sé, sobre todo a mí, ¿no? Pilla, ya me amas…
- Sí, sí te amo pero poquito…

Y así fue, querido lector, como me nacieron ulceras en el estómago –no se crean, ese es mi diagnostico, falta que vaya con un médico a pedirle su valiosa y profesional opinón-, de verdad me desespera la ansiedad y el vacío que siento en el estómago.

Aah, pero a la señorita no le gusta desayunar porque le da asco, no come a la hora que debe porque no tiene tiempo, no cena porque engorda -más- y, aparte de todo, es adicta al café. Bien, un logro más en tu vida, diría mi queridísima madre.

martes, 6 de abril de 2010

De nuevos empleos

Con esto de la recesión y el nuevo año que ya no es tan nuevo, que si la gasolina ya subió y nos olvidamos de esos pequeños y lujosos detalles con los que nos consentíamos, que si esto o lo otro, una tiene que buscarle por todos lados, algo se ha de encontrar.

Este es un post muy corto por una razón, es un post para que se revuelquen de la envidia, ¿no han escuchado una frase que dice: poco pero sustancioso? Yo sí, y estoy a punto de aplicarla con ustedes ;)

Ok ya: vine a presumirles mi nuevo empleo. No, no soy azafata, ni actriz, tampoco cantante, ni bailarina exótica. Tampoco soy maestra, ni policía, ni bombero. No soy contadora, ni diseñadora, es más, no soy jefa, pero sé que aún así me envidiarán, ¿saben por qué? Pues porque soy BlogBusera por un día. Sí, por un día nada más pero no me importa, porque al final terminé divirtiéndome como la enana de un metro setenta que soy.

Y si usté está intrigado por saber a que me refiero, vaya corriendo a enterarse, nada más dese prisa que estamos por irnos y no sabemos cuándo regresaremos, ni cómo, ni por qué...

jueves, 1 de abril de 2010

No, ¡No me importa!

En esta vida, en este universo hay mil millones de cosas que no me importan: puedo ser la persona más indiferente ante cosas, conversaciones y/o personas que me resultan irrelevantes. Una de ellas es mi ex.

Mi ex es una persona sumamente feliz y lo sé porque muy seguido se encarga de hacérmelo saber y, a su vez y de la manera más sutil, yo también me he encargado de hacerle saber que esa es una de las mil millones de cosas que, como ya mencioné arriba, no me interesan.

Les platico. Un día que decidí escaparme de mi rutinaria vida y salir a caminar "por ahí", lo vi venir hacía mí tomado de la mano de alguien que, a simple vista, parecía ser su novia; quise fingir no haberlos visto pero él mejor que nadie sabe que soy pésima para hacerme de la vista gorda, así que en cuanto me vio me saludó y yo me “sorprendí”, mi sorpresa fue falsa y con que él lo supiera me bastaba. Ella me miró, lo soltó de la mano y dio unos cuantos pasos para alejarse de mí, la pobre quizás piensa que quiero robárselo, yo sólo quiero hacerle saber que no es así, al menos de momento no está en mis planes quitarle su felicidad.

Medio hablamos por cinco minutos, nos sonreímos hipócritamente, nos manoseamos los brazos y la nariz, y entonce me dijo mientras la señalaba:

- ¿Ves eso que está ahí? Se llama “amor”…
- Oh-, le dije mientras volteaba a verla, -yo pensé que se llamaba (inserte-aquí-nombre-de-protágonista-de-telenovela-de-bajo-presupuesto) y que le apodaban “premio de consolación”. Me dio gusto verte, como siempre, tan feliz…

Cuando me decidía a emprender mi ya conocida huida, él procedió a hacerme saber que mi receptor de sarcasmo estaba descompuesto para empezar a platicarme amargamente uno de los tantísimos problemas que tiene con ella, yo lo veía y pensaba: ¿qué se cree este grandísimo animal? Y fue cuando tuve la grandiosa idea de interrumpirlo al tiempo que me señalaba a mí misma:

- ¿Ves esto que está aquí? Se llama ex novia: aprende a distinguir personas, tiempos y espacios, no a todos nos interesan tus problemas.

Le dí un beso rápido en la mejilla, una palmadita consoladora en el brazo y seguí caminando.

Mientras caminaba pensaba en lo grosera que me había portado, quizás él sólo quería que me sentara en una banca a escucharlo mientras tomábamos café, pero después recordé que no soy una consejera con ética: a mis ex’s suelo darles siempre el peor de los consejos, pero juro que sin malas intenciones. Lo juro, Karma.

La próxima vez quizás nos encontremos en algún café y, por el bien de su relación, espero que no se acerque a saludarme, a menos que sea para pagar mi cuenta. Mientras eso pasa, seguiré prefiriendo los encuentros rápidos que no provocan rupturas de corazones ni honorarios.