viernes, 28 de mayo de 2010

No tengo un título para un post tan vergonzoso

Hace rato estaba pensando en lo despistada que soy y en las consecuencias que esto me ha traído; y es que en realidad yo no pedí ser así, pero seguramente mi mamá bebió alcohol durante el embarazo y así nací, o qué sé yo, el chiste es que siempre me tiene que pasar algo malo. SIEMPRE.

Un día quise salir corriendo de mi antigua casa, era una casa bastante grande y la puerta que daba al patio trasero era una puerta corrediza, de cristal a la cual, muy malamente, no le pusieron estampitas de flores, mariposas o bichos feos, eso es lo de menos, para que una niña tan inquieta y despistada como yo no se fuera a estampar como mosca. Ah, pues volviendo a ese día en que quise salir corriendo, la puerta estaba tan limpia y yo llevaba tanta prisa, vaya usté a saber por qué, por salir que no me di cuenta que estaba cerrada y ¡PAWN! nada más se escuchó tremendo golpe de mi cabeza contra el piso, resultado de haberme estrellado con la puerta y haber rebotado directo al piso como vil pelota en un juego de frontón. Snif. Eso me costó una visita al hospital, sin daños mayores.

Otro día, ya más grandecita, iba caminando por un parque con mi mamá y, como siempre, iba viendo para el suelo, cuidando de no pisar las líneas que había –odio no haber superado esta manía a pesar de lo que me pasó-, mi mamá me llevaba de la mano y no me soltó hasta que una fuerza extraña se interpuso entre ambas. Choqué con un poste. Así, en cuestión de segundos, el poste tenía marcada mi cabeza. Esto me costó un desmayo y, por supuesto, otra visita al hospital. Nuevamente sin daños mayores aparentes.

Pasaron los años, mi estatura aumentó y, junto con ella, mi grado de estupidez innata también. Iba por la calle con la lil~sis, íbamos platicando y a lo lejos vi que parte de un aire acondicionado se interpondría en mi camino al paso de algunos metros. Dah, ya lo vi, ahorita que pase por ahí le saco la vuelta o me agacho, pensé. Supongo que Plaza Sésamo no me enseñó del todo bien la diferencia entre cerca y lejos, o de plano camino muy rápido, porque todavía no habían pasado ni un par de segundos, cuando escuché un grito de alerta por parte de mi hermana y sentí como una esquina del aire acondicionado se ensañaba con mi frente. Esto sólo me costó risas por parte de mi hermana y los que vieron. Ah, y un odio terrible por las personas que desconocen la existencia de mini splits. Argh.

Cuando era novia del chaparro, una noche decidimos salir a caminar. Siempre se burlaba de mí porque decía que soy como una niña chiquita, siempre que paso por una tienda no puedo evitar la tentación de comprar un jugo, pero de estas manías les platicaré después. Total que íbamos feliz y románticamente caminando por la calle cuando pasamos por un estúpido oxxo y entonces la sed me llegó súbitamente y dije: ¡quiero un jugo!, como el chaparro siempre me consentía, accedió a detenerse, y como si tuviera yo cinco años, me adelanté sin darme cuenta que estaban limpiando el piso y que estaba todo lleno de líquidos resbalosos que quiero creer que no eran otra cosa más que algún tipo de detergente, apenas había puesto un pie adentro, cuando sentí que la gravedad hacía de las suyas y en un dos por tres ya estaba de rodillas en el piso. Me hubiera puesto a llorar, pero había demasiada gente y mejor me aguanté, eso sí, cuando me vi totalmente de rodillas, opté por sentarme ¿por qué? aún no lo sé. Entró el chaparro, me levantó y me pregunta: ¿todavía quieres un jugo? / No, ya no tengo sed, ¡vámonos!, le respondí y salimos de ahí. Esta gracia me salió en un par de risas y menos un jugo. Pff.

Otra noche iba a salir con unas amigas, al modo lenta y desidiosa, el tiempo no me alcanzó y andaba corriendo por toda mi casa buscando una pashmina que por razones no obvias no estaba en su lugar, entraba y salía de los cuartos con mis glamourosas zapatillas de diez centímetros de altura puestas hasta que, en la desesperación, me detuve y opté por preguntarle a mi mamá si había visto la cosa rosa que buscaba: sí, esta arriba del closet. / Caray, por ahí hubiera empezado a buscar, pensé. Agarré una silla de escritorio -sí, sí, con rueditas- y me subí en ella para buscar la estúpida pashmina que a final de cuentas no me puse. A los diez centímetros de mis zapatillas súmenle mis 1.72 de estatura, aparte la silla, no sé de medidas pero supongamos que medía medio metro. Todo eso dio como resultado mi cabeza en el techo después de unos ligeros brincos por alcanzar mi objetivo y que, por el golpe que por supuesto no esperaba, perdiera el equilibrio y terminara en el piso. Sin zapatillas, con un dolor de cabeza terrible pero con la pashmina entre mis manos. ¿Resultado? Que mi maquillaje se corriera por las lágrimas que alcanzaron a salir del dolor que todo eso me provocó.

Podría contarles muchas historias, unas más bochornosas que otras, pero no quiero, hoy sí tengo el sentimiento de la vergüenza encendido y ya fue demasiado auto-balconeo por hoy; eso sí, ha habido cosas más vergonzosas, tanto que he llegado a decir “mejor me hubiera quedado en mi casa”, siempre que me pasa algo así, generalmente en público, trato de disculparme con una sonrisa, porque como dice el dicho “al mal tiempo, buena cara”, y yo obedezco fielmente cada palabra de los refranes, porque siempre he creído que son como abuelitas.

Por cierto, a partir de este post, puedo concluir que ya sé de dónde viene mi pánico por los hospitales y ahora ustedes pueden comprender que mis recurrentes desvaríos mentales se deben a tanto golpe en la cabeza.

Lo sabía, yo nací siendo un genio, pero el alcoholismo de mi madre me dejó así. Lo siento mamá, ya sé que tú sólo bebes café, pero a alguien tenía que culpar.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Y al octavo día, Dios creó los ex novios

… y no es que sea algo que me moleste, al contrario, en su momento nos ofrecieron cosas buenas –buenísimas, diría yo-, es sólo que todos llegamos a un punto en el que nuestros intereses toman rumbos diferentes, esos intereses incluyen gustos y es cuando nos cuestionamos histéricamente: ¡¿Cómo carajos permití que esa…criatura del Señor me pusiera un dedo encima?! Así es jovencitos y señoritas, ahora le vemos al susodicho todos los defectos habidos y por haber, y es que bien dicen que el amor es ciego pero nunca nos imaginamos que tanto. Apuesto un chicle de menta a que a todo aquel que esté leyendo, le ha pasado.

¿No es su caso? Bueno, es que esto de los ex novios es un arte, habemos quienes tenemos un gusto exquisito por las personas que no estamos dispuestos a cambiar ni para bien, ni para mal. Cof, cof…

Como ya sabrán, en este momento de mi vida soy una persona sumamente soltera, pero lo que no saben, aunque quizás lo imaginen, es que tengo una larga lista de ex novios pero una corta memoria respecto al tema, recuerdo uno que no sabía besar, otro que todas me peleaban y nunca pude averiguar por qué, el que tiene una hija, el que me dejó, regresó y me volvió a dejar, hasta el famoso chaparrito, que es el más reciente. Esos son los que más recuerdo, ¿por qué? No sé, a veces es difícil explicar la manera en que una persona puede marcar tu vida con el simple hecho de haberse cruzado un mal día en tu camino.

Una noche conocí al que no sabía besar, su pésimo gusto por mantener los ojos abierto mientras compartíamos babas no lo descubrí esa noche, si así hubiera sido, jamás habría gozado del título de “mi novio”. Nuestra relación duró lo que duró el primer beso, después pasó a ser mi ex, el acosador. En aquel entonces desconocía las órdenes de restricción, de lo contrario, el pobre no se hubiera podido acercar a menos de diez metros de mí. Su enfermiza fijación por mis castas carnes y la burla de mis amigos fueron tantas que, supongo, esa es la única razón por la que lo recuerdo.

El que me dejó, regresó y se volvió a ir fue al que más le lloré después de que se fue y ya no regresó. Esa relación fue muy criticada por todas nuestras amistades, que si nada mas nos hacíamos daño con nuestras constantes discusiones, que si él era un maldito por irse a cada rato y yo una tonta por dejarlo volver, fueron tantas las veces que nos lo dijeron que a él terminó por caerle el veinte antes que a mí y ya no volvió. Motivo suficiente para haber marcado mi vida.

Tuve otro galán al que todas sus ex novias me peleaban, era de lo más bizarro porque el tipo en cuestión a mí no me resultaba tan guapo, al menos no como para que lo pelearan con tanta pasión, no sólo una, sino cuatro de sus antiguas novias que sabrá Dios cómo dieron conmigo. Viejas locas, me dejaron traumada, sobre todo una que dedicó un año de su vida a molestarme día, noche y madrugada, mensajes aquí, mensajes allá, mensajes con los amigos, chismes, etcétera. El día que se acabaron las múltiples y patéticas peleas por el fulano, lo mandé al carajo, ya no me interesaba estar con alguien que no supiera mantenerse cotizado entre el público femenino.

Con el que tiene una nena tuve un romance muy padre, todo súper tranquilo, era una chavo que reunía todas las cualidades que siempre pedí, de hecho creo que alguna vez hablé de él en un post. Oh sí, fue el post en el que hablaba sobre el error que cometemos al idealizar a las personas. Olvídenlo, ya recordé por qué marcó mi vida.

Y por último don chaparro, del cual no quiero hablar hoy, aparte ya la gran mayoría conoce esa historia. ¿Necesitan más explicaciones?

Obvio tuve más novios pero, como ya lo mencioné, los demás fueron menos importantes o al menos no hicieron nada por dejar una huella en mí y es algo que agradezco profundamente, con esos que mencioné tuve más que suficiente como para hacer millonario a cualquier psiquiatra o al menos escribir un par de años más en este espacio.

sábado, 15 de mayo de 2010

Teléfono descompuesto

Cuando era muy pequeña me gustaba jugar al teléfono descompuesto, ya saben, el juego en el que todos los niños iban pasándose al oído un mensaje que, al final, quedaba totalmente distorsionado y en verdad era muy gracioso cuando el último participante se ponía de pie y decía la frase toda distorsionada que, por cierto, nunca tenía nada que ver con la inicial.

Pues bueno, resulta que a lo largo de nuestras vidas seguimos jugando este juego, de manera inconsciente quizás, pero lo hacemos. ¿A qué voy con esto? Básicamente a mucho y a nada, sino que el día de hoy estaba platicando con miss Lane de lo mucho que las mujeres solemos complicarnos la existencia por los chismes, ya saben, que si fulanita dijo tal o cual cosa de mí y no es verdad, etcétera. Pues bien, caímos en cuenta de que nosotras somos igual pero de manera indirecta; por ejemplo, nosotras no inventamos nada, sólo que a veces nos resulta imposible callarnos la boca ante muchos eventos de la vida que solemos presenciar, aparte no regamos chismes a diestra y siniestra, hay cosas que sabemos callarnos y que hemos llegado a comentar ocasionalmente pero entre nosotras mismas, así que se podría decir que respetamos la vida de los demás, o al menos no la hacemos pública como lo han hecho con nosotras.

A estas alturas de nuestras vidas –hablo por ella y por mí-, siento que ya estamos más allá del bien y del mal, pocas cosas suelen afectarnos al grado de ocasionarnos grandes desgastes emocionales, digamos que no nos importa lo que digan los demás porque no vivimos de apariencias, aparte como dicen por ahí, las cosas se toman de quien vienen y al menos a nosotras, hasta el momento, nos ha funcionado a la perfección.

De mí han dicho tantas cosas como puedan imaginar: he estado embarazada un par de veces y, por supuesto, he abortado; me he acostado con media ciudad, he sido una drogadicta en recuperación y me han visto centenares de veces ebria en antros... momento, esto último tiene algo de cierto, pero bueno, la gente a veces suele exagerar, bah.

A lo que quiero llegar es a que ya no me afectan esas cosas, es algo tan cotidiano para mí que, como dice una amiga, el día que no hablen de mí me voy a poner histérica porque quiere decir que ya no les importo, snif. Eso sí, de mí pueden decir lo que quieran, pero odio que involucren a terceras personas y que, a su vez, estas personas tengan problemas con cuartas, quintas y sextas personas, ¿me explico?

Una vez me inventaron un tórrido romance con un wey que era novio de una amiga, como vivo en una ciudad casi-rancho en la que todos se conocen, el rumor llegó a oídos de mi amiga y esto, queridos lectores, ocasionó que él se quedara sin novia y yo sin amiga. A eso me refiero al decir terceras personas involucradas y afectadas directamente.

Lo peor de todo es que generalmente esa persona jamás tiene el valor de aceptar las cosas y desmentir el rumor, todos conocemos a alguien así, es difícil de reconocer pero una vez localizado el objetivo, es muy sencillo deshacerse de esa persona. Lo digo yo, que suelo ser la persona más práctica para esas cuestiones.

Dándole la vuelta a la moneda, yo no soy de las que tira la piedra y esconde la mano, si yo llego a decir algo y se sale de control, afronto las consecuencias como sea que vengan, y eso ha ocasionado que me tachen de cínica en muchas ocasiones, pero igualmente, es algo que me importa muy poco, aparte desde mi perspectiva, no soy cínica, soy honesta.

Escribo de esto porque la platica con la miss me dejó pensando en todas esas personas que me han decepcionado, personas que eran realmente importantes para mí, desprenderme de ellas ha sido muy difícil, pero a final de cuentas el cariño que le tengamos a alguien es relativo, tan relativo como queramos que sea.

martes, 11 de mayo de 2010

Aduladores en potencia

Deben saber que mi círculo de amistades está compuesto en un 70% por hombres, de un tiempo para acá me he dado cuenta que las amistades femeninas sólo traen conflictos -¡Monse, cuánta razón tenías!-, y esa es una muy buena razón por la cual prefiero hacerme acompañar de hombres, ellos por su parte tienen sus buenas razones para buscar mi compañía.

Aquí es cuando confieso que tener una amistad masculina es un arma de doble filo; lo anterior se debe a que, así como voy conociendo cada uno de sus patrones en cuanto a relaciones, muchos de ellos me ven como una víctima más. Malditos hombres, no les basta con el mundo de mujeres que los rodea, también quieren robarse mi inocencia y castidad, snif.

Lo menciono porque más de uno me han hecho comentarios del tipo “qué bonitos ojos tienes debajo de esas dos cejas”, ¿me explico?

Por ejemplo, tengo un amigo en particular con el cual me la paso muy bien, cada que tenemos oportunidad nos escapamos a algún pueblito cercano, ya sea al norte, al sur o a donde sea que decidamos ir al momento de salir de mi casa y subirnos al auto, pues bien, para él soy una víctima en potencia y, precisamente este Sábado, me lo dejó muy claro; fuimos rumbo a un pueblito muy padre, no muy lejos -acá nada está lejos, créanme-, íbamos por la carretera y como generalmente vamos solos, no tenemos más opción que ir escuchando música o platicando, y como la música que siempre trae está por mucho fuera de mis gustos, prefiero hablar con él, y son estos momentos los que él ha aprovechado para hacer comentarios realmente aduladores, cosas que a cualquier mujer le gusta escuchar porque mágicamente la hacen sentir bonita e interesante. Bueno, a mí la verdad esos comentarios me aburren y por mi parte son considerados hasta cierto punto, absurdos y repetitivos.

- Tienes algo que me gusta mucho pero no sé qué es…
Silencio incómodo, subo el volumen al estéreo y hago un comentario acerca de su mala música, nos bajamos a estirar las piernas, dejó mi té helado sobre el auto, nos subimos, olvido mi té, cuando arranca el té cae y pawn, todo el parabrisas está ahora pegajoso, sabe a limón y él sólo atina a decir: Ya sé qué es lo que me gusta de ti.

Entonces pensé, ¿será mi pendejez? Y don Megah me respondió: A huevo, ¿a quién no le gustan bonitas y pendejas?
Nota al margen: don M. contestó porque se lo platiqué por messenger.

¡Sorpresa! No soy ni bonita, ni pendeja.

Otro amigo me comenta, después de ver unas fotografías con un escote muy sugestivo y unos anteojos bastante divertidos que le compraron a la miope de mi hermana: ¡Qué bonitos ojos tienes! Y una, toda necesitada de halagos, agradece el que alguien piense que sus ojos son bonitos, después me puse a analizar las fotografías y le pregunté algo acerca de mis ojos, algo que, por supuesto, no pudo responder. Lo sabía, escote mata mirada, pff. Cuando se vio descubierto por mi astucia y brillantez, quiso disculparse con un: No, amiga, juro que estaba viendo tus ojitos, te ves muy linda, las mujeres con anteojos son lindas, es más, pienso que todas las mujeres deberían ser miopes.

Sí, yo también pienso que callado se defendía más.

Todos deberían ser como Sutanito que, después de varios intentos por conquistar mi corazoncito, terminó diciéndome: Bah, no vuelvo a intentar nada contigo, ¿sabías que eres más difícil que la teoría de la relatividad? Y fue justo en ese momento cuando supe lo que quería, desgraciadamente él lo cumplió y, en efecto, no volvió a intentar nada conmigo, snif.

No llegué a ninguna conclusión porque sigo creyendo que todos son iguales, y los que no, son peores; si alguien encuentra la moraleja de mi post, le agradecería que me lo hiciera saber.

Ah sí, lo único bueno que han hecho por mi es el enseñarme -y no del todo, por cierto- a dominar el difícil arte de comprender su ambiguo mundo, y a su favor sólo puedo decir que se ven tan guapos cuando pagan la cuenta del bar.