jueves, 17 de junio de 2010

Es Alf, volvió... ¡en forma de fichas!

Pues bien, por si no lo notaron, me ausenté bastantes días y sé que quizás no les importe, pero yo quiero contarles, me tomé unas ricas y cortas pero bien merecidas vacaciones. Yay. Vacaciones suena tan nice que no debería usar ese término, pero bueno, qué importa.

He vivido muchísimas cosas en estos días que a ratos me pellizco para cerciorarme de no estar soñando, y ¿adivinen qué? me duele de a madres cada pellizcada que me doy, pero ignoro el dolor porque es señal de que todo es real y eso me hace groseramente feliz. Mucho muy feliz.

Empiezo por contarles que reduje considerablemente mi círculo de amistades, en un momento de histeria total decidí elegir con quiénes quedarme y con quiénes no, fue como ir de compras: tú sí, tú no, tú tampoco, tú ¿quién eres? y así, fue bastante complicado pero al final he quedado encantada con los resultados; me di cuenta quiénes valían realmente la pena y quiénes, bueno, sólo ocupaban un lugar en mi agenda telefónica. Ah, pero de la misma manera en que me deshice de tantas “amistades”, hice otras nuevas y hasta el momento me siento tranquila con las decisiones tomadas que, hasta el momento, todo indica que son las más acertadas que he tomado este año, quizás más adelante los chacras me cobren mi mala acción, quizás no, pero créanme, no siento culpa de nada.

También adquirí un par de hábitos poco comunes, teñí mi cabello, le agarré un pánico impresionante a los puente peatonales (decidí que prefiero morir solamente atropellada que caer de vayan ustedes a saber cuántos metros y al final morir atropellada), aprendí que la gente pendeja e intolerante siempre va a ser pendeja e intolerante, descompuse mi lap (snif), recordé lo bien que se siente brincar en un charco de agua, un niño me adoptó como su "nina", dejé de odiar los paréntesis, dejé de tomar café (y esto, créanme, me costó bastante trabajo), aprendí a contar chistes y, lo más importante de todo, aprendí a decir NO.

Esto último me resultó bastante difícil porque, a pesar de que poseo un egoísmo innato, siempre me preocupo por los demás y eso es algo que terminé odiando. Decidí que, a partir de este momento, mi misión en este mundo sería únicamente preocuparme por mí, empezar a decir lo que pienso y no precisamente lo que quieren escuchar (aplicable también con el verbo “hacer”), así que ahora pasaré más tiempo disfrutando mi vida y menos tiempo buscando cómo solucionarle la de los demás.

En pocas palabras, han sido unos días intensos, llenos de emociones, de muchos abrazos, de muchos besos, de muchos mensajes sin respuesta y otras tantas llamadas perdidas pero, sinceramente, sigo sin arrepentirme de nada.

Por cierto, hay mejores noticias, pero esas van en otro post.

viernes, 4 de junio de 2010

Recuerdos que me provocan alergia

Hoy me dijo mi mamá: ¡Quiero que limpies ese librero, que apenas puede con la mugre que le ponen tu hermana y tú!, con el típico tono de reproche que todas las mamás adquirieron durante nuestra adolescencia. Y como yo soy bien obediente, le respondí: ahorita

Después de un rato de hacerme tonta, empecé a ver de reojo el librero y como que verlo y las palabras de mi mamá retumbando en mi cabeza, me remordieron la conciencia y me levanté dispuesta a quitar el cochinero de encima, limpiarlo y volver a acomodar todo en su lugar, pero en orden.

Me sorprendí de encontrar tantísimas cosas. Imagínense que había unos osos de peluche que, bueno, sí sabía que estaban ahí, pero argh, no recordaba porqué los odiaba. Estaban llenísimos de polvo, tenían polvo en el polvo y yo soy más que alérgica al polvo. Entre estornudo y estornudo, los golpeé contra la ventana imaginando que era el chaparro, es que él me los regaló y hace días me hizo una visita bastante desagradable, así que me desquité con los osos horribles que me regaló y que no sé por qué razón aún los tengo a la vista de mis visitas hasta que ya no les saliera nada más y los volví a acomodar. Hasta eso que era sólo el polvo, quedaron harto bonitos -ya sé por qué no están en la basura-. En este punto queda clarísima la razón de ser del título de este post.

Encontré también un mini ajedrez que no voy a decir quién me lo “regaló”, pero que no recordaba que seguía aquí, en mi librero, entre mi polvo. Estaba bien divertida sacudiéndolo mientras pensaba en devolverlo, hasta que se me ocurrió acomodar los trebejos en su respectivo lugar y descubrí que faltaba un alfil. Como por arte de magia se esfumó la idea de regresarlo a su dueño original, así que, ya limpiecito, lo volví a acomodar.

Después siguió el turno de la cajita musical, que es una cosa de lo más terrible que puedo tener, ya que mi naturaleza siempre me ha indicado que esas son cosas del diablo y debo odiarlas. No me puedo deshacer de ella porque fue un regalo de alguien muy especial, pero la sacudí rápido y la dejé detrás de unas velas para que nadie la pudiera ver nunca jamás, hasta que yo muera.

A la cajita musical le siguió una lámpara-reloj que le regaló a la lil~sis su novio, pero como ella es bien agradecida y le emocionan harto esas cosas, vino y la botó al librero del mal sin haberla usado nunca en su vida. También había trabajos de su escuela, pensé en tirarlos a la basura pero como mi hermana ya me conoce, tenían una notita bien linda que decía: “Si tiras esto, es bajo tu propia responsabilidad. Mi responsabilidad será recuperarlos, aunque para eso tenga que golpearte” -ok, no tan textual pero sí mencionaba la palabra "golpear" y me pareció de lo más agresiva-, así que decidí mejor no arriesgarme y guardarlos todos y cada uno de ellos, hasta sus vergonzosos exámenes. Duh.

Películas, juegos de Wii, alhajeros vacíos -jejeje, larga historia-, más polvo, un álbum de fotos, polvo, mi cartera que tenía extraviada, más polvo, y, para que no digan que no es librero, libros. Todo lo sacudí, quedó tanto bonito que me sentí orgullosa de mi misma y, en seguida, abrí las ventanas para darle la bienvenida al nuevo polvo que se posará sobre mis cosas –y las de mi hermana- hasta que mi madre haga que me vuelva a remorder la conciencia.

Lo único bueno de todo, es que encontré un anillo de plata con brillantitos que forman un corazón y que tenía perdido, me alegró mucho haberlo encontrado ya que tiene un valor sentimental muy importante para mí; lo malo es que cuando me lo puse me di cuenta que mis manos habían quedado horriblemente feas y maltratadas. Ya sé por qué ese librero se ve decente sólo una vez cada seis meses. Snif.

martes, 1 de junio de 2010

Conspiración cósmica

Siempre he sido una fiel creyente del karma. Me gusta culparlo de todo lo malo que me pasa y, en algunas ocasiones, deseo que se dé prisa por poner orden en el universo en cuanto a ciertas personas se refiere. Hoy me di cuenta de que no soy tan mala persona.

Tengo un conocido que hizo que mi vida sufriera una serie de eventos bastante desafortunados hace ya algunos meses, y desde entonces me dediqué a pedirle al karma, de la manera más atenta, que se lo hiciera pagar al doble y lo más rápido posible. Jamás mis ojitos vieron eso en los meses subsecuentes. Seguí en contacto con esa persona por azares del destino y, desde mi perspectiva, le iba bastante bien, cosa que me provocaba cierto malestar por pensar que el universo sólo sabía conspirar en mi contra y que a él jamás le haría pagar por lo que me hizo, entonces empecé a creer que era bastante aplicable y cierto el típico: a la gente mala, le va bien.

Pues no, resulta que eso lo pensé durante mucho tiempo pero no es así. El karma es la cosa más maravillosa que pudiera existir, trabaja de una forma tan misteriosa que qué bárbaro, nos deja sin palabras y, créanme, es lento pero seguro. Pero como les decía, no soy una persona con malos sentimientos, ni soy capaz de cometer malas acciones, es más, ni regocijarme de las merecidas desgracias ajenas me sale bien.

El karma o lo que sea que se encargue de poner orden cósmico en el mundo, hoy le está cobrando a este tipo lo que me hizo. Fui testigo de una escena bastante desagradable, por un momento amé ver su rostro desencajado, amé verlo rogarme con la mirada que le dijera qué hacer y yo sólo me limité a responderle con un ademán de indiferencia, pero cuando se fue mis manos empezaron a temblar y sentí un vacío en el pecho. Cosa bastante extraña en mí, ya que estuve presente cuando por fin le estaban pasando factura con todo y propina, ¿y yo? bien gracias, con tremendo sentimiento de culpa por andar deseando cosas “malas”. No me podía contener y entonces corrí con mi mamá a preguntarle por qué me estaba afectando de una manera tan bizarra lo que le pudiera pasar a él, o a su vida. Sus palabras fueron pocas pero bien sustanciosas:

- Porque tú no eres como él.

Caray, ¿ahora resulta que yo debo ayudar a los que en algún momento de sus vidas fueron los culpables de todas mis desgracias? Pues sí, parece ser que así es. Tomé el teléfono e hice una llamada tan express como satisfactoria. Creo que lo satisfactorio sólo aplicó en mí, pero bueno, esa era la intención principal.

Le di un par de consejos -patrocinados por mi madre, por supuesto- y le ofrecí mi apoyo in-con-di-cio-nal que, obvio, no se merecía pero que se lo ofrecí ¿por qué? porque yo sí soy una buena persona. Duh.

Mi madre siempre dice que hagamos las cosas sin esperar nada a cambio, y a mí de verdad me resultó bastante difícil olvidarme por un momento de muchas cosas por las que tuve que pasar gracias al infeliz que estaba enfrentándose a la mirada acusadora del señor karma en esos momentos.

Cuando colgué, me sentí bastante bien, tanto que me dí el lujo de odiarme por ser tan susceptible y permitir que me afecten de tal manera los problemas de los demás, sobre todo cuando entre “los demás” se encuentran personas que, según mi valiosa opinión, no se merecen una sola palabra de aliento.

Por si se lo preguntan, lo que le pasa al tipo no es algo tan grave pero sí algo que le afecta de manera directa –bastante directa, diría yo-. Siempre he dicho que todo tiene arreglo, incluso hay veces que la solución es tan obvia que pasa inadvertida para quienes la buscan desesperadamente, yo ya sé cuál es la de él, sólo que eso de solucionar vidas ajenas ya no se me da. Ah, y hasta el momento desconozco en qué habrá terminado su drama; ojalá por lo menos tenga la decencia de hacerme saber qué pasó, y no porque me importe, pero chisme es chisme. Ni modo, así son estas cosas de la vida

Karma, por favor a la próxima haz tu trabajo lejos de mí.