domingo, 11 de julio de 2010

En una relación abierta

En estos tiempos de comidas rápidas, avances tenológicos y redes sociales se usan con mucha frecuencia este tipo de relaciones (Facebook al servicio de la comunidad) que, a mi parecer, no traen muchas cosas buenas que digamos; hasta cierto punto lo digo por experiencia propia (así es, la miss tenía una relación abierta con un tipo que, hasta el momento, no se sabe qué pasó con él), pero también lo digo porque tengo una muy buena amiga que sostenía una relación similar. Algo que siempre he admirado de ella es que es una chava que, aparentemente, piensa única y realmente con la cabeza, las corazonadas y sentimentalismos no le van, cosa que yo jamás he podido llevar a cabo al menos al 100%. Aquí encaja a la perfección el típico “las cosas no siempre son lo que parecen”.

Pues bien, en mi caso fue algo súper light (aunque a veces pienso que si trascendió más de lo debido), el fulanito y yo salíamos de vez en cuando, nos divertíamos, hablábamos de todo y de nada, compartíamos amistades y, una que otra vez, gustos medio bizarros por algún género musical en especial, aparte de otras cosas. Estuvimos saliendo algunos meses y a pesar de no visualizarnos juntos en un futuro (tema prohibido), los lazos empezaron a estrecharse cada día un poco más, y es que la convivencia juega un papel muy importante en toda relación de la índole que sea, hasta que me enfadó. Aquí admito que soy de la idea de que todas las personas somos desechables, quizás no irremplazables pero tampoco indispensables; al principio me resultó un poco difícil ya que estar con él era como un círculo vicioso, no había sentimientos involucrados pero sí mucha costumbre, y ese, créanme, es un lazo bastante difícil de romper, pero lo superé. Él seguramente me encontró sucesora en un par de días, siempre tuve presente su notable gusto por las mujeres y su exquisita manera de conquistarlas. Ahora que lo pienso, esto último pudo haber sido un factor importante en el aburrimiento y desinterés que me provocó esa “relación”, pff.

Hasta aquí, todo está bien pero, ¿y mi amiga? Bueno, como ya mencioné ella siempre se ha caracterizado por ser fuerte (en casi todos y cada uno de los aspectos de su vida), por no permitir que cosas tan insignificantes la hagan caer, era bastante gracioso ver cómo intercambiabámos consejos para nuestras respectivas relaciones, yo siempre fui la indecisa, la que no sabía si hacía bien o mal, la que no sabía si quería algo bien o simplemente pasar un rato agradable; ella era la fría, la calculadora. Sabía (o al menos creía saber) que no quería una relación estable con el tipo en cuestión; ella es más del tipo “egoísta” y esto no lo digo con el afán de ofender, más bien me refiero a que su tiempo libre era para ella y, redundantemente, era libre de elegir con quién compartirlo y con quién no, lo cual resulta ser un arma de doble filo.

Cuando yo di por terminada la relación que tenía, ella se encontraba en standby con la suya, se habían alejado por culpa de la pésima aplicación un mal consejo (que vayan ustedes a saber quién lo habrá dado, ¡je!). A los días yo comencé a salir de manera un poco formal, se podría decir, con mi actual novio y ella me cuestionaba sorprendida: ¡¿Cómo puedes dejar a alguien y salir con otra persona en menos de una semana sin sentir el menor remordimiento?! Tú no eras así. Lo sé, ahora soy de lo peor, pero justificando un poco mis actitudes debo decirles que ya me había cansado de no tener nada, porque en una relación abierta no se tiene realmente nada, emocionalmente hablando. Con argumentos tan convincentes (cof, cof), a mi amiga no le quedó de otra mas que aceptar mi nueva decisión y aprobar mi, ni tan nueva, adquisición.

Días después esta chica y su galán reafirmaron mi teoría de lo caóticas que pueden resultar este tipo de relaciones: al no haber un “contrato” de por medio, ambas partes pueden hacer de su vida un papalote, pueden ir con sus amigos de fiesta/antro sin dar la mas mínima explicación, son totalmente libres de administrar su tiempo y actividades como mejor les parezca, y si esa mala administración no nos incluye, bueno, ya ni para qué llorar; no hay nada más patético que pedir una explicación ante tantas obviedades. Así es, mi amiga descubrió que el infeliz salía con otra, y fue en ese preciso momento cuando ella se dio cuenta que, para su mala suerte, ya había involucrado sentimientos… ah, y que después de todo no era tan fría como creía.

Eso no le quita validez a sus palabras, así como tampoco le resta culpabilidad al fulanito, es sólo que ese tipo de relaciones no se hicieron para cualquiera, uno no es dueño de sus sentimientos, sólo de sus pensamientos, y estos a su vez son tan independientes que a veces hasta dan miedo. Mi amiga se encuentra actualmente en un proceso de desintoxicación bastante curioso y exprés, pasó por cada etapa de dolo tan rápido que sólo tuve tiempo de decirle “mándalo al carajo, no vale la pena”, y al parecer tomó con mucha seriedad mis palabras.
Y bueno, así fue como recuperé mi don como consejera.

Por cierto, no quise decir que las relaciones abiertas o free sean malos, no, de hecho son una manera poco ortodoxa de tener un poco de compañía condicional, de sentirnos bien momentáneamente y de conocer un poco a las personas. He sabido de quienes empiezan así y terminan en un registro civil firmando un acta de matrimonio, y no precisamente como testigos. En lo personal, no volvería a vivir la experiencia, así como tiene sus muy, muy, muy buenos momentos, también tiene unos no tan buenos y tan estresantes que no provocan otra cosa mas que desgastes emocionales y terribles dolores de cabeza.

En fin, este post no tiene coherencia alguna, incluso no encuentro una razón lógica por la cual deba existir, es sólo el resultado de tener tantas ideas inconexas y muchísimas ganas de escribir, para que luego no digan que una los tiene en las abandonancias totales.

miércoles, 7 de julio de 2010

Un post que no necesita título

,Siempre he tenido la vaga idea de que una tiende a engordar cada que tiene novio, ya que siempre hay un pretexto para estar comiendo. Si vamos al cine, es seguro que salgamos con una caja de palomitas en la panza, con su respectivo refresco y, en lo personal, me he vuelto adicta a las crepas que venden ahí (ya sé, su origen es bastante desconfiable y mi sentido del gusto no es del todo selectivo últimamente)

Que si vamos a desayunar, a comer o a cenar. Viernes de sushi con los compañeros de trabajo, Sábado cena con los amigos y el Domingo una comida en casa de la abuela. A eso súmenle que una se toma sus drinks: si es cerveza, la levadura engorda; si es vodka, a menos que sean unos briagos de lo peor y se lo tomen como agua no hay problema, pero en mi caso que soy bien niña y me lo tomo con su respectivo jugo de piña o arándano, sí hay, ya que son al menos 250 calorías las que se involucran por cada bebida, snif.

Siempre hay algo qué hacer y algo que comer, “actividades” que, por supuesto, nos roban todo nuestro valioso tiempo, lo cual nos impide ejercitarnos adecuadamente (me he vuelto buenísima en el tema de los pretextos baratos, je) y entonces sucede lo que tiene que suceder: la ropa empieza a ajustarse un poco y la báscula se convierte en un trauma bastante difícil de superar.

Esto, queridos lectores, es lo que últimamente me pasa. Oh sí, la miss ya tiene quién le jale las orejas, quién la mime y quién la engorde (aunque en realidad bajé algunos kilos, pero aún así siento que estoy a punto de reventar :S); Es por eso que ya no me ven tanto por estos rumbos (novio, vagancias, familia, amigos, perro vaca), aunque bueno, la realidad es que también tiene mucho que ver el hecho de que esté sin lap (la que gracias al karma descompuse y que, por decidía, no he llevado a que arreglen), así es que por el momento dependo de la generosidad de la lil~sis que es quien me presta la suya para medio revisar mi correo, medio estar de mitotera en el Facebook (estúpida adicción) y, ahorita, medio escribir un post.

Habiéndoles contado de mi “nuevo” romance y de los kilos que próximamente me hará subir, me retiro a mis aposentos (créanme, escribir a las cuatro de la madrugada, cuando una debería estar dormida, no es nada saludable). Ya no prometo andar seguido por aquí porque no sé hasta cuando la flojera desaloje mi cuerpecito y me permita ir a exigir que hagan válida la garantía de mi lap. Amén.
(Últimamente también me he vuelto buenísima con las despedidas, btw).