martes, 12 de octubre de 2010

De fotografías y desastres capilares

¡Pero qué tristeza, caray! Resulta que me encontré unas fotografías que tienen aproximadamente tres años, lo cual, si las matemáticas no nos fallan, son de cuando yo tenía veinte añitos. A veces no lo notamos, pero cómo cambiamos, así sin darnos cuenta ya subimos o bajamos algunos kilos (en mi caso, subí un par –cof, cof!-), cambiamos nuestro cabello (extraño mi cabello largo, negro y sin peinar), cambian nuestras expresiones (juro que hace tres años todavía se me veía inocencia en mis ojitos) y bueno, así podría estar todo el día diciendo lo mucho que he cambiado físicamente.

Me he encontrado con gente que no veía hace meses, o incluso años, y juran que me veo igualita, algunos más venenosos y osados se han atrevido a decirme “pero qué gordita estás”, gesto que agradezco amablemente con una sonrisa y una pintada de dedo mental. Es de muy mal gusto que le recuerden a uno la existencia de las dietas, lo digo enserio.

Hace tres años no tenía ojeras, o al menos sabía cómo disimularlas mejor que ahora. No tenía tanto cachete como hoy, mis pómulos eran como dos manzanas pequeñas, ahora son un par de grandes, sabrosas y jugosas manzanas. Ya entiendo el afán de Ed por morder mis mejillas. Momento, la acosadora que muerde las mejillas de Ed soy yo, ¡Oh-pol-Dios!

Hace tres años tenía el cabello tan largo como quería, justo como para no peinarlo y nadie me decía nada, a excepción de mi madre, que siempre anda detrás de mí con un peine.

Hablando de peinar, les digo que es algo que ya superé. Ahora sé que, aunque lo deteste y me duela la cabeza, lo tengo que hacer, ya saben, la sociedad se ha vuelto muy exigente y poco tolerante con las personas que no solíamos peinar nuestro cabello, pff. Tanto superé mi fobia hacia el peine, que el Sábado estaba alaciando mi cabello con la secadora, fue horrible, porque de repente me llegó un olor bastante penetrante y particular, después escuché un grito entre risas ahogadas de la lil~sis avisándome que se me estaba quemando el cabello, al instante sentí la cabeza caliente y, bueno, lo demás es una triste historia. Aunque, bueno, a pesar de que fue bastante lo que se quemó, no se nota mucho que digamos, y con eso me basta para ser feliz. Porque, oh sí, mi cabello es algo sumamente importante en mi vida, y no se diga más.

En fin, por hoy dejo la nostalgia de mis antiguas fotografías y el triste recuerdo de mi cabello quemado. Prometo que mi próxima visita por estos rumbos será un poco menos sosa. O al menos lo intentaré.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Untitled

Hace un momento estaba tirada en mi cama disfrutando de la gripe, cortesía del señor Otoño y sus cambios climáticos, hasta que recordé que tengo un blog y me dije: Bien, es hora de que lo retomes. Y, ¡taran! Heme aquí.

Octubre es un mes muy bizarro para mí, de un tiempo para acá lo único que me emociona de este mes es el último día de los treinta y uno que lo componen, esto por dos cosas: uno, porque es, como ya lo mencioné, el último día y dos, porque es Halloween, y a mí me emociona mucho el Halloween y sus respectivas fiestas de disfraces. Ok, esto no es importante, supongo que lo que mueren por saber es por qué me he desaparecido tanto de estos suburbios, y la razón es mucho muy simple, digamos que pasé por un bloqueo bastante extenso, durante el cual venían muchas ideas a mí pero por más que me sentaba a tratar de escribir algo, no podía, tengo mil ocho mil borradores y de todos no se hace uno, eso es muy frustrante para mí, créanme, es desesperante querer hacer algo y simplemente no poder, intenté escribir una bella tarde lluviosa y no pude, luego quise quejarme de lo difícil que es a veces la vida y justo a la mitad recibí una llamada que me hizo ver que todo lo que había escrito era basura.

En fin, esas son sólo dos de las muchas veces que he intentado venir a dar señales de vida. Digo, si yo fuera ustedes, ya me habría dado por muerta, me hubiera imaginado secuestrada por algún cártel, o tirada en una brecha sin signos vitales, o bueno, para no ser tan drásticos, mínimo me hubiera imaginado casada y con dos hijos. ¡Fail! No, no creo haberme ausentado por tanto tiempo. Ahora, que por fin tuve tiempo y que, gracias a los virus que circulan lentamente por mi organismo, mi bloqueo disminuyo, no les prometo venir diario a escribir algo, pero sí prometo mínimo visitar sus blogs, para que al menos se acuerden que aún existo y que no anden imaginando cosas tan feas, aparte de que eso de los secuestros ya no son la onda, ahora la moda son los suicidios.

Hablando de suicidios, hoy en la mañana que iba saliendo de mi casa, vi que el novio/esposo de mi vecina se subía a un taxi, como yo no soy nada metiche y, eso sí, bien fina para saludar, le dije: Weeeep, ¿a dónde? Y como ni caso me hizo, me indigné y seguí mi camino. De regreso me topé con mi vecina, me saludó y le apliqué la misma que su novio/esposo, pero como ella es igual de chismosa que yo, me dice: bueno, quería platicarte algo pero si no tienes tiempo… ni modo. Así que me detuve y me regresé, esto fue porque la escuché muy afligida y en verdad me preocupa mucho la salud emocional de mis vecinos, imagínense, si una no está al tanto de los muchos desgastes emocionales que sufren, ¿luego quién me abrirá la puerta cuando vaya a pedirles una tacita de azúcar?. Total que me regresé y me platica que su novio/esposo no me contestó el saludo porque iba sumamente triste porque le llegó la mala noticia de que un muy buen amigo de él se suicidó. Así, sin más, tomó unas vendas, ató un extremo a vayan ustedes a saber dónde, otro al cuello y zas, adiós mundo cruel.

En las últimas dos semanas me he enterado al menos de tres personas que terminan así con su vida, con cartita de despedida y todo ese rollo, y aunque suene a burla (que juro que no lo es) yo siempre he admirado mucho a las personas que tienen el valor de quitarse la vida, de la manera que sea, se necesita de mucho para hacerlo, por otro lado me provoca mucha nostalgia porque las tres personas que les digo que lo han hecho, han sido muy jóvenes, incluso más que yo (porque aunque ustedes no lo crean, soy una persona excesivamente joven, y ni hablar de lo bella), que tienen toda una vida por delante, que se supone que están compuestos más por sueños que por desgracias, pero bueno, como diría mi abuelita: nadie sabe lo que contiene el saco, sólo quien lo carga. O algo así.

Justo en este momento me pregunto, ¿qué puede ser tan complicado o desgastante como para que ese “algo” te orille a tomar una decisión de esa magnitud? Porque por más vueltas que le doy al asunto, es algo que yo jamás podría siquiera concebir en la cabeza, y miren que se los dice una persona que no está del todo completa.

*suspiros*
Esto me recordó una anécdota que mi mamá siempre platica para avergonzarme enfrente de mis amigos y que, por cierto, ya le platicó a Ed, mi novio. Dice que cuando estaba más pequeña (al menos de estatura, cof, cof) me mandó a lavar los trastes, cosa que hasta la fecha odio, y que me puse a llorar y hacer mil y un berrinches y que le digo: no, no quiero lavar los trastes, me voy a suicidar. Y ella, como la madre comprensiva que siempre ha sido, me responde: Pues primero lavas los trastes y después te matas. Obvio ese no era el plan, así que rechacé la "contra oferta" cortésmente entre lágrimas amargas la oferta con un: No, ¿ya para qué? Siempre que la platica me pongo roja, y a mi favor puedo decir que no me acuerdo de eso, así que si no me acuerdo no pasó. Fin.

Era obvio que no me iba a suicidar por eso, además a mi edad, lo más que me ponía a lavar eran los cuchillos de mesa y con esos creo que lo único que podía hacer, además de cortar bistec, era raspar un poco mis muñecas y después andar de llorona porque seguramente me iba a doler mucho. Fuera de eso, creo que nunca más ha pasado por mi mente quitarme la vida, además sería egoísta de mi parte por no pensar en los demás, en las consecuencias que podría traerles a corto o largo plazo a mi familia, a mis amigos, incluso a mí misma. Nada más de imaginar todo lo que dejaría, caray, me inunda un pánico industrial.

En fin, dejemos las cosas tristes y vamos a las no tan tristes. Al principio del post mencioné que odio Octubre, o no que lo odio, pero no me gusta, es muy incómodo para mí y esto se debe a que los últimos años, justo en este mes, me han ocurrido una serie de eventos bastante desafortunados que no voy a mencionar porque, primero que nada, ya se alargó demasiado el post, y aparte dicen las malas lenguas que recordar es vivir y, créanme, es algo que no me gustaría volver a vivir, ni en flashback. Apenas es cinco de Octubre, así que esperemos que este año se porte decente conmigo este señor, porque es definitivo, si vuelve a ocurrirme algo malo en los próximos veintiséis días, lo borro para siempre de mi calendario. He dicho.

Y como ya se alargó demasiado esto y se suponía que sería un post bien cortito para informarles que estoy bien, me voy. Espero andar más seguido por acá, ya no lo prometo porque las promesas que no se cumplen apestan, así que sólo espero poder, lo demás se lo dejaremos al tiempo.